lunes, 28 de marzo de 2011

Regresos y desafíos

La fuerza del acontecer político, social, cultural_ tanto en el esquema nacional como mundial_ tracciona de mil maneras estas letras que suelen tomarse grandes descansos del soporte digital bloguero.

Desde hace un tiempo asistimos a la explosión de los blogs, facebooks y twitters como redes sociales que permiten anclar diferentes hechos de actualidad sobre los cuáles opinar y esos medios se combinaron a los tradicionales de la prensa gráfica, la radio y la TV para informarnos.

Mi blog queda discontinuado cada tanto debido a otras prácticas y aprendizajes, pero en el fondo siempre me culpo por no oxigenarlo. Es una culpa que proviene de las ganas, y a veces de la necesidad, de plasmar un recorrido de la mirada, del intelecto, del sentimiento. En realidad, el producto que surge del vínculo de esos elementos.


Por eso estoy acá intentando armar esta nota de opinión. Y escribo sin la pretensión de originalidad, de hallazgo noticioso, de giro espectacular (acaso muy pocos existan).


El objeto construído, recortado, no tiene bordes definidos o claramente delineados. Es un objeto caprichoso que se nutre de las muchas aristas de la información y la desinformación de estas semanas. La catástrofe de Japón y el tratamiento "apocalíptico" que realizaron algunos medios de información, como Canal 13 del Grupo Clarín, con sus tonos de voz tan característicos del clima tenso que generan (como diría la conductora María Laura Santillán "un indicador que mete miedo"). La aprobación para que Estados Unidos, Inglaterra y Francia intervengan militarmente Libia, el despliegue del gastado discurso donde los países que siguen operando con lógicas imperialistas se embanderan de democracia y derechos humanos, mientras en el país africano se riega la sangre y el cuestionado líder libio proclama venganza.

La victoria del FPV en Catamarca y el vergonzoso despliegue de las elecciones en Chubut a manos del aparato del PJ Federal (cómo cuesta llamar "peronismo" al rejunte conformado por personajes como Das Neves, De Narváez, Duhalde, Camaño, Solá)

La multitudinaria marcha por los 35 años del Golpe Cívico-Militar (en realidad, al menos podría hablarse de dos marchas: la de los grupos de izquierda que no comparten la estrategia del Gobierno y ven a éste como un enemigo político y la marcha encabezada por miembros de Abuelas, Madres e Hijos que se declaran abiertamente kirchneristas y reivindican un rumbo de profundización de los cambios.) También podríamos incluír a otros factores "dispersos" (pero bien integrados a la consigna y al compromiso) los llamados "independientes" o, como prefiero decir para referirme a ellos, los no agrupados. Pero lo que queda en claro es que toda esa diversa convocatoria estaba pidiendo Memoria, buscando Verdad y reclamando Justicia. La juventud sigue siendo un dato sobresaliente, en lo particular lo que más me impresiona es detectar grupos familiares casi completos y enorme cantidad de bebés y chicos muy pequeños junto a sus padres, hermanos, y también abuelos. Cabezas de familia que asumen la reconquista del espacio público, que quizá en sus épocas de juventud no pudieron habitar, y quieren hacer partícipes de ello a sus hijos, en este presente donde la historia nos da la oportunidad conseguida tras la lucha.

Debe enorgullecernos este despertar como pueblo. Las diversas manifestaciones multitudinarias, pacíficas, llenas de mística, de creatividad, de consignas, de compromiso no son hechos aislados sino que vienen teniendo una continuidad y en cada una de ellas se asientan los conceptos y las convicciones, se respira profundo, se inhala el aire militante para recobrar fuerzas, volver al trabajo, al barrio, a la casa y tratar de ser consecuentes con ese trabajo militante que no es otra cosa que una conciencia ciudadana, profundamente humana.

No dejo de sentir cierta pena por no poder estrechar la mano con pibes y pibas, jóvenes militantes de partidos de izquierda, que si bien nos reconocemos en una lucha contra la impunidad, prefieren asociar cómoda y linealmente al kirchnerismo con el neoliberalismo menemista, con las patotas sindicales, con la represión. No me creo una "iluminada" que defiende lo "único verdadero", pero siento que muchas veces su militancia se debilita, se dispersa al pifiarle tan feo al enemigo político, descontextualizando históricamente a nuestro país en muchos casos. También va la autocrítica para nuestras agrupaciones, que muy bien supo sintetizar en una charla brindada en la Facultad de Ciencias Sociales el compañero Norberto Galasso: no hay que hacer militancia por la militancia misma, sino llenar de contenido, de debate, de conciencia el acontecer político y cultural actual, pero también la visión retrospectiva vinculada con nuestro pasado (una forma de decir sutilmente "muchachos, sólo con la mística no hacemos nada")


Por otra parte, lo último en cuestión noticiosa fue el bloqueo que trabajadores gráficos realizaron a Clarín, impidiendo la distribución de los ejemplares del domingo. El mismo diario que, junto con La Nación, soslayó la marcha del 24 de marzo (una fecha que refiere a cuestiones que salpican a ambos medios) tuvo como decisión editorial enmascarar su clásica tapa, la que machaca y recae siempre en lo mismo, con una tapa en blanco que remitía a la edición que quedó truncada por el bloqueo. Ya no asombra que Clarín haya decidio quebrar lo que alguna vez fue el contrato de lectura con su público: un diario que se mostraba objetivo, que tenía pretensión de serlo, que intervenía a través de sujetos tácitos, borrándose lo más posible como sujeto de la enunciación (aunque sepamos que siempre está presente, que siempre hay una voz, una mirada recortada, un sujeto que se hace cargo del discurso y que en el propio recorte construye y plasma su subjetividad aunque no diga "yo"). Clarín, como grupo corporativo, no puede negar el hecho de que el nuevo tiempo histórico, movido por diversos actores políticos y una jugada clara del Gobierno, ha vuelto la mirada y ha hecho foco en el papel de los medios de comunicación, quebrado el estatuto de verdad de los medios informativos para atribuírles la función de lo que todos los medios hacen: construír un determinado relato de la realidad. El contrato se quiebra para dar lugar a una defensa de intereses corporativos que, sin embargo, se enmascaran bajo la entelequia de la "libertad de prensa" y lo que constituye un conflicto gremial que los trabadores de Artes Gráficas RioPlatenses tienen con la empresa que no les da garantías sindicales y paritarias, se transforma para el Grupo económico y sus férreos defensores en un zarpazo a la democracia. Ni lerdos ni perezosos Lanata, Pino Solanas, Julio Cobos, Rodriguez Saa, Luis Majul, Mariano Grondona salieron a repudir el hecho. Desde los zócalos de TN retumbó durante todo el día domingo un texto que hacía referencia a que este suceso fue "el más grave desde la vuelta a la democracia". Es decir, según este medio, su libertad de salir a la venta atañe a una cuestión democrática, pero no parece serlo el hecho de que trabajadores gráficos estén luchando hace más de 8 años por reivindicaciones laborales. Como no tiene nada que ver con la democracia, parece válido para estos medios soslayar la cuestión gremial o, mejor aún, teñirla de conspiraciones políticas en lo que se ha dado a llamar la "guerra" entre Clarín y el Gobierno.


Yo tengo mi reparo con esta concepción. No creo en una guerra Clarín-Gobierno, sí creo en una apuesta fuerte del Gobierno, como actor coyuntural de un determinado periodo histórico, en una guerra que Clarín le declaró desde hace muchos años al pueblo argentino (desde el apoyo a los militares genocidas, la oscura adquisición de Papel Prensa, los negociados con políticos, los intereses multinacionales, la apropiación de niños, la estafa de las AFJP y el Fútbol). Y en esa guerra el Gobierno asumió el rol de impulsor de una ley que viene a desmonopolizar ese espectro radioeléctrico que es patrimonio de la humanidad.


Sí creo que en momentos de transformación social, de cambios de paradigmas o reinserción y resignificación de conceptos olvidados la sociedad tiende a una polarización. Pero ésta, aunque muchas veces sea presentada y reducida por ciertos actores sociales como una lucha entre "buenos" y "malos", no es otra cosa que una división que surge de las actitudes frente al cambio. Si el debate sobre los medios, sobre la relación medios y política, el cuestionamiento a los dogmas de la política económica neoliberal, el enjuiciamiento a los genocidas del Proceso, la destrucción de clichés, la desnaturalización de ciertos procesos sociales son hechos objetivos, irrevocables, irreversibles; ese cambio nos coloca frente a la decisión de aceptarlos y apoyarlos o de resistirlos. Hay momentos bisagras que reconfiguran un hecho, una corriente de pensamiento, una conducta social y frente a ese cambio no se puede poner los pies en cada uno de los bloques del iceberg partido. Se está o no se está a favor del juicio a los genocidas, se está o no se está a favor de la asignación universal por hijo, de la reindustrialización del país, de la ley de medios. Después pueden ser divergentes las estrategias, los abordajes.


Por eso es que no pienso en lógica binaria de "buenos" y "malos". Mi condición de militante del Proyecto encarado por Néstor y Cristina, el afecto y la pasión que uno involucra en cada uno de sus actos como militante, no me impiden realizar un juicio crítico. Sí hay matices, sí hay grises; y todo el espectro de colores que uno se imagine porque hay diferentes historias personales, tradiciones políticas, itinerarios colectivos e históricos. Hay personas afines al kirchnerismo cuya trayectoria parece más coherente; otras sobre las que ponemos constantemente la duda. La contradicción es parte de todo fenónemo social. Lo cierto es que este tiempo nos permite involucrarnos desde lo intelectual, el accionar concreto y la dimensión afectiva. No veo porqué un apasionado, un convencido de ciertos ideales, un iluminador y sembrador de ciertas utopías deba ser tildado de fanático. Muchas veces este mismo concepto le sirve a la derecha más rancia para hacer un inaceptable paralelismo entre la pasión militante de los jóvenes (y no sólo de los jóvenes) y los regímenes fascistas europeos. El miedo por este absurdo se dispersa toda vez que el jóven militante adquiere conciencia a través de su formación en la educación formal y en la militancia colectiva siendo capaz de debatir, de discernir, de crear, de transformar, de respetar, de incluír.


Mucho falta aún, reivindicaciones de derechos humanos que siguen siendo violentados como los de los pueblos originarios o de ciertas minorías étnicas, sexuales. Debates y acciones concretas sobre minería a cielo abierto, sojización del suelo, grandes formadores de precios, ley de entidades financieras, despenalización del aborto, ley de tierras, ley de adopción, problemática de extranjerización del suelo, de los recursos naturales y tantas cosas más que deberán ser impulsadas políticamente pero traccionadas por el movimiento popular. Porque si algo aprendimos en estos años es que las conquistas colectivas se dan a través de la lucha conjunta, de los actores sociales en la calle, reclamando por sus derechos. Esto que resulta antiquísimo como fenómeno mundial había sido borrado de nuestra memoria colectiva tras décadas de represión y desmovilización.


En un año electoral que ya arrancó, no hay batallas ganadas de antemano. La formación, el debate, el juicio crítico tienen que ir de la mano de la presencia popular y las diferentes formas de militancia y compromiso. No engañar al pueblo (o al público en el caso de los medios) acerca de los intereses perseguidos. Reafirmar un camino nacional, popular y latinoamericano son los ejes fundamentales de ese horizonte donde la utopía de los sueños emancipatorios se puede tornar real.