domingo, 30 de mayo de 2010

Reflexiones trasnochadas acerca del Bicentenario

"El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza." Parece que el sentido de esta frase se hizo eco en el mencionado Correa cuando dijo: “quitándonos la alegría nos quitan la motivación, el autoestima”. Así también se expresó la cantante Soledad cuando se refirió a la alegría merecida del pueblo y Fito Paéz cuando celebró que los argentinos saliéramos a las calles y volviéramos a “pertenecer”. La trayectoria del reencuentro ha sido difícil, pero quizá hoy caemos en la cuenta de que, junto a nuestros bienes materiales, las crudas huellas de la historia que zanjaron nuestras identidades por el accionar de administraciones políticas, imperios económicos y financieros, represiones físicas y simbólicas e injusticias, nos fueron privando progresiva y brutalmente de los bienes más preciados para la lucha de un pueblo: la esperanza y la alegría.[Image] Hay quienes en la óptica puramente instrumentalista de la política se niegan a reconocer las matrices simbólicas, las sensibilidades de las luchas, esperanzas y sueños que componen lo humano. Hay quienes piensan que la felicidad es un subproducto de las conquistas materiales y la mejor distribución que debe hacer la política y consideran como forma macabra de manipulación (el “populismo” en su concepción peyorativa) de un Gobierno si éste le brinda al pueblo algo parecido al goce de la alegría. Yo creo, al contrario, que la alegría debe ser parte constitutiva de la lucha, que no puede asociarse tan sólo a la obtención de la conquista, pues para conquistar el objeto de la lucha la alegría actua como plataforma, como fuerza que impulsa y, sin la cual la realidad nos aprisiona cual mortaja. Quienes estuvieron lejos de estas matrices sensibles, simbólicas y del sentimiento que envolvieron al gran protagonista indiscutido que fue el pueblo, fueron sin duda ciertos escritores-periodistas legimitados por el sistema mediático. Son casos caricaturescos, pero que con sus discursos llegan a construír un emisor por el que es fácil sentir pena. Hay algo en ellos que no les ha permitido entender nada y, aún así, tuvieron la osadía de escribir sobre el festejo. Uno puede comprender el shock que este acontecimiento les provocó, pero no tuvieron el decoro de abstenerse del absurdo de tales papelones. Quizá sea que ellos mismos están ajenos a la densidad del sentir de ese pueblo y también, evidentemente, de la alegría. La lamentable columna de Pepe Eliaschev, en Pefil, titulada Patriotismo deja al descubierto la necesidad imperiosa de nuevas voces (o de que algunos periodistas se jubilen, aunque si de refutarlo se trata “para muestra basta un botón”). Al leerlo tuve la impresión de encontrarme ante aquella imágen del antiperonista rabioso escandalizado por la presencia en las calles del “aluvión zoológico” peronista que conquistaba densidad política. Veamos qué dijo. “Lejos de la pompa acosadora, mutantes y buscas patrullan con displicencia la “Ciudad Bicentenarizada”. El estruendo hiriente que envuelve al Centro suscita la respuesta despreciativa de un sarcasmo sordo. Las gentes van y vienen, rodeadas de un pronunciado aire de ajenidad. Los fastos encarados a alto costo para celebrar los famosos doscientos años del país no los afectan, ni tampoco interpelan. En varios sentidos, las muchedumbres porteñas miran de reojo y con fastidio el desparramo en una ciudad colapsada por preparativos de gruesa teatralidad[...] Ruidosos, beligerantes, invasivos, los bondis marchan a paso de hombre, paragolpe contra paragolpe. Nadie entiende por qué, ni para qué tamaño desbarajuste, pero por todas partes un patrioterismo banderillero y desfachatado pretende justificar el desorden, como si esta gestualidad callejera tan desaforada fuese equivalente a la exaltación de nobles ideas nacionales. Esas gentes caminan a mi lado, rozan o chocan sus cuerpos, enajenados y miran sin ver nada. Habitan este tablado nacional de fines de la segunda centuria. ¿Estamos molestos? Claro que sí[...] Sentadas en cuclillas, a la manera andina, personas ataviadas como indígenas del Altiplano venden objetos, supuestamente artesanales, exhibidos en sus mantas en la esquina, supuestamente peatonal, de Avenida de Mayo y Perú. Para acentuar su apariencia de habitantes legítimamente originarios, beben mate y fuman unas imponentes pipas, junto a la legendaria confitería London eternizada por Julio Cortázar en Los premios, sitio otrora encantado en apasionantes tiempos ya idos. “
Pobre Pepe, la masividad de gente alegre por las calles festejando la cultura popular en nuestros 200 años argentinos es mucho para su refinado y elitista gusto por el “orden”. Otro que no entendió nada (otra vez) fue Alfredo Leuco en el mismo diario Perfil. Respiro profundo, ahí voy.
“Nadie debe sorprenderse. El Bicentenario, en lugar de convertirse en un símbolo de unidad y cohesión nacional, va a expresar como nunca desde 1983 la fractura expuesta de una sociedad envenenada por el odio. Perón sentenció que el año 2000 nos iba a encontrar unidos o dominados. Unidos no estamos salvo en la intención de ver caído al otro, al que piensa distinto y transita por la otra vereda. El principal responsable de esta tragedia que va a costar años suturar es a todas luces Néstor Kirchner “ Y para no ser menos, otro columnista de Perfil (medio que en mi arbitraria elección se lleva todos los premios al descaro), Enrique Zsewach sentencia “el fracaso del Bicentenario”: “Los cien años que median entre el primero y el segundo centenario de la Revolución de Mayo no han sido los mejores para la Argentina. “
Ante este tipo de discursos, debo reconocer que los grandes medios audiovisuales que nos tienen acostumbrados a “todo negativo” tuvieron que reconocer el éxito de la masiva e inesperada convocatoria, símbolo de una interpelación real del acontecimiento, interpelación que puede hablarnos de diferentes motivos y experiencias que atravesaron a cada concurrente, pero que fue efectiva en su rol cohesionador que estallaba en cada canción popular y en el himno nacional. Más allá de hacer lo posible para empalidecer el acontecimiento, su devenir les hizo torcer el rumbo y, con sonrisas y ánimos más o menos impostados, tuvieron que hacerse cargo del discurso de la multitudinaria y plural fiesta. Por los pasillos del apocalipsis siguen circulando los descarriados, aunque aparenten bajar los desiveles. La misma Carrió en declaraciones recientes reconoció la fiesta multitudinaria y felicitó al Gobierno, pero el bocadillo de considerar que en épocas de crísis hay mayor movilización desemboca en lo que creo una comparación desgraciada y por demás errada. Mientras los efectos de la crisis mundial está desmembrando a los países de Europa y Estados Unidos con diferentes grados de convulsión, Argentina festeja, en un clima de fraternidad y movilidad social para muchas capas del conurbano que asistieron, el Bicentenario argentino con una puesta histórico-simbólica que pocos podrán olvidar. Pero en algo hay que darle la razón a Carrió: estamos en crisis, pero es una crisis de los relatos, un cuestionamiento del estado de cosas existentes, de los paradigmas reinantes e incuestionados. El mediatizado empresario devenido figura de la videopolítica, Francisco De Narváez, en medio de sus movimientos para conseguir una candidatura presidencial que encuentra su obstáculo en su procedencia colombiana, se dice y desdice acerca de esta fiesta popular. En la reapertura del Colón declaró que no le gusta, pero la evidencia de los hechos hizo que el viento no soplara a su favor y negó rotundamente esos dichos días después con otro periodista. Otras figuras de la política y del periodismo seguirán sacándonos canas verdes en su afán de capitalizar el significado de las presuntas consecuencias de este acontecimiento; pero, como dijo en el editorial de su programa radial de hoy Eduardo Aliverti, nunca se preguntarán por sus causas. Magdalena Ruíz Guiñazú y otros seguirán pensando que el pueblo masivamente reunido en las calles “habló” y le dió “una señal” al gobierno (las señales del pueblo no las sé, las de Magdalena sí, quizá ella lo tenga más en claro porque en su recurrente “crispación” se eleva como intérprete de la opinión pública). Queda todo por hacer en este Bicentenario. Uno de los principales retos es sobrevivir día a día escapando del laberíntico precipicio en que nos sumergen los discursos mediáticos y mediatizados de la “crispación”, de los jinetes que buscan cortar la cabeza a la práctica política y pretenden hacerla ajena a la gente, separando política de construcción de ciudadanía. Flota en el aire desde ya hace mucho tiempo un discurso evanescente que propicia el desprecio por la política y la desmovilización (como periodo más significativo conviene mencionar de la última dictadura a nuestros días). Y es que si algo no se puede soslayar es el hecho de que la política es el conjunto de prácticas y decisiones transformadoras que atraviesan nuestras vidas con todas sus consecuencias positivas y negativas, pero las vidas de todos, sin dejar a nadie fuera. Política muchas veces subsumida a un área semántica de desprestigio por todos aquellos que trocaron la política para hacer proliferar la mentalidad de gestores y administradores, más típicos a la conducción de empresas que aptos para dirigir los destinos libres y soberanos de un país. Y es que esta historia la conocemos, la trama del neoliberalismo fue convertir el Estado en una empresa que vomitaba dominados y desocupados en nombre del capital. La política desnuda de todos sus ropajes épicos, libertarios, democráticos, de trabajo por la igualdad y la distribución de bienes materiales, culturales y simbólicos para un país más equitativo.
Muchos no estarán de acuerdo, pero el periodo abierto en 2003 nos hace partícipes de un nuevo interés por la política que ha recuperado esos ropajes, que ha sabido interpelar, con todas sus contradicciones, a muchos jóvenes y reconquistar a los mayores que habían vivido los procesos políticos que los llevaron a una montaña rusa en donde pasaron de la efervescencia política social de las luchas épicas de los años peronistas y los 60-70, al vertiginoso descenso a los años de proscripción, represión, falta de libertad, dictadura y crímenes de Estado, con toda la desilusión y desencanto que albergó en sus corazones.
Y es por eso que me atrevo a decir y aseverar que las marcas de un proceso político quedan inscriptas en la masa del pueblo que las celebra o las padece. Y en ese sentido, no puedo dejar de indicar una observación que hoy me costó varias críticas entre quienes no quieren mezclar “expresión del pueblo” y política (“cosa sucia”, divisionista, corrupta según el imaginario forjado por los “gestores de la eficacia de mercado “ y algunos malos políticos que le dieron mala fama a la única práctica_la política_que nos permite la transformación en democracia) Entre los cientos de miles de concurrentes a la fiesta del Bicentenario, advertimos con mi amiga la presencia de mucha gente proveniente del conurbano e interior. Las imágenes de los chicos de esas familias, tan bien vestidos, disfrutando de alguna comida y alegres me hizo pensar si allí no estaba actuando la asignación universal por hijo con que el Gobierno benefició a más de tres millones de niños. ¿Por qué no podría pensarlo, si esta misma medida aumentó un 25% la matrícula de las escuelas públicas y permitió bajar los niveles de indigencia? ¿Acaso es tan descabellado o una mezcla sin sentido relacionar la posibilidad familiar de la llegada a capital de mucha gente del conurbano y el interior, ocupando un espacio tradicionalmente porteño y refinado para ver un espectáculo de cultura popular, con las medidas específicas de un gobierno específico que posibilitó el desenvolvimiento de tal fiesta y el acceso gratituito a ella? ¿Es tan irracional relacionar la posibilidad de este encuentro maravilloso con una coyuntura política específica? ¿Esto se hubiera podido hacer en las condiciones en que se dió, con la talla y calidad estética en que se realizó, con la alegría con que se manifestó, con la libertad de opinión y pensamiento en que se desarrolló en gobiernos como los de Videla, Ménem, De La Rúa, Duhalde con los diversos contextos de derrumbe social, económico, cultural y político con que se caracterizaron? Yo, como muchos, no fui al Bicentenario como una tabla rasa, desprovista de premisas, de creencias, de ideales, de conceptos, de visiones de mundo. Más allá de la característica aglutinadora del festejo, de nuestra patria común, nadie puede dejar su visión de mundo o su bandera política en el cajón y partir al Bicentenario. Éste es un acontecimiento profundamente político, de disputas encontradas por rumbos de país, con discusiones acerca de los incluídos y los excluidos, de los modelos económicos, las relaciones con el exterior, la definición de lo que entra o no entra en el concepto de “cultura”, “arte”, “ser argentino”. Esas mismas disputas y los ideales incumplidos de los hombres de mayo de 1810, así como los que murieron a lo largo de la historia por sus justos ideales y por estar junto a los oprimidos, pasando inevitablemente por el recuerdo desgarrador pero vivo de muchos compañeros detenidos-desaparecidos y las víctimas de todo tipo de injusticias y violaciones, son las disputas que hoy se renuevan y vitalizan, que cobran otro color a la luz de nuevos contextos y que necesitan de nuestra vocación y acompañamiento para convertir en verdades todas las independencias que nos faltan.
Miles de los que vibramos sintiéndonos pueblo somos concientes de que lo que se juega en estas épocas son determinados proyectos de país. Y muchos ya vislumbramos el camino a seguir, pese a la opacidad de ciertos procesos y la obviedad impune e insoportable de tantas injusticias

martes, 18 de mayo de 2010

Un año sin vos, mi querido maestro


Incitación

En el muro quedaron los tatuajes del juego,
el tiempo me conmina pero no me doblego,
siento a pesar de todo brutal desasosiego
y el código de agobios lo dejo para luego.

Antes de que el crepúsculo en noche se convierta,
y se duerma la calle y se entorne la puerta
a solas con mi pobre madurez inexperta,
quiero que mi demanda se encuentre con tu oferta.

No es bueno que la astucia me busque a la deriva
como si el amor fuera sólo una tentativa
y ya que ahora asombras a mi alma votiva,
confío en que asombrado tu cuerpo me reciba.

Nos consta que el presente es breve y es impuro,,
pero cuando los torsos celebren su conjuro
y llamen nuestros ojos cual brasas en lo oscuro,
sólo entonces sabremos cómo será el futuro.

Aspiro a que tu suerte de nuevo me rescate
del frío y de la sombra..... del tedio y el combate,
la gloria nos espera sola en su escaparate
mientras tú y yo probamos la sal y el disparate.

Sola en su desafío nos espera la gloria
y con su habilidad veterana y suasoria
entre nosotros borra la línea divisoria
y nuestros pies se buscan para empezar la historia.


MARIO BENEDETTI

jueves, 13 de mayo de 2010

Fragmentos entre la luz y la bruma


Los románticos del siglo XIX adoraron la noche como metáfora que se contraponía a las luces del iluminismo que reducían al hombre según el eje de la pura razón. El sueño, la pesadilla, el instinto, la fantasía, la oscuridad, las pasiones, la imaginación formaban parte de los excluídos por el movimiento de la razón.
El romanticismo, como crítica a esa corriente que matematizaba el mundo, opuso un cristal diferente a través del cual poder ver el universo devolviéndole la magia y el misterio que la razón, en su pretensión de conocimiento, cuantificación y manipulación de todo lo que existe, le había quitado desencantando así a la naturaleza.
Novalis, un poeta alemán del romanticismo, escribió los Himnos a la Noche y expresó:

"Hay algún ser viviente, dotado de sentidos, que ante las manifestaciones maravillosas del espacio anchamente desplegado en torno suyo, no ame a la regocijante luz, con sus colores, sus rayos y sus ondas, y a su tierna omnipresencia: el día dispersador del despertar?[...] Pero yo me vuelvo hacia la Noche sagrada, la inefable, la misteriosa Noche. Solitario, desierto está el lugar del mundo, que yace lejos, lejos, en profunda sima sepultado. La más honda melancolía toca las cuerdas del corazón. ¡Caer quisiera en gotas de rocío y mezclarme a la ceniza!. En pálidas vestiduras surgen sueños de la infancia, anhelos de la juventud, lejanías del recuerdo, de toda una larga vida la inútil esperanza y los breves goces, como bruma crepuscular tras la puesta del sol.[...] ¡Ah! ¡Los ojos innumerables que la Noche abrío en nosotros nos parecen más celestiales que todas las brillantes estrellas! Ellos ven más allá todavía de esas pálidas legiones infinitas. Sin necesidad de la luz, su mirada atraviesa las profundidades de un alma amante, colmado de voluptuosidad indecible las supremas alturas del espacio"

En el siglo XVIII, Rousseau ya advertía algunas de las falencias de la corriente ilustrada. En su Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres postulaba la distinción entre estado de naturaleza y sociedad civil impugnando aquellas afirmaciones pertenecientes a la "civilización" que condenaban de vida bárbara, salvaje, violenta y despiadada a aquellas formas pre modernas donde el ser humano se ampara en la ley natural y no se había dado una sociedad. Rousseau ubica como factores constituyentes de la desigualdad entre los hombres las distinciones que surgen entre ellos en la sociedad civil, la aparición de la propiedad privada, la fundación de leyes y el establecimiento de magistrados, el pasaje de poder legítimo a poder arbitrario. Así cree que la naturaleza del hombre en su origen no es otra que la de vivir en libertad y un rechazo profundo por el sufrimiento de los hombres. Mientras el hombre salvaje "vive en él mismo", el hombre civil "vive fuera de él, no puede vivir sino en la opinión de los demás" y "obtiene el sentimiento de su propia existencia del solo juicio de ellos".
En el discurso citado Rousseau afirma: "los políticos hacen sobre el amor a la libertad los mismos sofismas que los filósofos han hecho sobre el estado de naturaleza; por las cosas que ven juzgan cosas muy diferentes que no han visto y atribuyen a los hombres una tendencia natural a la servidumbre por la paciencia con la cual soportan la suya aquellos que tienen delante de sus ojos [...] Así como un corcel indómito eriza las crines, golpea la tierra con el pie y se debate impetuosamente ante la sola aproximación del freno, mientras que un caballo domado soporta pacientemente la vara y la espuela, así el hombre bárbaro no dobla la cabeza ante el yugo que el hombre civilizado lleva sin murmurar y prefiere la más tormentosa libertad a un avasallamiento tranquilo."

Esta última frase es muy similar a la que utilizara Mariano Moreno en nuestra Argentina cuando decía "prefiero una libertad peligrosa a una servidumbre tranquila".

Quizá las reflexiones en esta noche sean impulsadas por este conjunto de pensamientos críticos acerca de las modalidades que se establecían como legítimas o preferibles en la visión del progreso que comenzaba a hegemonizar el mundo. Pero, sin duda, acarrean problemáticas propias de contornos indescifrables, de bruma y misterio; en suma, de noche. Esa misma a la cuál los románticos rendían tributo porque se trataba de aquella poderosa dimensión excluída por el racionalismo en la total negación de que ambas (por no decir infinitas) dimensiones habitan en nuestro ser: buscamos racionalizar el mundo, volverlo un objeto de estudio, sacarlo del contexto de lo vivo para insertarlo en un contexto de análisis para hacerlo aprehensible, acercar ese mundo de infinitas formas. Pero también somos oscuridad, bordes poco claros, indefiniciones, somos tragedia, llanto, pasión intensa que se desboca en la poesía, en el arte desplegado en la vida.
Estas reflexiones acerca de lo difícil que se hace compatibilizar mis tiempos interiores con el reloj mecánico que cuantifica el tiempo en la sociedad y fragmenta la vida que sentimos, sin embargo, como un todo. Esta permanente tensión entre los límites demarcables de las formas burocratizadas de la vida y del saber y el torrente inabarcable de la propia creatividad e imaginación, entre las luces y sombras que constituyen el fluído corporal que alimenta nuestra vida y el torrente que alimenta el mundo con el cual establecemos relaciones de distinto tipo.

Pensando en la metáfora de la noche inspirada por los románticos de aquél siglo, las reflexiones sobre el siglo XXI son vagas, imprecisas, tamizadas de mil sentimientos, tal como se presenta la noche y sus brumas. La vida misma se presenta con el tamiz de previsivilidad de las formas establecidas y misterio que corta la respiración. Basta prender la televisión para que ciertos discursos nos abrumen con sus desenvolvimientos coherentes a las lógicas y fines comerciales; pero para que, por otra parte, nos envuelva la bruma de aquellos indescifrables en la certeza de que los dicursos están en el lugar de algo que no está, que no se ve claro, que permanece oculto y cuya representación a través del discurso pretende mostrarse como el espejo transparente de aquel objeto o suceso inaccesible.
Pensando en la noche me encuentro reflexionando sobre mi propia vida. No puedo dejar de ponderar en ella la luz y la oscuridad que, a veces, oprimen el pecho en simultáneo, en el profundo sentimiento de que la vida es un entrelazamiento de pasiones, de razones, de melancolías de otros tiempos o de los ideales que no son. La noche en la tensión de ese desenvolvimiento del mundo externo que me exige ajustarme a sus coordenadas y la lucha con un interior que siente que la adecuación a veces significa doblegarse, mutilarse la creatividad y la pasión en pos de un sacrificio por una libertad que se coarta en el mismo momento en que uno sacrifica un tiempo de placer y libertad para sumergirse en el displacer del mundo contemporáneo con toda su efusiva incomprensión y avasallamiento.

Si la razón impone un órden, un método sistematizable para controlar la vida y alejarse de las pasiones, no me queda más que reivindicar a las hadas de la noche, con su circo de colores y su lluvia de burbujas que estallan como mis frágiles ilusiones. El rostro del amante, tan lejano e inexpresivo y el grito inconfesable de mis adentros por esa lejanía. El horror de la injusticia que se riega en suelo fértil de desprecios dando vida a las flores de la muerte, el odio y el desencanto. La impotencia de ceñirse a un plan, a un contorno, a un fragmento de tiempo espacio cuando el alma inquieta quisiera volar hacia otros lados. El apasionante debate de estos tiempos que me introduce en circunstancias donde me siento tan viva y, a la vez, tan frágil y descolocada. El ruín martirio de las comparaciones en un mundo compleja e infinitamente fragmentado. La imposibilidad de no sentir un sentimiento o de negarse a admitir estas otras dimensiones de lo real que constantemente nos atraviesan.

Impotencia en el mundo contemporáneo, la dislocación entre los tiempos del mundo y de la vida. La certeza de ser absolutamente dichoso y otros días la sensación de descender a los infiernos. En suma, la indescriptible e indecible vida tiene su cuerpo atravesado por las vetas del sueño, de la razón, del anhelo y de la pesadilla. Se agitan revoluciones, cotidianas, indescriptibles, palpables; asistimos a la crísis de los relatos que habían desplomado en su tiempo a relatos precedentes. El corazón galopa por territorios desconocidos y por sensaciones que se aggiornan de la melancolía o el vacío que sabemos que ya vivimos alguna vez.

Entre todo este rejunte de fragmentos de luz y de bruma, de órden y desorden, de lo bello y lo sublime, del placer y el displacer una nueva conciencia se forja, tal vez, al calor de las palabras.

Si nada de esto se entiende, esa es también la idea. A menos que nos entendamos al identificarnos con el propio desorden de una vida con límites imprecisos.

Y me despido con Novalis:
"Con fe y coraje vivo cada día y en fuego del éxtasis muero cada noche"

viernes, 26 de marzo de 2010

La necesidad de volver

Mi vida estuvo dando tumbos en estos últimos dos meses. Algunos me creerán afortunada por pasarme todo ese tiempo en las sierras cordobesas; pero, en más de una ocasión, la estadía se volvía pesadilla. Lo bueno de esos macabros sueños es que suelen durar segundos y uno se despierta; jamás conocí pesadilla eterna ni laberinto del que no se pudiera salir por arriba. (A no tener lástima por mi, porque salvo esas cosas que siempre nos pasan, viví espléndidos momentos)
Quizá esto justifique mi ausencia, o tal vez nada logre hacerlo. Las letras se mantuvieron en suspenso en la pantalla digital o el papel, pero siguieron su curso dialéctico en mi cabeza. El proceso interior de todo aquello, hoy implora volver a volcarse para tomar forma externa y gritar sus relatos a un lector imaginario (o, por lo menos, gritármelo a mí misma en la lectura silenciosa de mis palabras).
Estoy feliz de volver, con mis mejores y peores historias (usado con otros tiempos verbales y construcción sintáctica, la frase anterior me sonó a Benedetti). Y volví con toda la magia cargada en la pluma y en las teclitas de la computadora, sorprendida y agradecida por los mensajes que no pensé encontrar en mis olvidadas publicaciones (GRACIAS!!!!). Celebro este reencuentro con este espacio fundacional en mi práctica de comunicadora (los antecedentes fueron diferentes fotologs, en donde se filtraban mis relatos sociales, pero la tendencia general era la locura bohemia y la verborragia romanticona).
Me llena de gozo volver a sentirme escribiendo.

Y como la semana que nos abandona tuvo mucho de emotiva e histórica (fue mi primera Plaza de Mayo, cobijada por el calor de una movilización multitudinaria, en recuerdo y repudio del último golpe militar) quiero compartir un reciente texto que publiqué en otro espacio y es una especie de canto que despierta sentimientos, que plantea convicciones en la contingencia de esta vida.

Porque el pedido de Memoria, Verdad y Justicia, logró aglutinar a una inmensa serpentina humana que regó de cantos y consignas las calles céntricas, hoy tengo esperanza en una reconversión de la sociedad, en una depuración de los viejos fantasmas, en la visibilización de las marcas que dejó la dictadura y una reparación de los lazos sociales que ésta logró quebrar.




De las pocas certezas que poseemos en este mundo, es imposible negar que vivimos de relatos. Nuestra fe se funda en la creencia de lo increíble o en la visión de lo que acontece. La vida es un soplo infinito de luces, de sombras, de espanto, de renaceres. Se vive con gotitas de placeres y se muere sin retazos de Memoria. Me contaron que había una historia, llena de decoro, plata y bronce. Una historia oficial teñida de goce y de un heroísmo merecedor de orgullo argentino. Pero otros pájaros que emigran lo desmintieron y la historia oficial resultó ser tan sólo una historia. Más allá de ella o a sus costados, los relatos de otras vidas y otras miradas templaron las hojas de libros polvorientos y la voz de quien recitaba los cantos revolucionarios. Nadie me puede engañar. Nadie nos puede privar de ese mundo de millones de estrellitas latiendo en el cielo americano, diferentes sus colores y su forma de alumbrar; dejando de lado la "verdad única", unidireccional. Sabiendo todo eso, contemplo los excesos, las glorias y los muertos; el cielo atormentado por los jóvenes que soñaron y cuyos cuerpos fueron arrojados en un avergonzado mar. Conciente de lo que fue, y atormentada de sentido, los siento hermanos míos, los abrazo en la eternidad. ¿Qué destino escurridizo me lleva a poder sentir, como si fuera propio, el padecer de aquel sufrir? ¿Qué predisposición oculta me lleva a entonar sus cantos con deseos de vivir? Yo, que no compartí su espanto, pero sí las consecuencias de aquél régimen feroz que sembró en nuestra Argentina la indiferencia y marginación. Y los pájaros que emigran me contaron que, más allá de las fronteras tan bien trazadas, hay sueños de libertad; otros pueblos y sus historias, mil relatos al andar, un sentir latinoamericano que no puedo ya ocultar. Será que la vida de uno puede encerrar la de muchos más y que el motor de la humanidad es la lucha por la libertad.




NUNCA MÁS...

jueves, 7 de enero de 2010

Año nuevo: vidas en constante transformación dialéctica

Volviendo al blog, luego de un tiempo de asignaturas pendientes y silencios necesarios, quiero compartir con ustedes una pequeña reflexión y un necesario desahogo que pide humanidad para nuestras acciones y que compartí en mi fotolog personal hace unos días. Acá va con algunas leves modificaciones:




Soy un alma rebelde. Escapé a la peligrosa domesticación de los espíritus, de la homogeneización de la conciencia y de los deseos. Sin duda, la batalla contra el llamado "sentido común" nunca es una victoria absoluta, pero yo estoy contenta con mis resultados.Un alma rebelde es aquella que no se expone inconcientemente como el sujeto-sujetado por medio del cuál hablan otras voces, los discursos hegemónicos que impregnan de falsa normalidad un sistema impuesto de injusticias construído día tras día y legitimado por los que no saben separar la paja del trigo, la voz de la conciencia del barullo cotidiano, los deseos realmente sentidos y propios de las tendenciosas imposiciones de la moda mercantil.


Prefiero escapar el círculo vicioso de la sociedad de la crispación y la desinformación para tener algún tipo de pensamiento propio, antes que ser un cuerpito reproductor de discursos ajenos, la mayoría de los cuales no coinciden con nuestros propios intereses.



¿Se imaginan lo triste que es andar por el mundo defendiendo intereses corporativos que son totalmente ajenos? Bueno, eso pasa con la pobre gente que sin saber del engaño atroz se convierte en portavoz de los intereses de los grandes medios de comunicación y de otros nefastos actores de peso en la vida argentina.

Por eso el 2010 tiene que ser un año de creación, de invensión de discursos nuevos, propios, dinámicos. No sólo para tratar de comprender, interpretar y expresar los complicados factores que se entrelazan en la realidad de nuestro país, sino también para darle una nueva significación a nuestras vidas.

Quería hablar de sentimientos y terminé hablando de problémáticas sociales en la sociedad mediatizada de la desinformación. Gajes del oficio de una comunicadora social que ve que todo tiene que ver con todo. Y efectivamente es así: la necesidad de pensamiento propio también se desplaza al terreno individual e íntimo de la vida para dar significación a lo que nos pasa.

Derribar viejas frases hechas del sentido común, también es el rol revolucionario de un alma rebelde.

Hoy quiero desmontar el significado de la frase número uno de fin de año : "año nuevo, vida nueva", dar cuenta de los matices que impregnan nuestra vida. Nunca nueva del todo, siempre en transformación dialéctica entre lo que somos, lo que queremos ser, lo que fuimos. El hecho de que las fiestas de finde año se presenten con el barniz de la ola consumista y con la imposición social de saturarse de felicidad, de comida, de saludos no es más de otra de las cosas ante la cuál un alma rebelde tiene, al menos, que plantearse una posición de reflexión.


¿Acaso por un delimitado trozo de tiempo que coincide con el fin de año puede violentarse uno mismo para imponerse una felicidad que tal vez no sienta?


Felicidad entendida en un sentido particular y con la exigencia de vivirse como tal, una felicidad entendida como maniática, una felicidad de pose, de momento, y a reventar la noche como si eso nos librara de las pesadas mochilas de las que nos queremos despojar. El "pum para arriba" es la regla, nada de lágrimas, nada de emociones muchachos.


Acabemos con las reglas.

Y no se trata de recibir el año con cara de traste. No me malinterpreten. Se trata de comprender que un simple corrimiento de calendario no es más que una disposición social para cambiar de año.

Y aquí radica la cuestión: lamento informarles a los fanáticos de "año nuevo, vida nueva" que las viejas vidas son parte constitutiva de nuestro presente, aún cuando tengamos la firme decisión de cambiar. Lo único que nos podrá salvar de seguir reproduciendo esas viejas vidas como única realidad presente es la firme determinación, el trabajo de hormiga que la felicidad maniática de las fiestas (repito, obligación de estar felices como la pose deseada) no proporciona.

Esta reflexión surgió hoy, cuando alguien quiso contenerme al momento que recordar a mis abuelos me bañó en lágrimas y congoja. Otra persona pidió que me dejaran expresar ese sentimiento.

¿Qué es la vida humana sino ese conjunto de sentimientos que no se pueden disociar sólo porque una fecha lo imponga? Aún siendo una persona alegre, la vida no se reduce a la carrera por una desenfrenada e ilusoria felicidad de vidriera.



Vale recordar que todos llevamos dentro los recuerdos más hermosos y los más dolorosos, que la muerte y la vida son parte constitutiva del presente. Que nos hace mal montarnos a la ilusión de las eternidades. Que la vida son pequeñas muertes y renaceres, así como grandes muertes y olvidos. Que es recuerdo, que es proyección. La felicidad no es ajena a todo el proceso vivido, la vida nueva es el esfuerzo revolucionario de quien quiere hacer la mejor síntesis entre su pasado y su presente

sábado, 21 de noviembre de 2009

Viajeros del siglo XXI


“El viajero profano es aquel que no se detiene ante las prohibiciones, que siente el deseo de lo nuevo allí donde lo establecido intenta cerrarle el camino.”
Ricardo Forster.


“Ya nada es lo que era”. Lo afirman con pesimismo y nostalgia de viejos tiempos los intelectuales que ven, en la escalada mortífera del capitalismo actual, la clausura de todos los espacios de libertad y la imposibilidad de encontrar rincones no alienados por las lógicas mercantiles. Sus preocupaciones se basan en los límites que el sistema dominante impone sobre las posibilidades de la imaginación: un mundo en donde la repetición y la estandarización de lo conocido se ha convertido en el muro de lo otro por conocer. El mundo globalizado no sólo ha demostrado que sobre sus ejes se elevan las ruinas de los_ por siempre y desde siempre_ desplazados; sino que también su maquinaria fetichista se extiende a todos los ámbitos de la vida. Estos intelectuales se lamentan que la cultura del capital haya viciado un universo privilegiado de la imaginación humana; aquel en el cual_ desde tiempos de antaño_ el descubrimiento, la búsqueda de sentido y el conocimiento iban de la mano. La sentencia es fulminante: “los viajes ya no son posibles”.
En el intento de esbozar una explicación sobre la muerte del viaje, los hombres que visten el luto arremeten contra el asesino, autor material de los hechos que pusieron en jaque cualquier posibilidad de que el hombre actual pudiera parecerse a Marco Polo. El único culpable de la muerte del viajero es el capitalismo; que, con su omnipresencia en la vida de todos los hombres, convirtió una experiencia de sentido en turismo barato, actividad en la que sólo es posible la alienación y la reificación del deseo. La premisa que refuerza su horror sería: “en el mundo de hoy estamos llenos de turistas, pero se han extinguido los viajeros”.
Para entender esta oposición fundamental entre viajero y turista, esta dicotomía que no admitiría matices, es necesario establecer la diferencia analítica y conceptual de ambas representaciones. El viajero ha sido el sujeto que encarnó las experiencias fundantes en el descubrimiento de nuevos mundos, tanto externos como internos; y también objeto de discursos que reflexionaron sobre su actividad aventurera desplegando el catálogo de la diversidad de viajeros y de viajes existentes. El hombre moderno se caracterizó por su ímpetu de transgredir fronteras y buscar lugares exóticos, casi sin proponérselo. La conjunción entre el riesgo, lo inesperado, la exploración, el conocimiento, lo infinito, el ensanchamiento de los límites de lo posible, el encuentro con el ser y con los seres, lo azaroso, lo irreversible, el punto de quiebre conforman la imagen del viajero que se lanza a lo desconocido para dotar de nuevos sentidos a la existencia.
El turista, en cambio, no es otra cosa que el desecho que resulta de una construcción planificada de la máquina capitalista; donde se opera con mapas brindados de antemano, en los cuales los puntos del mundo allí identificados se reducen a sitios erigidos en paradigmas de lo que es necesario conocer y son ofertados desde las enormes vidrieras del capitalismo internacional. Con la globalización, el deseo del turista no se funda en la ansiedad de lo que va a conocer (y que, por tanto, le resulta aún desconocido) sino en la confirmación de la existencia de lo que ya sabe que existe, pues es anunciado y ensalzado desde los grandes medios de comunicación que abren su “ventana al mundo”. Con el turismo, las costumbres de regiones lejanas se han vuelto mercancías y hasta las identidades son intercambiables por euros, dólares o pesos. No causa sorpresa entonces que se organicen tours por precarias villas para que los extranjeros puedan confirmar la miseria de los pueblos o paseos guiados a través de asentamientos de comunidades originarias que venden sus “cacharritos” en un paraje de Misiones.
Pero aún así, y a pesar de coincidir en que el turismo es la forma quizá más perfecta de reificación de la experiencia, no se puede avalar la tesis de la imposibilidad de los viajes en la sociedad del capitalismo actual. El viaje como ejercicio de trasgresión, como ruptura con el universo de lo conocido, como exploración de lugares_ tanto del mundo como del alma_ que alimentan el extraviado sentido de la vida no ha muerto. El posible aún, en un mundo globalizado y estimulador del turismo planificado, que el viaje sea una experiencia de imaginación, redescubrimiento y sentido.
El pesimismo intelectual que pretende instalar lo contrario opera un peligroso reduccionismo que consiste en desestimar las posibilidades creadoras y creativas del hombre, volviéndolo un frágil blanco de la dominación total, un sujeto-sujetado por la voracidad de un sistema que lo desborda y lo determina. Es necesario insertar en este marco la advertencia de la inexistencia de un proceso totalizador y opresor que no admite márgenes para la imaginación, la resistencia y la lucha. Vale recordar, en los términos que lo plantea Gramsci, que la hegemonía cultural_ esa forma sutil de ejercer el poder a través de la adopción, por parte de los subordinados, de los valores de la clase dominante_ se da en el marco de las negociaciones que surgen de las transformaciones culturales, de las luchas que se desenvuelven en su seno y que deben ser tenidas en cuenta para que lo hegemónico lleve a cabo su absorción dando origen a una hegemonía transformada, nunca total u omnipresente.
El hombre no es un mero apéndice del capitalismo, los procesos de la subjetividad pueden verse en aprietos por ciertos límites, pero jamás los modos de resistencia se diluyen en meras conformidades. La luz de la imaginación creativa y del espíritu viajero constituyen realidades presentes en la experiencia, pero la liviandad y fluidez que las caracterizan les permite filtrarse por los intersticios que el sistema no llega a cooptar.
Se trata, entonces, de recuperar el valor de las subjetividades y una concepción del sujeto en un rol más activo que nos permita escapar de esta idea de manipulación total de fuerzas que nos penetran desde fuera. ¿Qué son las figuras del turista y del viajero sino construcciones o representaciones que los hombres nos hacemos del mundo a través de la experiencia? El concepto de representación ha sido ampliamente trabajado y la cuestión histórica del sujeto y las subjetividades nos lleva por el camino de un derrotero de desprestigio en su tratamiento por parte de las Ciencias Sociales, hasta llegar al necesario momento en que se recobra la importancia de su resignificación.
En el siglo XIX, Émile Durkheim, planteó la diferencia entre las representaciones colectivas y las individuales, postulando que las primeras constriñen el desenvolvimiento de los sujetos como una fuerza externa, como estructura omnipresente que se coloca por encima de las personas. Pero fue Serge Moscovici quien planteó el concepto de representaciones sociales, en el cual los individuos juegan un papel activo y creador de sentido. Se trata de un proceso dialéctico en donde, a partir de la interacción de los sujetos con el entorno y su universo de experiencias, surgen las representaciones como intersección entre lo psicológico y lo social.
Siguiendo esta línea, los aportes de Denise Jodelet dinamizan y alumbran esta cuestión. Esta autora es muy clara al explicar que el sujeto había sido abordado desde un rol de subordinación en el desempeño de posiciones impuestas por un lugar social, “sin autonomía frente a una sociedad regida por los imperativos del poder y del lucro”. Se propone tratar al sujeto como agente, lo cual implica el reconocimiento del potencial de selección de sus acciones para escapar a la pasividad con respecto a las presiones o coacciones sociales. Este enfoque nos permite romper la falsa dicotomía, el paradigma totalizador de la cultura dominante, para desplazarnos al terreno_ mucho más real_ de las culturas construidas a través de matrices en constante transformación y donde la lucha y el conflicto siempre están presentes. El pensamiento de Jodelet en este sentido, se expresa notablemente en el siguiente pasaje: “Porque hablar de sujeto en el campo de estudio de las representaciones sociales es hablar del pensamiento, es decir, referirse a procesos que implican dimensiones psíquicas y cognitivas; a la reflexividad mediante el cuestionamiento y el posicionamiento frente a la experiencia; a los conocimientos y al saber; y a la apertura hacia el mundo y los otros. Tales procesos revisten una forma concreta en contenidos representacionales expresados en actos y en palabras, en formas de vivencia, en discursos, en intercambios dialógicos, en afiliaciones y conflictos.”
La profusa investigación realizada por los estudios culturales y sociales nos habilita a desconfiar de posiciones catastróficas y desesperanzadoras. Sin negar el deterioro cada vez más marcado de la calidad de la imaginación y del descubrimiento, que difiere de los tiempos en que el viajero tenía todo un mundo físico y existencial por conocer. Y sin ignorar, tampoco, que el sistema capitalista internalizó en muchas sociedades el sentido común neoliberal; las producciones de sentido innovadoras, los reencuentros con vínculos olvidados y aún con experiencias totalmente nuevas, siguen siendo posibles. Bastará para ello revalorizar el papel de la subjetividad de los hombres como portador de un componente activo y contestatario en el marco por las luchas del cambio y la justicia social. Porque para eso sirven los viajes, entendidos en los múltiples sentidos que surgen tanto del desplazamiento físico para transgredir fronteras espaciales, emocionales y cognitivas como del desplazamiento espiritual e interior del cual salimos pertrechados con nuevas herramientas para operar en el entorno social.
No por casualidad Jodelet cita en su trabajo sobre las representaciones sociales el siguiente párrafo de Félix Guattari: “La subjetividad está hoy masivamente controlada por dispositivos de poder y de saber […] al servicio de las figuras más retrógradas de la socialidad. Pero sin embargo, se pueden concebir otras modalidades de producción subjetiva, como las procesuales y singularizantes. Estas formas alternativas de reapropiación existencial y de auto-valorización pueden convertirse mañana en la razón de vida de las colectividades humanas y de los individuos que se niegan a entregarse a la entropía mortífera característica del periodo por el que estamos atravesando.”
Los viajeros no han muerto, navegan por los mares de la utopía y construyen la narratividad existencial y poética que da sentido a sus vidas, proyección a sus luchas y viento que impulsa sus alas a remontarse más allá de las fronteras del mundo y de los muros del alma.


Luna.
Ensayo para la materia Taller de Expresión
Carrera de Ciencias de la Comunicación
UBA



jueves, 19 de noviembre de 2009

Militancia Vs SIP

Como no me rijo por el tiempo vertiginoso de la desinformación (modalidad con que los medios nos presentan las noticias que quedan el pasado segundos después), luego de un par de semanas del acontecimiento, acá va un artículo que escribí para el blog de Juventud Carta Abierta (http://juventudca.blogspot.com/) sobre nuestra participación en el Primer Encuentro Internacional de Medios y Democracia en América Latina:


El pasado 9 de noviembre se cumplió un mes del nacimiento de una ley que tuvo décadas de gestación. Fue concebida con la esperanza de los que sueñan con que el poder de la palabra inaugure la libertad que los silenciados jamás conocieron y reivindique las luchas que nunca fueron tenidas en cuenta o tomadas por legítimas. Porque el parámetro de legitimidad siempre corrió por cuenta de los grandes medios de comunicación que hacen uso y abuso del enorme poder de la palabra, instaurando valores que pretenden universalizables y absolutos.
Es incalculable, cualitativamente hablando, la riqueza de las nuevas perspectivas que ha abierto el debate por una nueva ley de medios en nuestro país. Instaló un escenario imposible hace tan sólo unos meses atrás y puso de manifiesto la violencia que se ejerció desde siempre y que, estos últimos meses, adquirió un espesor descomunal.
Este mes de vida fue paradojal: nuestro anhelo de una comunicación con diversas voces es ley, pero aún no ha desplegado todo su potencial y debe dar a luz a innumerables batallas. A su vez, este mes fue recibido de una manera particular por diferentes sectores de la sociedad. Por un lado, hay quienes no se resignan a soportar la idea de tener que ceder su poder y luego de incontables intentos por impedir que la ley salga, se organizan para que se de marcha atrás con una decisión soberana y democrática que, con amplia mayoría, decoró el cielo de aquella madrugada de octubre con los cantos, el baile y la risa de un pueblo que no claudica en sus luchas.
Por otro lado, están los incansables; los que, subterráneamente, trabajaron para darle alas a un proyecto que hoy, entre nosotros, promete hacer realidad el deseo de la comunicación comunitaria y popular para que las heterogéneas viviencias existentes se filtren en la circulación de los discursos cotidianos.

Asi fue que este 9 de noviembre, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) acordó su reunión en el Hotel Hilton de Buenos Aires para desenfundar su estrategia política de desprestigio y difamación no sólo de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, sino también_ya que no se dedicaron a debatir en profundidad ni un punto de la ley_ a insertar el gérmen del miedo acerca de lo que consideran la “avanzada de gobiernos totalitarios en la región que atentan contra la libertad de expresión”. Sería bueno recordar que la SIP representa la asociación de poderosos dueños de medios de comunicación, con intereses que se extienden más allá del sector comunicacional. Esta cámara patronal de empresarios festejó su reunión nº 64. La SIP se constituyó, desde mediados del siglo pasado, en un espacio que nucleaba a periodistas de diferentes tendencias políticas; pero, progresivamente, fue restringiendo la participación a periodistas con identidades de izquierda. Su vinculación con gobiernos golpistas, y su silencio manifiesto en los peores momentos de masacre en la región, configuran la gran paradoja de una organización que se cree valuarte de la libertad de expresión.
A este pomposo evento no fueron invitados aquellos periodistas o legisladores que defendieron la ley de medios. Más bien, el Hilton cobijó la voz monocorde de quienes hablan de "flagrante delito" e "inconstitucional "carácter de la naciente ley. No es curioso que la oposición que desgarra sus vestiduras por el “consenso” haya formado parte de la reunión que nuclea a quienes están tan lejos de la comunicación_ entendida como un derecho humano_ como ellos están de los valores democráticos y del pueblo.
Es por esto que la otra cara de este 9 de noviembre la constituye el Primer Encuentro Internacional de Medios y Democracia, llevado a cabo por múltiples organizaciones de periodistas que han luchado y militado por la ley, junto a periodistas y analistas nacionales e internacionales que respaldan la iniciativa. El encuentro tuvo lugar en la sede de FATPREN (Federación Argentina de Trabajadores de Prensa) y contó con destacados panelistas; entre ellos, Silvia Vázquez (Diputada Nacional), Néstor Busso (FARCO), Sandra Russo (Periodista), Luis Lázzaro (Coordinador Gral. COMFER), Ana Jaramillo (Rectora Universidad Nacional de Lanús), Edgardo Esteban (Corresponsal Telesur), Eduardo Márquez (FELCOPER Colombia).
Yo no sé cuál sería el clima respirable en el Hilton, pero en FATPREN la convicción de lucha empapaba todos los rincones. Sabíamos, desde un primer momento, que la sanción de la ley era EL PASO, pero que detrás de él nos encontraríamos con la necesidad de una militancia continua y persistente para poder concretar punto por punto lo que esta ley viene a inaugurar en materia de democratización de la información y visibilización de las diversas realidades que viven nuestros hermanos en cada rincón de la Argentina y del mundo. La calidez de sus asistentes me confirma que detrás de todo sueño hay una lucha y de que existen valores e ideologías que representan lo mejor, no sólo del ser argentino, sino del ser humano y que reverdece con renovada esperanza más allá de la constatación de que los gigantes de los multimedios harán sonar sus clarines con toda la furia para alistar a sus tropas de obsecuentes con el capital y la rentabilidad que han disfrazado de “información” y que les permitíó escalar hacia la posición social que hoy detentan.
Cuántas palabras banas y distorcionantes de las realidades de los pueblos se dicen en nombre de la libertad de prensa. Cuántos micrófonos y cámaras atestados de tendenciosas imágenes y altisonantes relatos. Cuánta desidia encubierta y cuánto héroe cotidiano se transfigura en fantasma anónimo para la indiferencia mediática acostumbrada a ametrallarnos la dignidad con los peores recortes y construcciones de “realidad”.
La diputada Vázquez lo dijo con claridad: “las balas comienzan con palabras”. No se equivocaba cuando remarcaba que el objetivo de la SIP era legitimar a los legisladores que se opusieron a la ley de medios para que puedan accionar en el descabellado plan de desarticular esta victoria. Todos alertaron sobre la situación de inseguridad informativa que vive la región, haciéndose eco del concepto esbozado por Sandra Russo. La periodista alertó sobre este extendido e incuestionable modo de censura que se ejerce desde los medios y se perpetra en contra de los pueblos. El mismo consiste en que el hecho de que los medios seleccionen y configuren la noticia que les conviene ejerce la censura por medio de la invisibilización de otras realidades. La sutil y permanente erosión de los líderes latinoamericanos, que han propuesto un giro respecto de las políticas neoliberales, también es un objetivo fuerte de la SIP. Contra ello, en FATPREN se propuso un grado de militancia activo frente al aislamiento que provocan los grandes medios.
Quizá el recuerdo más fuerte que me queda de esta jornada es el video realizado por los estudiantes de la Universidad Nacional de Lanús, titulado “Los hijos de la antinomia”. De él se extrajo un fragmento dedicado especialmente a la antinomia en el mundo del periodismo. Una poderosa voz en off encarnando las palabras de Paco Urondo y de Rodolfo Walsh invadió la sala con una mística abrazadora que se contraponía al desparpajo del ejercicio de periodistas que convirtieron la profesión en un apéndice del establishment y con su complicidad se incribieron en los anales del más oscuro silencio en perjucio de la vida y de los sueños.


Nos queda de esa antinomia la reafirmación de nuestras más profundas convicciones, aquellas que se sienten y palpitan colectivamente, porque habitan en otros y porque otros nos habitan con el calor de sus sueños. Si algo nos ha dejado ser hijos de la antonimia es una creencia que nos lleva a traspasar nuestros propios límites y toma cuerpo en esta afirmación:
"Elegímos ser los hijos de Rodolfo Walsh"

lunes, 9 de noviembre de 2009

No crean que me he ido




El fluír indescifrable de la vida me aleja de este momento en que las vivencias se tornan visibles en letras que despliego con pasión y sed de contar mi historia.
Pero no vayan a creer que las palabras han cesado. Escribo cada día una página atravezada por sentimientos insondables, me envuelve la mística de un deseo que llega desde fuera, que robo, que usurpo, que hago mío por el sólo hecho de enamorarme de sus latidos infinitos.
Estoy surcada por historias de otros, por sueños de otros, que siento cercanos. Estoy embebida de la mirada de los que ya no están, de los que algún día fueron el motor de revoluciones primaverales. Los siento mis hermanos en los principios, en los ideales. Llegan desde lejos, desde tiempos inmemoriales. Otros están a un par de décadas y hoy sus huellas remontan un pasado incomprendido e incompletamente considerado para ponerlo a la luz del presente y ver así cuanto de ayer tiene este momento.
Por eso no crean que estoy ausente, sigo en marcha más que nunca, afirmo y resignifico el camino. Me encuentro con lo mío más vulnerable, con lo asombroso de lo ajeno, con lo repugnante del que segrega a la vida de las utopías que son parte indisoluble de ella, mutiladores del miedo, negadores de existencias.
Este proceso me ha dado la posibilidad de volverme hacia mis límites y querer dinamitarlos, de tornar los ojos hacia el presente... y abrazarlo. Estoy a prueba conmigo, acepto las reglas del juego.


Y en este amanecer de trocitos de vida incandescentes, me vuelvo el eco de voces lejanas.
Hoy quiero recordarlas porque sí, porque me place abismarme en sus encantadoras ráfagas de sentido.

HOY: PACO URONDO

Del otro lado



Cuando estuvimos desesperados, alguien
contó la historia.

No se la puede escuchar serenamente, tiemblan
las manos, el corazón se encoge de dolor;
da un poco de miedo mirar a la gente, detenerse.

Ocurre lo de siempre.

Estábamos perdidos y la historia era confusa. Nada
tenía que ver con la certeza, ni
con el muslo de la bataclana. No
intervinieron traiciones; no es
una vulgar historia de fervores o de mantenidas.

Tu mano es necesaria para sobrellevarla. También
aquella vez (siempre aquella vez) apagaron
las luces y fue necesaria la presencia de tu mano.

Nos apretamos las manos en la sala impenetrable, temblamos
ante la cólera que aún no se había manifestado, que nunca
llegaría a marcarnos como sospechábamos, sino
de otra manera. Nuestras manos
procuraban ordenar el temblor, dominar el doloroso pánico;
y todo porque Humphrey Bogart había resucitado.

Estábamos perdidos en aquel
cine y él no era como el redentor; su cruz
no era un mandato, era
la inteligencia del hombre, era la resurrección
de la ciencia y de nuestros queridos finados.

Hace mucho que nos pasó esto; la mano
fría del cadáver impenitente
rozaba los sueños,
acariciaba nuestros tiernos rostros despavoridos.

Desde aquella vez no sabemos qué hacer con las historias,
con los muertos que no aceptan su desdichada condición, no
sabemos qué hacer con el miedo; no sabemos
encontrar nuestras manos, nuestra
tristeza. El mundo inconsistente.

Hubo muchas anécdotas como ésta ¿Quién
no tiene cosas horribles que contar? ¿Quién no tiene
su historia? Pero nadie supo qué decir, nadie supo
qué hacer, cuando alguien contó la historia.

Seguramente al escucharla buscarás una mano; será
como antes, pero enseguida
intentará olvidar que estuvimos tristes o asustados.

Tampoco sabrás qué decir cuando se haga tarde; lo de siempre:
tendrás ganas de llorar, y nada más.

Nadie esperaba una historia como ésta, tan lamentable ¿Por qué
no llorar entonces? ¿Por qué no perderse en la
espesura de la sala?

Se derramará sobre tu memoria,
como el alcohol que se vuelca entre los nervios y la madrugada;
la historia sobrevolará tu linda cabecita,
será un cuervo que sacudirá tus entrañas corrompidas,
que despeinará cariñosamente tu pelo




La verdad es la única realidad



Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o
de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el angelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente
el presente, pero pertenecen a la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso
cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad, como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha
hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse,
a rescatar lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.

Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973

miércoles, 21 de octubre de 2009

La sensibilidad periodística en la era del resquebrajamiento monopólico




Si de algo estoy segura es que la nueva ley de medios vino a instalar un nuevo tiempo y una nueva percepción. También una renovada y diferente sensibilidad. Ya hice mención a esto en otras ocasiones, porque mi blog se convirtió en algo así como la trinchera para la lucha que va acompañada de cantos, la lucha de las voces solitarias y de los reclamos que no formaban parte de la agenda pública.
Desde sus inicios, el periodismo es una herramienta poderosísima. Antes de la abolición monárquica, los reyes ya se habían dado cuenta de ello y quisieron capitalizar el poder de influencia de los primeros periódicos y gacetas. Las nuevas tecnologías proporcionaron un impulso inusitado a ese gérmen comunicacional que, aún a pequeña escala, abría la mirada a nuevos mundos. Con la creación e instalación de la sociedad de masas, nacida de las entrañas de los procesos del capitalismo mundial, los nuevos medios hicieron su aparición transformando prácticas sociales y privadas, instalando nuevas formas de sociabilidad, de entendimiento, comprensión, relación y aprehensión del mundo. Hoy, en los inicios del siglo XXI, los medios de comunicación son dominantes; sus dueños, monopólicos y multimediáticos. Pero ya no se podrá decir que son incuestionables.
Hay códigos deontológicos, es cierto. Hay normas éticas y morales que elabora cada empresa de medios. Leyes hay por doquier y para todos los gustos. Para que nadie se atreva a decir nada del periodismo que ejerce su laboriosa y arriesgada tarea por el bien de la Patria. También hubo cuestionamientos acerca de qué valía jerarquizar más: ¿el derecho a la información de las personas o la privacidad de ciertos personajes públicos?.

Pero, lo que en este momento estamos presenciando son acontecimientos de otra índole. Hace 30 años, el Informe MacBride lo anticipaba; pero sus interesantes conclusiones, fruto de una laboriosa investigación, fueron conocidas por especialistas, aunque sin eco en los grandes medios. En 1977 comenzó el trabajo de investigación acerca de la situación planetaria de la comunicación a cargo del abogado irlandés, Sean MacBride, en el marco de la UNESCO. Hacia 1980 el informe había concluído, pero la fuerte repercusión en ese contexto hizo que quedara desprovisto de posibilidades de trascendencia. Algunos de sus puntos declaran:

  • Política de comunicación para la independencia y el autodesarrollo
  • Nuevas tareas sociales para los medios de comunicación
  • Democratización de la comunicación: componente esencial de los derechos humanos
  • Refuerzos de la identidad cultural para la dignidad humana
  • Nuevo órden mundial de la comunicación en dónde los países del Tercer Mundo se encuentren en igualdad de condiciones financieras, culturales y tecnológicas con los países desarrollados en materia comunicacional.
  • Distinción entre "libertad de expresión" y "libertad de empresa".
  • Promover mecanismos de protección a los periodísticas, no sólo en lo que tiene que ver con su integridad física, sino con su derecho a la independencia de criterio frente a presiones empresarias y políticas.
El informe MacBride es un muy buen antecedente que no pudo realizarse en su tiempo. Hoy los tiempos son otros, al igual que todas las sensibilidades desatadas a partir del destape de la estructura empresarial de los dueños de los medios, las presiones corporativas a periodistas, la desigual situación en que se encuentran los trabajadores de la comunicación que no pertenecen a un multimedio y, como si fuera poco, la pérdida de credibilidad y capital simbólico de algunos medios y sus trabajadores del periodismo.

Este es el caso de una comunicadora que tiene su programa de radio en Continental desde 1987, en la franja horaria que muchos consideran de mayor audiencia, la que acompaña los despertares de tantos argentinos. Magdalena Ruíz Guiñazú supo forjar una imágen de periodista intachable, comprometida. Ha publicado libros y ganado numerosos premios. Quizá haya obtenido un gran reconocimiento por su labor en 1984 dentro del ámbito de la CONADEP, comisión que recibía las denuncias por las desapariciones de personas durante la última dictadura militar.

El centro del asunto es que Magdalena me tiene cada vez más estupefacta. No basta hacer alardes de su trayectoria para tratar de justificar los desaciertos y desvaríos. A mí nunca me hizo "ni fu ni fa", más bien todo lo contrario, pero la respetaba. En esas primeras audiciones de radio, donde entré en contacto con un mundo apasionante, Magdalena Tempranísimo era una de esas escuchas obligadas para el taller de la facultad.

En una reciente entrevista telefónica desde su programa al Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, Magdalena dió cátedra de empobrecimiento intelectual, confusión de órdenes y degradación del periodismo. La discusión en torno de la nueva ley de medios nos hizo encontrar a una Magdalena que, al buen estilo Carrió, no tiene problemas en defender a los grandes grupos económicos para asegurar la única libertad de expresión que hemos conocido hasta el momento: la de las grandes empresas con poder de circulación en el mercado de las comunicaciones.
La conductora increpó a Fernández no a título de periodista o comunicadora que busca informar a través de la pregunta y la reflexión. Sí lo hizo a título de tribunal supremo; más aún, enarbolándose como el centro del cuál fluyen todas las verdades, la espadachina vengadora en nombre de un imaginario colectivo de periodistas que trabajan para medios a los que la lucha militante que acompañó la ley ayudó a sacar la careta. Por extensión, esa máscara también se le cayó a varios trabajadores de la prensa, la radio y la televisión.
El gran enojo de Magdalena se supone que radica en un dicho que Fernández expresó como opinión en una publicación en el diario Página 12, el lunes 19 de octubre: "Los medios de comunicación no reflejan la realidad".

¡Para qué! ¿No bastaba ya con que Magdalena despotrique contra la ley, tildándola de persecusión al trabajo periodístico o revanchismo kirchnerista, vomitando la oscura profecía de medios comprados y arrodillados por la publicidad oficial (miles de "canales 7" con vocecitas "estatales fascistoides monocordes") ninguneando en todo momento a las organizaciones sociales y a los actores independientes que defendimos y acompañamos la ley?

No.

Tuvo que venir Fernández, en su pleno derecho de libertad de expresión, a poner los tapones de punta a un par de periodistas desgastados por una sensibilidad al rojo vivo que los aparta de su rol social, de su trabajo informativo, de la necesaria honestidad periodística y de cualquier trayectoria envuelta en paquetito con moño rosa.

Que los medios de comunicación construyen realidad social dijo Aníbal Fernández. Y lo curioso, es que ni siquiera lo dijo él. Toma las palabras de una mesa de discusión que dió a llamarse “Los medios masivos y la invención de la realidad”. Y aún así, en esta mesa no encontramos esta idea de la construcción como gérmen, sino que se toman desarrollos que muchos teóricos e investigadores introdujeron como perspectiva.

El filósofo y semiólogo Eliseo Verón es uno de ellos. La idea desafiante e innovadora es la propuesta de dar cuenta de las complejas operaciones de una industria: la industria de la información. En el "Prefacio a la segunda edición" de Construír el acontecimiento, Verón plantea:

"Este libro pretende que ese objeto cultural que llamamos la actualidad, tal como nos la presenta, por ejemplo, el noticiero de un canal de televisión de un día cualquiera, tiene el mismo status que un automóvil: es un producto, un objeto fabricado que sale de esa fábrica que es un medio informativo. Los medios no "copian" nada (más o menos bien o más o menos mal): PRODUCEN REALIDAD SOCIAL. Naturalmente medios hay muchos (diarios, canales de televisión, diarios). De modo que hay muchos modelos de actualidad. Como hay muchos modelos de automóviles. Los distintos modelos de la actualidad están construídos para distintas audiencias[...] Esto no quiere decir que la realidad sea una ilusión. Por el contrario: de lo que se trata es de la PRODUCCIÒN DE LA REALIDAD SOCIAL COMO EXPERIENCIA COLECTIVA [...] El actor social "ordinario" (cada uno de nosotros, en su vida cotidiana) se hace una idea de los medios muy diferente de la que acabo de esbozar. Pensamos que la realidad social está ahí y que los medios reproducen de esta realidad, compuesta por múltiples hechos, una ínfima parte: aquella que consideran importante. Uno se pregunta entonces si la información es "objetiva", si deforma o no los hechos [...] Este punto de vista del "sentido común" debe ser abandonado.
La actualidad como realidad social en devenir existe en y por los medios informativos. Esto quiere decir que los hechos que componen esta realidad social no existen en tanto tales (en tanto hechos SOCIALES) antes de que los medios los construyan. Después de que los medios los han producido, en cambio, estos hechos tienen todo tipo de efectos: un gobierno toma tales o cuales decisiones; otro reacciona de tal o cual manera; ambos, por supuesto, utilizan los medios para que sus actos se conviertan en acontecimientos sociales. Después de que los medios los han producido, los acontecimientos sociales empiezan a tener múltiples existencias, fuera de los medios[...]
Si el sentido común se resiste a aceptar este punto de vista, es sobre la base de un gigantesco malentendido en torno a las nociones de "hecho" y de "experiencia", vale decir, un malentendido acerca de la relación entre el orden individual y el orden colectivo en una sociedad mediatizada."

Los medios, "máquinas de producción de realidad social" nos dice Verón.

Lo expresado por Aníbal Fernández, en otro órden, da cuenta de este espíritu constructivo de los medios, ahora en el marco de una profunda lucha visible de intereses no sólo económicos sino también simbólicos:
"La síntesis, los medios de comunicación no son la realidad. No la reflejan tal cual es. Tampoco son su espejo. La actualidad periodística es una construcción. Es el producto final del trabajo de un equipo de profesionales: periodistas, fotógrafos, jefes de redacción, diseñadores, editores, etcétera.
Introduzco estos conceptos, remanidos acaso, para avanzar a un tema que todavía no se ha develado respecto de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y es que el debate de fondo es entre incluidos y excluidos."


Resulta increíble pensar que una periodista de trayectoria pueda hacerse la zonza en uno de los temas cruciales y fundamentales que aprende cualquier estudiante de comunicación en su primer año de carrera. Pero además, cuesta aceptar la virulencia con que se posiciona en el discurso, desnudo de toda credibilidad y argumento, sintiéndose más cómoda en el "holding maldito" que frente a una audiencia que, en gran medida, ya no será la misma y comienza a requerir por parte de los periodistas el compromiso y la honestidad perdida.

Y hablando de construcciones, las que no son sólidas vuelan como un castillo de naipes tuego de ser arrasado por algún viento de sentido libertario y esclarecedor.



/Esta nota cuenta con los aportes de la edición de octubre de LE MONDE diplomatique, edición Cono Sur y el blog REGISTROMUNDO en el cual pude escuchar el audio del programa de Continental./

domingo, 18 de octubre de 2009

Descubrimiento de la Patria

---- I ----

Dije yo en la ciudad de la Yegua Tordilla:
“La Patria es un dolor que aún no tiene bautismo”.
Los apisonadores de adoquines
me clavaron sus ojos de ultramar;
y luego devoraron su pan y su cebolla
y en seguida volvieron al ritmo del pisón.

---- II ----

¿Con que derecho definía yo a la Patria,
bajo un cielo en pañales
y un sol que todavía no ha entrado en la leyenda?
Los apisonadores de adoquines
escupieron la palma de sus manos:
en sus ojos de allende se borraba una costa
y en sus pies forasteros ya moría una danza.
“Ellos vienen del mar y no escuchan”, me dije.
“Llegan como el otoño, repletos de semilla,
vestidos de hoja muerta.”
Yo venía del sur en caballos e idilios:
“La Patria es un dolor que aun no sabe su nombre”.

---- III ----

Una lanza española y un cordaje francés
riman este poema de mi sangre.
Yo también soy un hijo del otoño
Que llegó del oriente sobre la tez del agua.
¿Qué harían en el sur y en su empresa de toros
un cordaje perdido y una lanza en destierro?
Con la virtud erecta de la lanza
yo aprendí a gobernar los rebaños furiosos;
con el desvelo puro del cordaje
yo descubrí la Patria y su inocencia.

---- IV ----

La Patria era una niña de voz y pies desnudos.
Yo la vi talonear los caballos frisones
en tiempo de labranza,
o dirigir los carros graciosos del estío,
con las piernas al sol y el idioma en el aire.
(Los hombres de mi estirpe no la vieron:
sus ojos de aaritmética buscaban
el tamaño y el peso de la fruta.)

---- V ----

La Patria era un retozo de niñez
en el Sur aventado, en la llanura
tamborileante de ganaderías.
Yo la vi junto al fuego de las hierras:
estampaba su risa en los novillos;
o junto al universo de los esquiladores,
cosechando el vellón en las ovejas
y la copla en las dulces guitarras de septiembre.
(No la vieron los hombres de mi clan:
sus ojos verticales se perdían
en las cotizaciones del Mercado de Lanas)

---- VI ----

Yo vi la Paria en el amanecer
que abrían los reseros con la llave
mugiente de las tropas.
La vi en el mediodía tostado como un pan,
entre los domadores que soltaban y ataban
el nudo de la furia en sus potrillos.
La vi junto a los pozos del agua o del amor,
¡niña y trazando el orbe de sus juegos!
Y la vi en el regazo de las noches australes,
dormida y con los pechos no brotados aún.

---- VII ----

Por eso desbordé yo mi copa de tierra
y un cachorro del viento pareció mi lenguaje.
Por eso no he logrado todavía
sacarme de los hombros este collar de frutas,
ni poner en olvido aquel piafante
cinturón de caballos
ni esta delicia en armas que recogí en Maipú.

---- VIII ----

Guardosos de semilla, vestidos de hoja muerta,
los hombres de mi clan ignoraron la Patria.
Con el temblor sin sueño del cordaje
la descubrí yo solo allá en Maipú.
Y, de pronto, en el mismo corazón de mi júbilo,
sentí yo la piedad que se alarmaba
y el miedo que nacía.
“La Patria es un temor que ha despertado”,
me dije yo en el Sur y en su empesa de toros.
“Niña, y pintando el orbe de su infancia,
en su mano derecha reposa la del ángel
y en su izquierda la mano tentadora del viento.”

---- XI ----

Tal fue la enunciación, el derecho y la pena
que traje a la Ciudad de la Yegua Tordilla.
Y así les hablé yo a los inventores
de la ciudad plantada junto al río
y a sus ensimismados arquitectos
o a sus frutales hombres de negocio.
“La Patria es un dolor en elumbral,
un pimpollo terrible y un miedo que nos busca:
no dormirán los ojos que la miresn,
no dormirán ya ell sueño de los bueyes”.
(Los apisonadores de adoquines
masticaban su pan y su cebolla.)

---- X ----

Y así les hablé yo a los albañiles:
“La Patria es un peligro que florece:
niña y tentada por su hermoso viento,
necesario es vestirla con metales de guerra
y calzarla de acero para el baile
del laurel y la muerte”.
(Los albañiles, desde sus andamios
hacían descender caautelosas plomadas.)

---- XI ----

Y dije todavía en la Ciudad,
bajo el caliente sol de los herreros:
“No sólo hay que forjar el riñón de la Patria,
sus costillas de barro, su frente de hormigón:
es urgente poblar su costado de Arriba,
soplarle en la nariz el ciclón de los dioses
la Patria debe ser una provincia
de la tierra y el cielo”.

---- XII ----

Me clavaron sus ojos en ausencia
los amontonadores de ladrillos.
Los abismados hombres de negocio
Medían en pulgadas la madera del norte.
Nadie oyó mis palabras, y era justo:
Yo venía del Sur en caballos y églogas.

---- XIII ----

Y descubrí en mi alma: “Todavía no es tiempo:
No es el año ni el siglo ni la edad.
La niñez de la Patria jugará todavía
mas allá de tu muerte y la de todos
los herreros que truenan junto al río.”

---- XIV ----

La Patria no ha de ser para nosotros
una madre de pechos reventones;
ni tampoco una hermana paralela en el tiempo
de la flor y la fruta;
ni siquiera una novia que nos pide la sangre
de un clavel o una herida.

---- XV ----

Yo la vi talonear los caballos australes,
niña y pintando el orbe de sus juegos.
La Patria no ha de ser para nosotros
nada más que una hija y un miedo inevitable,
y un dolor que se lleva en el costado
sin palabra ni grito.

---- XVI ----

Por eso, nunca más
hablaré de la Patria.



Leopoldo Marechal



Que la Patria sea hoy, más que nunca, el lugar donde los pueblos tejen sus sueños felices para verlos florecer en los campos abiertos, donde el sol ilumina la utopía de la hora.

Felicidades a todos los que sienten que el 17 de octubre debe ser traído al presente para rescatar y resignificar su mejor legado. Que indagar el pasado sea el ejercicio crítico y noble de salvar las luces de los ideales perdidos, aquellos que las generaciones extraviaron en los laberintos de la represión y el silencio.

viernes, 16 de octubre de 2009

Mi pequeño homenaje a la Negra

Todavía estoy asimilando el hecho de que ya no está. Y también, tratando de buscar un sentido a esa resignificación o descubrimiento que hacemos de ciertos artistas cuando ya no están. Sobre todo con aquellos que han dejado una impronta de trabajo coherente y esforzado, de compromiso y solidaridad. La lucidez de ciertos artistas nos marcan el camino de la hora, arrojan luz sobre los imponderables del tiempo, la contingencia de la vida y las huellas de la historia.
Por eso, a pesar de haberla visto en tantos festivales populares, en las noches doradas del Cosquín; es hoy que la tomo entre mis manos y acerco su canto hacia mi corazón intentando impregnarlo de la militancia comprometida que a través de la música desarrolló la querida Negra.
Por eso mi homenaje hoy en este blog, atreviéndome a confesar que desde que no está me acompañan sus canciones diariamente porque, de manera increíble, se convirtieron en la banda de sonido necesaria para las luchas que estamos atravesando.

Y dejo una canción ejemplar, junto con unas palabras suyas que recogí de un blog y me parecieron magníficas.

"Si la gente no entra a defender los objetivos de la Carta de la Tierra, ésta no sirve. Nosotros, la sociedad civil, tenemos que vigilar permanentemente que se cumplan estos compromisos. No tiene que venir la ONU a defender el medio ambiente, nosotros debemos hacerlo. No se trata de una canción, sino de la vida, es la vida o la muerte. Pero no sé qué pasa, parece que la humanidad tiene como un olvido de las cosas. Ocurren los hechos, se levantan voces de protesta y después se callan. Por ejemplo en un aniversario del estallido de la bomba de Hiroshima y Nagasaki sólo asistieron 20 personas. Tenemos que luchar contra el olvido. Es necesario organizarnos para que se mantenga vigente la Carta de la Tierra. Yo tengo que salir a cantar, ése es mi trabajo, pero seguiré hablando de estas cosas".

Mercedes Sosa


lunes, 12 de octubre de 2009

Crónica interior de una jornada inolvidable


El viernes 9 de octubre se inscribió en mi memoria y en las estructuras del sentir como un momento inolvidable.
Ese día, esperado con ansias durante meses, confluyó en una plaza repleta de almas vibrantes; las mismas que saben llenar de mística el aire con sus cantos, sus colores y andares. Porque de eso se trató, de revivir o de inaugurar en cada uno de nosotros una pasión olvidada.
A fuerza de desconocimiento, de desconfiaza, de desinterés. O a fuerza de destierro, de terror y de prohibiciones. Las consignas de justicia social se habían desvanecido en los cuerpos maltratados del pueblo, que recibieron la noticia del "fin de la historia, los ideales y la utopía".
Ese sentido común neoliberal fue socavando la participación ciudadana, con la edulcorada promesa jamás cumplida de la felicidad a través de un mercado eficiente. El mismo sentido común que nos indujo a temerle a multicolores banderas, a consignas libertarias o a principios de otros grupos, haciéndonos confluír en la unidad de la celeste y blanca para camuflar sus intereses particulares en esos colores del cielo del que nos sentimos parte. La "Patria" era capitalista en su fase neoliberal y no había giro de la historia que pudiera destruír este científico silogismo.
Así pasaron de moda los cantos de la política, con la política misma presa de las garras de poderes emergentes y concentrados que sustituyeron el poder transformador a favor de las mayorías para convertir a la política en un producto de mercado que se contruye y vende desde los escenarios de los medios de comunicación.
Las nuevas generaciones, en su mayoría, fueron paridas desde la apoliticidad y el desencanto. Los vaivenes de nuestro país, desprotegido de una conciencia ciudadana firme y participativa, parieron a su vez a marginados, sujetos sujetados y niños sin futuro. El espacio público era de puro tránsito; la escuela y la universidad, un camino de pasaje; la televisión, la "ventana al mundo reflejando nuestra decadencia". La política ya no se hacía en las calles, las escuelas no nos enseñaron a formar nuestras propias opiniones. Y el desánimo era mayor que la utopía y la queja era más feroz que la iniciativa decidida a cambiar las cosas.
El desprestigio por la historia nos llevó a aceptar el injusto estado de cosas. El nombre de estas cosas decreta su existencia y muchas de ellas permanecieron incuestionables por el sólo hecho de creerlo así.
Pero como en toda época, algunos sucesos vienen a trastocar la pretendida realidad fija de lo existente. Es en esos procesos donde el despertar de ciertas conciencias se hace posible a la luz de las verdaderas contradicciones de los procesos sociales.
Porque... ¿qué es la política y la democracia sino esa lucha de intereses y contradicciones?.
Pero procuraron hacernos creer en el concenso, nos negaron la verdad, nos secuestraron la palabra. Para muchos era legítimo pensar que bastaba con las voces de siempre para entender qué pasa en el mundo y cuál es su dinámica. Esa verdad subyacente a toda construcción arbitraria de realidades impuestas desde los sectores de poder, los que se volvieron dueños de la palabra y censuradores de realidades preexistentes o simultáneas.
La política fue víctima de esta cárcel mediática, vocera del establishment, usina del pensamiento neoliberal sustentado por dogmáticos economistas y por comunicadores que naturalizaban el caos y cuya mayor expresión de humanidad era tan sólo la indignación.
Y creo no tener que aclarar que cuando hablo de esto me refiero a todos aquellos medios que se han convertido en la voz hegemónica de las comunicaciones. Porque tenemos la mala costumbre de crear actores como "campo", "medios", "oposición" sin precisar sus límites e incurriendo en indefiniciones.
La política entonces fue entonces la hija bastarda de los ideales justos que quedaron a medio camino. No se podía dar ni un peso por ella, porque se creía que era tan oscura que ese peso jamás iba a volver. Nos quisieron apolíticos, ahistóricos, acríticos. Nos prefirieron indignados. Porque la indignación es un perro que sólo ladra y busca culpables en todo, menos en donde la culpa tiene razón de ser. Un ciudadano indignado es la bella música altisonante, pero inofensiva, que le gusta escuchar al poder. Porque sin conciencia política, sensibilidad social y conocimiento de la historia para accionar sobre el presente, ningún ciudadano es "peligroso".
Pero la historia se mueve más allá de nosotros. Viene a derrumbar castillos de naipes con la voracidad de un tsunami gestándose en las sombras. El 2003 fue el padre de la gesta, y sus resultados en mi vida se vieron recién en el 2007.
Muchos jóvenes se han sentido tocados e interpelados por diferentes procesos políticos a través de la historia.
El kirchnerismo, con todos sus giros, virtudes, errores y contradicciones, vino a dar luz a una conciencia y a una pasión colectiva en mi vida. Por un lado, permitió que me defina y que vaya construyendo una identidad que todavía está en curso. Puso de relieve actores desconocidos y sucesos ignorados: piezas fundamentales para intentar saber dónde estaba parada. Sus propias torpezas, paradójicamente, sirvieron para descubrir a otros canallas que aparecieron en la escena pública y ayudaron a develar sus oscuros intereses. Fue este el proceso que me permitió romper con el cerco del tabú político y definirme como peronista, adscribiendo explícitamente a los principios de justicia social, soberanía política e independencia económica que planteó ese movimiento desde el 45 (y poder discernir que un hombre que dice ser peronista puede muy bien no serlo). Pero también, me llevó a inscribirme moral, espiritual y cognoscitivamente a otros movimientos políticos y sociales que bregaron y bregan por la justicia social. En fin, el proceso iniciado desde 2003, me abrió la puerta a un universo desconocido y necesario.
Con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual desplegué, por primera vez, mi artillería militante. Me involucré hasta los huesos con una construcción de trabajo colectivo sin precedentes. El valor simbólico y efectivo de esta ley me llevó, como a tantos otros, a luchar con las falacias pregonadas por pantallas y desde las voces callejeras que reproducían el clishé (zona muerta de pensamiento, como dijo Sandra Russo) de la exaltación apocalíptica.
Después de semanas empapadas de la alegría por el trabajo colectivo con un grupo de jóvenes y adultos extraordinarios, de mesas en plazas para informar sobre la ley, de debates larguísimos con gente desinformada y gente reaccionaria, del festejo por la media sanción en diputados, llega este 9 de octubre que se fijó como un verdadero momento bisagra en nuestras vidas.
La plaza del Congreso quedaba chica para el júbilo circundante. El escenario montado por la Coalisión para una Radiodifusión Democrática se convirtió en el lugar desde donde los verdaderos luchadores contraargumentaban la mentira sin argumentos de algunos senadores dentro del recinto.
No faltó el baile, el canto, el coro, el bombo, las manos doloridas de aplausos, el grito liberado, el llanto no contenido, el recuerdo de los que no están. No faltó el rememorar de los más grandes, de sus épocas de silencio impuesto por medio de la represión. No faltó la predominancia de una juventud que acaba de despertar. No faltó que se piante en mi viejo un lagrimón, ni la sorpresa del encuentro con caras inesperadas, ni la mística de los ojos de los integrantes de los pueblos originarios. No faltó nada, aunque sobró el ninguneo con planos cortos de muchos medios de información.
Amanecimos en el café de Plaza del Carmen: las agrupaciones, los ciudadanos independientes, las organizaciones sociales, los actores, los periodistas, los intelectuales. Vimos el sol con un canto en la garganta, abrazamos la coronación de una lucha que aún queda por andar, pero que nos ha permitido volver a creer.
La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es más que una ley ganada: es un legado a proteger, es el símbolo de la lucha efectivizada a fuerza de convicciones y pelea sin amedrentamiento. Es reivindicación de la diversidad cultural de los pueblos y firme posición contra el avasallamiento de las realidades impuestas.