sábado, 28 de junio de 2014

La trilogía de Walsh: literatura, investigación periodística y compromiso político.


“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.”

Rodolfo Walsh


Esta nota es el resultado de la lectura de tres obras imprescindibles de este autor: Operación Masacre, ¿Quién mató a Rosendo? y Caso Satanowsky. Lectura atenta y apasionada, por momentos angustiante. Una angustia que es producto de las preguntas que se formula el autor y que no encuentran respuesta en su tiempo, de la brutalidad y la indignidad con que se conducen quienes deberían bregar por las víctimas frente a la Justicia, en los sindicatos, en las dependencias policiales, en las instituciones políticas y en los medios de comunicación frente a la opinión pública. Estas investigaciones de Rodolfo Walsh mantienen la capacidad de interpelar a la nueva generación de lectores. En sus textos se enciende, renovada, la denuncia de hechos que atravesaron a nuestra historia y que son paradigmáticos para intentar comprenderla.

Su obra y su persona reclaman miradas atentas, que sepan captar su complejidad por la diversidad de aristas desde las cuáles es posible abordarlas. Una de las interpretaciones posibles nos permite afirmar que estas obras son inescindibles de la historia y los avatares de su autor. El recorrido por los tres libros lleva el signo de las metamorfosis del propio Walsh en sus posicionamientos políticos: desde una juventud en el nacionalismo de derecha hasta su adhesión al peronismo revolucionario y la crítica demoledora a la oligarquía y a la “Revolución Fusiladora” de Aramburu y Rojas. Pero lo más importante es que estas obras mantienen intactos los rasgos fundamentales para rescatar su trabajo como un modelo periodístico y de compromiso histórico-social y se convierten en ejes de diferenciación con el periodismo dominante. Estos rasgos son: dar testimonio en momentos difíciles, transformar la impunidad en denuncia y, principalmente, contar la historia desde la perspectiva de la víctima.

Una actitud frente a los hechos y a la forma de encarar la tarea periodística que estuvo ausente en esa profesión durante tantas décadas, en las que nos acostumbramos a los “periodistas-vedettes”, cuyas anteojeras ideológicas, posiciones de privilegio o adhesión al sistema les impide denunciar culpables y hablar de los temas que incomodan al poder naturalizando así la injusticia. Para quienes vivimos la hegemonía del periodismo como corporación que defiende sus propios intereses, Walsh es un soplo de viento sureño que viene a despertarnos. Y no porque se busque sacralizarlo sino porque en sus contradicciones se afirma mucho más su coraje y honestidad. Él mismo expresa en el epílogo de 1964 en Operación Masacre una desilusión por lo que consideraba su oficio y por las instituciones, los miedos y la búsqueda de sentido que atraviesan todo su accionar. Se cuestiona, se revisa y, si es necesario, se retracta. Actitud poco común en este oficio.

Los diferentes crímenes constituyen los hechos narrables y son los puntos de partida que suscitan el interés periodístico. Pero Walsh no se detiene en la simple descripción de un hecho ni en la postura del periodista indignado con la corrupción policial o sindical. Su escritura permite una lectura en clave política e histórica. Recompone los lazos entre el hecho, sus causas y consecuencias, suscitando la crítica hacia el sistema. Esta es otra notable diferencia con el relato periodístico imperante que trata a los hechos como acontecimientos aislados sin denunciar y explicar las condiciones estructurales que les dan forma. Es admirable que el Walsh de Operación Masacre, que no adhería al peronismo, haya sido capaz de retratar tan sencilla y humanamente la lucha del pueblo trabajador que sufría las vejaciones del nuevo régimen golpista. Tener la lucidez de vincular los fusilamientos a una trama mayor: el profundo desprecio hacia el pueblo y el terror a las transformaciones sociales. A partir de allí preguntarse qué significaba ser peronista y encontrar en esa cosmovisión el elemento subversivo que habilitaba el aniquilamiento del movimiento de liberación más grande de la clase trabajadora que luchaba por sus derechos. Walsh abre entonces la posibilidad de una serie histórica acerca de las tragedias que signaron nuestro país, a las cuáles podemos ir a interrogar para comprender qué nos pasa.

Por eso es posible afirmar que en sus obras es patente la tensión entre literatura, periodismo y política. Se aleja de la literatura policial donde no se cuestionan a las instituciones y la resolución del crimen por parte de detectives o fuerzas del orden reestablecen un cierto equilibrio[1]. Walsh inaugura un nuevo género, el del relato testimonial, enmarcado en lo que se conocerá como narrativas de no ficción. Walsh politiza su discurso, se compenetra con la investigación, reelabora el pensamiento crítico y permite así reinventar los imaginarios populares.

El autor se lanza a la investigación con precisión y detalle de los días, horarios, lugares, declaraciones, y descripción de situaciones y personajes. En los tres libros el lenguaje es claro y sencillo, sin perder contundencia. La organización de la información es muy similar: la presentación de hechos y personajes, la investigación, la reconstrucción de los hechos, la evidencia y, por último, las conclusiones parciales y las enseñanzas. Utiliza ampliamente la ironía para dejar sentado su posicionamiento. Le habla a un público amplio al que no considera pasivo y busca llamarlo a la acción. Pero también les habla desde sus páginas a los asesinos y a los encubridores. Para Walsh en sus investigaciones no hay finales concluyentes ni verdades reveladas. Primero porque no cree en tales verdades, su producción no intenta mostrarse como concluyente y está sometida a reelaboraciones y reescrituras. Pero, fundamentalmente, porque aún contando con la evidencia que condena a los culpables las instituciones que debían juzgarlos se mantienen en el silencio y la inacción. Walsh recoge una amplia variedad de testimonios, se entrevista con los implicados, le da la palabra a las víctimas y transcribe literalmente sus dichos. Con esa decisión los habilita a intervenir, les da entidad y retrata su universo, su procedencia social, su cosmovisión. Hay un rico entrecruzamiento de géneros discursivos: el relato policial, la denuncia, la investigación periodística, las historias de vida, el testimonio. Walsh sostiene una ética de la investigación y un rigor informativo que le permite fundamentar con pruebas, planos y testimonios cada uno de sus dichos. 

Otra diferencia con el periodismo hegemónico es el hecho de sentirse insultado ante la violencia, el crimen y la impunidad. Pese a vivir en una época de proscripción y violencia no se victimizó como lo hacen nuestros periodistas coléricos ante la “falta de libertad de expresión” o el “acoso a la prensa independiente”. Se comprometió e investigó para encontrar a los responsables exponiendo su propia vida, cambiando sus hábitos, resignando su tranquilidad. El de Walsh es un modo de concebir al periodismo que mantiene una distancia abismal con el periodismo de escritorio, de cócteles en embajadas y en reuniones con empresarios, de intereses propios o ajenos que hay que defender a través de las pantallas, los micrófonos o el papel. Lejos de todo codeo con los poderosos del sistema, Walsh era conciente que la información y la comunicación implican poder, por eso remó en contra de una maquinaria de impunidad y silencio. Este hombre observó, escuchó, se mezcló entre los oprimidos y así comprendió dónde estaba el poder real que limitaba el poder del pueblo y de las instituciones. La lucha valerosa de la resistencia peronista, el drama del sindicalismo bajo la conducción entreguista del vandorismo, el asesinato de un abogado mimado por la oligarquía que lo mata para quedarse con La Razón. Todos tienen puntos de conexión. La misma cara genocida pero con diferentes nombres se le presentará a Felipe Vallese, al negrito Floreal Avellaneda, al padre Mugica y al propio Rodolfo Walsh. En este sentido, el agregado de la “Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar” en el libro Operación Masacre es una pieza clave para entender la comprensión que Rodolfo Walsh tenía sobre el tiempo que le tocaba vivir.

Al leer Caso Satanowsky viene a la mente un paralelismo entre la metodología del general Cuaranta, encargado de la SIDE, quien quiso expropiar el diario La Razón de Peralta Ramos, con la utilizada por Videla junto a los jerarcas de los diarios Clarín y La Nación para apropiarse de Papel Prensa. En ambos casos los mecanismos son la extorsión, la violencia y la complicidad con dictaduras asesinas. Pero también coinciden los móviles: engrosar el sistema de medios concentrados para gozar de los privilegios de ser los dueños de la palabra que circula masivamente y, en el caso de Clarín y La Nación, de papel barato en desmedro de sus competidores. Frente a estos mecanismos, el pueblo despojado de la comunicación como derecho, sufrió la imposición de imaginarios sociales que poco tenían que ver con sus problemáticas y necesidades. Al contrario, aniquilaban la búsqueda de la verdad y la transformación social relegando a las grandes mayorías como simples receptores de un mensaje de exclusión. 

La experiencia de Walsh nos demuestra que los gobiernos pasan, pero los aparatos de control de información permanecen intactos en su rol de ocultamiento. Por hay que celebrar que la sociedad Argentina haya discutido y siga discutiendo en democracia el rol de nuestros medios de comunicación y que en octubre de 2009 se haya sancionado la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Un desafío, sin dudas, que nos involucra a todos y necesita nuestro compromiso para su plena aplicación.

sábado, 2 de julio de 2011


La problemática de la Modernidad
Ilustración, Romanticismo, hombre moderno y ciudad.



“La modernidad es eso: liberación de fuerzas creativas y también liberación de fuerzas destructivas” Ricardo Forster.

“El hombre es un Dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona” Holderlin.


Interrogarnos sobre la modernidad es interrogarnos sobre nuestro presente y sobre nosotros mismos como protagonistas de ese tiempo. El siglo XVIII es la cuna del proyecto de la Ilustración cuya potencia permitió construir una nueva problemática de la subjetividad en la historia. El llamado Siglo de las Luces comporta el quiebre con un mundo de verdades absolutas e incuestionables, un orden rígido y jerárquico de lo social, un Dios organizador y rector de la vida. La Revolución Francesa de 1789 constituye el hito que abre las puertas al nuevo mundo donde la historia pasa a ser construcción de los hombres a través de sus proyectos y sus utopías: Progreso, Libertad, Igualdad, Fraternidad. Pero esa profunda revolución que trastoca la sensibilidad humana y se expande al resto del mundo nos hizo también partícipes de la enorme desilusión y el desencanto de la vida. Porque la razón moderna conjugó la expansión burguesa y el régimen capitalista hasta transformarse en una razón conquistadora. Esa Ilustración se traiciona a sí misma cuando es exaltación del yo racional tratando de dar cuenta de lo que debe ser el mundo. Racionalización y desacralización del mundo. Desencantamiento de la naturaleza al dinamitar los límites puestos al conocimiento. Hombre en tanto razón, conocimiento en tanto utilidad y dominio de la naturaleza. Nicolás Casullo dijo al referirse a la Ilustración: “Ahora sólo es la razón, fuerza suprema de la nueva subjetividad histórica, el camino hacia la verdad, hacia la certeza y el porqué de lo histórico.”

El Romanticismo que funda la conciencia romántica de fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, forma parte de la crítica a la Ilustración desde la sensibilidad moderna. Reivindica a ese “yo” como centro de la cultura y del mundo pero lo puebla de mito, de sueño, de nocturnidad, de amor, de violencia, de tragedia. Está en conflicto con la exaltación de la pura razón como camino de la verdad, con la ciencia que excluye con su método las zonas oscuras, oníricas, irracionales y contradictorias que forman parte del ser, que se desentienden de la pasión, la sensación, la magia y la incertidumbre. Los románticos, creen que el arte y la poesía nos manifiestan una verdad. El yo racional se contrapone al yo-trágico-heroico-romántico enemigo del carácter homogeneizador del lenguaje científico-matemático.

Para el escritor Rafael Argullol la gran edad de la razón ha creado la angustia de la razón que “cuanto más conoce más acrecienta la nada”. El hombre se empequeñece al someter a la naturaleza, al destruir científicamente lo mágico, lo poético. El hombre romántico recupera la idea renacentista de unidad entre conocimiento y enigma y comprende así la verdadera dimensión de su poder, pero también de su soledad e impotencia. El romántico busca conocer la naturaleza sin vejarla, no son anticientíficos sino que buscan reorientar la relación entre ciencia y poesía. El autor hace referencia a que la Razón romántica se opone a la concepción del conocimiento como poder para postularlo como sabiduría y de esta manera resistir el “dominio intelectual totalitario” hacia la naturaleza y el hombre. Para los románticos la separación entre ciencia y vida convierte a la primera en la ciencia de la muerte. Abominan por ello la escisión del hombre llevada a cabo por la ciencia y por la organización de la sociedad capitalista que, a través de instancias supraindividuales como el Estado, quiebran las relaciones de identidad y sumergen al sujeto en el anonimato. Los románticos sienten así toda la angustia de su fragilidad porque en el conocimiento como sabiduría también reconocen su destino trágico en un mundo inclinado hacia la razón instrumental que signa “el espíritu de época”.

Por otra parte, Schenk también apunta a que el romanticismo crítica al racionalismo ilustrado porque “una parte esencial de la naturaleza humana estaba siendo descuidada”. Ejemplifica el irracionalismo de los románticos en una frase de Charles Nodier: “Los sueños son las cosas más dulces y quizás más ciertas de la vida.” El continuo avance positivo de la humanidad y de la historia hacia el progreso es puesto en cuestión por el autor al citar las guerras mundiales, las experiencias totalitarias y los campos de exterminio; es decir, que al optimismo ilustrado presente en Kant le opone el desencanto que los románticos ya habían experimentado en Francia cuando la revolución se volvió contra sus propios principios libertarios (citando a Rousseau como un precursor de esta corriente al cuestionar que el aumento de conocimientos conllevaría mayor felicidad). Schenk también opone el carácter uniforme y homogeneizador de la razón ilustrada (el “Estado Universal” de Napoleón), a la singularidad y peculiaridad (tanto en los sujetos como en las unidades nacionales, pero también en el arte) que exaltaban los románticos. Relatividad estética de los románticos versus belleza absoluta de los cánones clásicos. La visión de la ciudad como desiertos humanos, las nuevas urbes industriales que emanaban una fealdad que hería el sentido de belleza romántico. La reducción del hombre a un engranaje de máquina, condenando al sistema que separaba economía de política y ética. El autor destaca que la nostalgia romántica por el pasado medieval puede indicarse por la contraposición del nuevo poder centralizado y la diversidad de poderes intermedios durante el feudalismo; nostalgia explicada en la inestabilidad política que llevaba a los románticos a ver con buenos ojos la necesidad de una cierta jerarquización social. Pero también esta nostalgia estaba influida por el hecho de que los románticos vieran como pérdida irreparable que el hombre moderno se aparte de la seguridad espiritual que le brindaba el cristianismo como gran lazo social.

Charles Baudelaire (1821-1867), considerado poeta maldito de la modernidad estética, vivió en carne propia las convulsiones de un duro tiempo de transición. Un flaneur, observador anónimo flotando sobre esa ciudad a la que acaricia como una amante. Fue testigo de las banderas caídas de la Revolución Francesa, de las barricadas de París de 1848 y los embates de la reacción. En su ensayo El pintor de la vida moderna realiza una teorización de lo artístico moderno, define la belleza moderna y se interroga sobre el sujeto y espacio de su tiempo. George Simmel (1858-1918), en su texto Las grandes ciudades y la vida del espíritu, da cuenta de las condiciones que la modernidad imprime sobre el espíritu del hombre de la gran ciudad.
En Baudelaire, el pintor como sujeto moderno se lanza a la búsqueda apasionada de la modernidad, se sumerge en la multitud, en la ciudad que es ese “gran desierto de los hombres” y que representa en los trazos de las galerías de negocios, los cafés, los prostíbulos, las pensiones, los salones, el borracho, la mujerzuela, la mujer galante, la mujer como sacerdotisa, como “bello animal” o “ídolo estúpido y encantador”. Es un pintor de la circunstancia, de la contingencia que, sin embargo, busca extraer de la moda su contenido poético e histórico, lo eterno de lo transitorio. Esto puede explicarse por los aspectos turbios de una época que muestran la imposibilidad de ser objetivizados desde una racionalidad iluminadora. Si bien la modernidad pondera el presente, para el poeta también está habitada por espectros y por “flores del mal”. Lo mismo que el hombre dual de la modernidad (alma y razón), el arte, la belleza moderna están constituidas por un elemento invariable y uno contingente (la época, la moda, la moral). El pintor de la vida moderna es un enamorado de la multitud, un cosmopolita que retrata los arquetipos de su tiempo y es, al mismo tiempo, un arquetipo. Baudelaire lo caracteriza como un “hombre de mundo” o “ciudadano espiritual del universo”, en contraposición al artista como “mente de aldea” o al dandy con su tendencia al hastío, la insensibilidad social y su identidad transformada en obra de arte. Por el contrario, es un hombre-niño que recupera su infancia al ser guiado por la curiosidad de ser un observador apasionado cuyo domicilio es el mundo, que contempla la belleza de la vida y de las capitales, que conjugan lo nuevo con lo viejo donde habita lo fantasmal de la inmensa urbe sin sentimientos.

En Simmel, por el contrario, el tipo ciudadano se encuentra sometido a tantos estímulos que la intensificación nerviosa de los impulsos altera su capacidad de reacción y los transforma en un ser hastiado. Sería una antítesis del pintor apasionado de Baudelaire, porque triunfa el cálculo objetivizante en las relaciones humanas, la economía monetaria produce un mercado de anónimos, el ritmo impone la “dictadura del reloj” para preservar la unidad del sistema y la racionalidad abstracta actúa en detrimento de la realidad individual en el contacto con los otros. Cuando Simmel contrapone la gran ciudad a la pequeña ciudad de los lazos personales y le atribuye a ésta características de la ciudad antigua, se está refiriendo a que la modernidad destruyó formas de relación y pautas de conducta antiguas que sobreviven con algunas modificaciones o son residuales en ciertos espacios del nuevo tiempo. En el tiempo y ciudad de Simmel pareciera no haber lugar ya para la poesía, ni siquiera para la poesía trágica como último refugio de la sensibilidad. Quizás esto se corresponda con el feroz avance del modelo triunfante capitalista parido luego de las grandes convulsiones occidentales de los siglos XVIII y XIX. De alguna manera, el pintor de Baudelaire siente horror por el hastío y lucha contra la actitud igualadora de la vida moderna. El hastiado de Simmel busca preservarse del caos de la gran y anónima ciudad escudándose con un mecanismo llamado reserva donde la antipatía regula los contacto con los otros creando distancias para no atomizarnos en relaciones infinitas que acabarían con la vida. En Baudelaire hay un intento por separarse de lo natural y buscar la virtud en lo artificial, como un bien que es producto del arte, por eso destaca al ornamento como símbolo de distinción y el deber de la mujer de ser una entidad mágica y sobrenatural que a través del maquillaje logra parecer un ser divino y superior. Es el pensamiento religioso que anida en Baudelaire, en contraposición a las relaciones seculares y mecanizadas del paisaje de Simmel donde lo artificial, la creación del hombre, más que virtud es garantía de un sistema de dimensiones planetarias. La gran ciudad asegura la libertad porque la masificación impide las limitaciones de movimiento de una pequeña ciudad, pero impone asimismo el anonimato y la soledad.

Los debates acerca de la modernidad siguen conmoviendo al mundo de las ideas. En lo personal creo que debemos asumir la contradicción de un proceso histórico con sus claros y oscuros. Ser capaces de retomar los ideales emancipatorios que los poderes económicos decretaron muertos con el neoliberalismo que en nuestra América del Sur se impuso a través del genocidio. En una época donde esos ideales vuelven a tocar carnadura en sus pueblos a través de proyectos políticos y sociales, me parece fundamental volver críticamente sobre estas ideas para pensar nuestro presente y futuro. Por eso quiero finalizar con estas palabras de Nicolás Casullo:

“En nosotros mismos radica lo que vamos a llegar a ser, lo que no vamos a llegar a ser, lo bueno que vamos a conseguir o la catástrofe que vamos a producir en la historia concreta desde el protagonismo de las ideas.”




domingo, 29 de mayo de 2011

Mansión Seré, 11 años luchando por la verdad, memoria y justicia.

El aire congelado de la mañana se hace sentir mucho más en el sector oeste del conurbano. Olor a tierra y a pasto, un sol que apenas calienta, personas que hacen deportes en un predio de once hectáreas repleto de árboles. Dos jovencitas conversan risueñas mientras caminan. La mañana transcurre apaciblemente en el Polideportivo Gorki Grana. Una persona sin información jamás imaginaría que allí funcionó un Centro Clandestino de Detención durante la última dictadura cívico-militar. La Casa de la Memoria y la Vida que actualmente funciona en el predio el 1º de Julio cumplirá 11 años de existencia.


En el Predio Quinta Seré ubicado en la calle Santa María de Oro 3530, en el Partido de Morón, funciona el Polideportivo. En el pasado funcionó la Mansión Seré como uno de los tantos centros del horror; en el presente lo hace la Casa de la Memoria y la Vida y tienen su sede las Direcciones de Derechos Humanos y de Deportes. Paradojas de la historia, o quizás, testimonio de lucha de quienes militan por la memoria, la verdad y la justicia.
El frente de la casa tiene un cartel que dice “El Futuro habita en la Memoria”. Nos recibe Antonella Di Vruno, Directora de Derechos Humanos del Municipio. Es una mujer cálida y expresiva. En la planta baja hay una muestra de paneles permanentes con la historia de la Mansión, que es un fragmento arrancado de la historia siniestra de nuestro país durante el Terrorismo de Estado. Si cualquiera se pregunta por qué rescatar ese espacio, Antonella tiene la respuesta: “Esta casa no es sólo este dolor sino que es la resistencia”. Así comienza la larga charla que nos permite conocer más sobre la ex Mansión Seré.

Desandar esta trama nos exige retroceder a principios del siglo XX, cuando los herederos del francés Juan Seré construyeron la mansión de dos plantas con estilo arquitectónico europeo. El loteo de las sesenta hectáreas permite la construcción del barrio Seré. En 1949, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires adquiere la casa dentro de una fracción de once hectáreas. Durante años fue utilizada por la VII Brigada Aérea de Morón como casino de oficiales hasta que el estallido del golpe cambia su función.

De 1977 a 1978, la Mansión Seré (conocida como “Atila” por los represores) fue uno de los centros clandestinos más importantes del conurbano. En la zona, el circuito de impunidad se extendía también a la Regional de Inteligencia de Buenos Aires, a las comisarías 2º de Haedo y 3º de Castelar y al Chalet del Hospital Posadas. Se emplazó dentro de lo que se conoció como subzona 16 y que comprende a los Partidos de Merlo, Moreno, Morón, Hurlingham e Ituzaingo. La fuga de cuatro detenidos una lluviosa noche de marzo de 1978, llevada a la pantalla grande con la película Crónica de una fufa, provocó que la mansión fuera incendiada y luego dinamitada para destruir evidencias.

Con la vuelta a la democracia las ruinas fueron tomadas como prueba en el Juicio a las Juntas Militares. En 1985 comienzan las gestiones de traspaso del predio de la Ciudad al Municipio de Morón bajo la intendencia de Norberto García Silva. Se acuerda en ese año la construcción del polideportivo, para lo cuál fue necesario acabar con los últimos vestigios de la mansión, pese al pedido de Madres de Plaza de Mayo para impedirlo. Así se sepultaron materiales valiosísimos para comprender nuestro pasado reciente. En los años 90, el Intendente Juan Carlos Rousselot construye una casona blanca para reuniones privadas a metros de la ex mansión. La historia da un giro el 1º de Julio de 2000 con la intendencia de Martín Sabbatella. Como parte de uno de los ejes fundamentales de su gestión se inaugura allí la Casa de la Memoria y la Vida, primer espacio latinoamericano para la recuperación de la memoria colectiva.

Visitar el predio genera sensaciones contradictorias. El imaginario del terror contrasta con la apropiación que los vecinos realizan del lugar llenándolo de vida. Lo que fue parte del espiral de silencio y miedo abrió las puertas a la comunidad para sembrarse de futuro y justicia. En la Casa de la Memoria se brinda asesoramiento jurídico para los casos de violación de Derechos Humanos y orientación psicológica para afectados por el Terrorismo de Estado. Funciona una biblioteca y se coordinan talleres y visitas. Se convoca a la comunidad a participar de la producción artística, documental, ciclos de debate y festivales. También se articulan acciones con diversos organismos de Derechos Humanos. En el área de investigación, el Proyecto Mansión Seré forma parte de estudios antropológicos y arqueológicos para sistematizar información que sirva a las causas judiciales y a la reconstrucción histórica.

En 2008 el Municipio de Morón fue citado como testigo por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 5 de Capital Federal para aportar datos a la causa. Los ex brigadieres César Miguel Comes e Hipólito Rafael Mariani fueron condenados a 25 años de prisión como responsables de la subzona 16. Por otra parte, se encuentra en proceso de instrucción a cargo del Juez Daniel Rafecas la causa que contempla el circuito represivo en Morón.

La Directora de Derechos Humanos, Antonella Di Vruno, comentó la importancia de las piezas halladas por más insignificantes que parezcan. Un carozo de durazno evocó en un ex detenido el recuerdo de haber comido esa fruta luego de una sesión de tortura lo que permite desactivar mecanismo de olvido y aportar en algunos casos información relevante. También Di Vruno remarcó la importancia de que el Estado Nacional haya tomado la decisión de acompañar este proceso de reparación histórica y de memoria, porque brinda un marco de contención para el accionar de los Estados Municipales que trabajan en el mismo sentido.

El 1º de Julio la Casa de la Memoria y la Vida cumplirá 11 años y festejará junto a la comunidad el impulso transformador de la vida y la memoria contra el olvido y la impunidad. Mansión Seré es una de las piezas de la maquinaria del horror durante el plan sistemático de exterminio. Se estima que en nuestro país funcionaron cerca de 600 centros clandestinos. La reapertura de las causas en 2005, tras declarar inconstitucionales las “leyes de impunidad”, permitió condenas ejemplares, aunque los tiempos biológicos no se lleven muy bien con los tiempos de la Justicia. Según el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) de 1411 imputados por crímenes de lesa humanidad, descontando fallecidos y prófugos, se condenaron a 173. Por su parte, el Archivo Nacional de la Memoria remarca que 2010 fue el año de mayor importancia para los juicios al dictarse 107 condenas a represores, la mayoría a prisión perpetua.

Acto del día del trabajador

El viernes amaneció con el cielo encapotado. El acto del día del trabajador, convocado por la CGT fue multitudinario y su conductor, Hugo Moyano, pidió la reelección de Cristina Fernández y realizó un minucioso balance histórico de la situación del país destacando como quiebre las transformaciones ocurridas desde 2003 con Néstor Kirchner.




Para los que viajamos en el tren del ramal Suárez hasta Retiro las camisetas de “Moyano conducción”, los cánticos y los bombos rompieron el hermetismo de los viajeros desde la estación Miguelete en adelante. Lo mismo sucedió cuando, una vez llegados a la terminal, la boca del subte C se convirtió en una gran caja de resonancia de lo que tan sólo era un anticipo de la enorme movilización. Los organizadores del acto estimaron más de medio millón de personas.



Al llegar a la intersección de las avenidas 9 de Julio y Belgrano, cerca de las 11, la gran masa poblaba las calles que cotidianamente contienen la incesante circulación de vehículos. La cadencia y el ritmo de los bombos convirtieron a ese punto de la ciudad en un gran corazón palpitante. Se observaba la diversidad compuesta por los diferentes gremios, las organizaciones sociales, las agrupaciones estudiantiles y también las personas no agrupadas. La mayoría de ellos con sus banderas, consignas y colores se iban acomodando en torno del gran escenario montado con las gigantografías de Evita y Perón a los costados. En el centro, junto al logo de la CGT, la imagen de Néstor Kirchner.



La espera de la apertura del acto estuvo teñida de música popular (Kapanga, La Mosca, Los Auténticos Decadentes). Muchos posaban para la foto entre compañeros, se intercambiaban volantes y calcos con la consigna “Cristina 2011” que pegaban en los camiones, las gorras, remeras y parches de los bombos. Sobre el escenario un presentador nombraba a los gremios que se iban acercando y recitaba frases de Evita y Perón en alusión al movimiento obrero organizado.


Cerca de las 13:10 llegó Hugo Moyano, secretario general de la CGT y principal orador. Fue recibido con aplausos, redoblantes, fuegos artificiales y papelitos tirados desde los edificios. En el palco lo acompañaba la casi totalidad del Gabinete Nacional, entre ellos el jefe de gabinete, Aníbal Fernández; el ministro de Economía, Amado Boudou; de Trabajo, Carlos Tomada y de Planificación Federal, Julio De Vido. También el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, la Juventud Sindical conducida por Facundo Moyano y la juventud de La Cámpora con Andrés Larroque y Juan Cabandié a la cabeza.




Sonaron las estrofas del himno nacional cantadas a pulmón. Las primeras palabras estuvieron a cargo del dirigente del sindicato de Dragado y Balizamiento, Juan Carlos Schmid, quien leyó una adhesión a Moyano y resaltó “los trabajadores argentinos no somos ciudadanos de segunda”. A continuación la locutora oficial leyó una carta de adhesión de la Presidenta Cristina Fernández, que se encontraba en Río Gallegos al cumplirse 6 meses del fallecimiento del ex Presidente Kirchner.




Las esperadas palabras de Moyano se orientaron al apoyo del proyecto de Gobierno. El líder de la central obrera pidió que Cristina Fernández se postule para la reelección y destacó que la Presidenta es la garantía del modelo. Además remarcó que insistirán con el proyecto de participación de los trabajadores en las ganancias empresarias para llegar al “ fifty fifty” del que hablaba Perón.



El secretario general de la central obrera se refirió al acto como un día de reflexión para los trabajadores: “A partir del advenimiento de Perón al poder, el 1ro de mayo se convirtió en un día de fiesta. Con Néstor y Cristina se ha convertido en un día de agradecimiento. Hoy tiene que ser un día de reflexión…” A partir de allí orientó los ejes de su discurso sobre el pasado de lucha contra el neoliberalismo y los cambios desde 2003. Retrató a Néstor Kichner como “un hombre con arco y flecha peleando contra el ejército de la OTAN” al referirse al exiguo 22% de los votos con que asumió la presidencia el ex mandatario.




Moyano destacó medidas como la reestructuración y pago de la deuda externa, el récord de reservas, la vuelta de las paritarias como herramienta para recuperar y mantener el poder adquisitivo del salario, la asignación universal por hijo y su extensión a las embarazas, la reestatización de las AFJP, la ley de medios, las vacunas que hoy el Estado gratuitamente promueve. “Esta es la inclusión social de la que se habla y muchos no le prestan atención” dijo Moyano y pidió a los trabajadores valorar estas cuestiones a la hora de depositar el voto.
Por otra parte, fue enfático al referirse a la crítica que las corporaciones y los medios de comunicación hacen al gobierno y a su propia figura. “Ellos son los fiscales de la República, quieren ser los campeones de la ética cuando todavía ponen trabas a la justicia para hacerse el ADN” dijo Moyano en alusión al caso de los hijos adoptivos de la dueña de Clarín. También se refirió a los dichos de estos sectores cuando remarcan una supuesta obsesión suya por el poder: “Los trabajadores estamos para hacer este tipo de análisis y si es necesario, porqué no, reclamar algún cargo. ¿Por qué no?, si tenemos todo el derecho.”



El acto finalizó cerca de las 15 y la desmovilización fue pacífica, al igual que la totalidad del acto. Los vendedores ambulantes desfilaban y los carritos y puestos de comida comenzaban a desmontar su improvisada estructura. El cielo seguía encapotado, pero no hubo lluvia que lamentar. Cada tanto un fuerte viento soplaba y cuando la multitud comenzó a desconcentrarse en los sectores vacíos se formaban remolinos de papelitos. En los alrededores esperaban los micros que habían trasladado a trabajadores de diferentes partes del país. El clima festivo continuó allí, dentro de los trasportes que atravesaban la ciudad. Mientras tanto, en algunos bares la TV encendida sólo daba cuenta del casamiento real inglés.

lunes, 28 de marzo de 2011

Regresos y desafíos

La fuerza del acontecer político, social, cultural_ tanto en el esquema nacional como mundial_ tracciona de mil maneras estas letras que suelen tomarse grandes descansos del soporte digital bloguero.

Desde hace un tiempo asistimos a la explosión de los blogs, facebooks y twitters como redes sociales que permiten anclar diferentes hechos de actualidad sobre los cuáles opinar y esos medios se combinaron a los tradicionales de la prensa gráfica, la radio y la TV para informarnos.

Mi blog queda discontinuado cada tanto debido a otras prácticas y aprendizajes, pero en el fondo siempre me culpo por no oxigenarlo. Es una culpa que proviene de las ganas, y a veces de la necesidad, de plasmar un recorrido de la mirada, del intelecto, del sentimiento. En realidad, el producto que surge del vínculo de esos elementos.


Por eso estoy acá intentando armar esta nota de opinión. Y escribo sin la pretensión de originalidad, de hallazgo noticioso, de giro espectacular (acaso muy pocos existan).


El objeto construído, recortado, no tiene bordes definidos o claramente delineados. Es un objeto caprichoso que se nutre de las muchas aristas de la información y la desinformación de estas semanas. La catástrofe de Japón y el tratamiento "apocalíptico" que realizaron algunos medios de información, como Canal 13 del Grupo Clarín, con sus tonos de voz tan característicos del clima tenso que generan (como diría la conductora María Laura Santillán "un indicador que mete miedo"). La aprobación para que Estados Unidos, Inglaterra y Francia intervengan militarmente Libia, el despliegue del gastado discurso donde los países que siguen operando con lógicas imperialistas se embanderan de democracia y derechos humanos, mientras en el país africano se riega la sangre y el cuestionado líder libio proclama venganza.

La victoria del FPV en Catamarca y el vergonzoso despliegue de las elecciones en Chubut a manos del aparato del PJ Federal (cómo cuesta llamar "peronismo" al rejunte conformado por personajes como Das Neves, De Narváez, Duhalde, Camaño, Solá)

La multitudinaria marcha por los 35 años del Golpe Cívico-Militar (en realidad, al menos podría hablarse de dos marchas: la de los grupos de izquierda que no comparten la estrategia del Gobierno y ven a éste como un enemigo político y la marcha encabezada por miembros de Abuelas, Madres e Hijos que se declaran abiertamente kirchneristas y reivindican un rumbo de profundización de los cambios.) También podríamos incluír a otros factores "dispersos" (pero bien integrados a la consigna y al compromiso) los llamados "independientes" o, como prefiero decir para referirme a ellos, los no agrupados. Pero lo que queda en claro es que toda esa diversa convocatoria estaba pidiendo Memoria, buscando Verdad y reclamando Justicia. La juventud sigue siendo un dato sobresaliente, en lo particular lo que más me impresiona es detectar grupos familiares casi completos y enorme cantidad de bebés y chicos muy pequeños junto a sus padres, hermanos, y también abuelos. Cabezas de familia que asumen la reconquista del espacio público, que quizá en sus épocas de juventud no pudieron habitar, y quieren hacer partícipes de ello a sus hijos, en este presente donde la historia nos da la oportunidad conseguida tras la lucha.

Debe enorgullecernos este despertar como pueblo. Las diversas manifestaciones multitudinarias, pacíficas, llenas de mística, de creatividad, de consignas, de compromiso no son hechos aislados sino que vienen teniendo una continuidad y en cada una de ellas se asientan los conceptos y las convicciones, se respira profundo, se inhala el aire militante para recobrar fuerzas, volver al trabajo, al barrio, a la casa y tratar de ser consecuentes con ese trabajo militante que no es otra cosa que una conciencia ciudadana, profundamente humana.

No dejo de sentir cierta pena por no poder estrechar la mano con pibes y pibas, jóvenes militantes de partidos de izquierda, que si bien nos reconocemos en una lucha contra la impunidad, prefieren asociar cómoda y linealmente al kirchnerismo con el neoliberalismo menemista, con las patotas sindicales, con la represión. No me creo una "iluminada" que defiende lo "único verdadero", pero siento que muchas veces su militancia se debilita, se dispersa al pifiarle tan feo al enemigo político, descontextualizando históricamente a nuestro país en muchos casos. También va la autocrítica para nuestras agrupaciones, que muy bien supo sintetizar en una charla brindada en la Facultad de Ciencias Sociales el compañero Norberto Galasso: no hay que hacer militancia por la militancia misma, sino llenar de contenido, de debate, de conciencia el acontecer político y cultural actual, pero también la visión retrospectiva vinculada con nuestro pasado (una forma de decir sutilmente "muchachos, sólo con la mística no hacemos nada")


Por otra parte, lo último en cuestión noticiosa fue el bloqueo que trabajadores gráficos realizaron a Clarín, impidiendo la distribución de los ejemplares del domingo. El mismo diario que, junto con La Nación, soslayó la marcha del 24 de marzo (una fecha que refiere a cuestiones que salpican a ambos medios) tuvo como decisión editorial enmascarar su clásica tapa, la que machaca y recae siempre en lo mismo, con una tapa en blanco que remitía a la edición que quedó truncada por el bloqueo. Ya no asombra que Clarín haya decidio quebrar lo que alguna vez fue el contrato de lectura con su público: un diario que se mostraba objetivo, que tenía pretensión de serlo, que intervenía a través de sujetos tácitos, borrándose lo más posible como sujeto de la enunciación (aunque sepamos que siempre está presente, que siempre hay una voz, una mirada recortada, un sujeto que se hace cargo del discurso y que en el propio recorte construye y plasma su subjetividad aunque no diga "yo"). Clarín, como grupo corporativo, no puede negar el hecho de que el nuevo tiempo histórico, movido por diversos actores políticos y una jugada clara del Gobierno, ha vuelto la mirada y ha hecho foco en el papel de los medios de comunicación, quebrado el estatuto de verdad de los medios informativos para atribuírles la función de lo que todos los medios hacen: construír un determinado relato de la realidad. El contrato se quiebra para dar lugar a una defensa de intereses corporativos que, sin embargo, se enmascaran bajo la entelequia de la "libertad de prensa" y lo que constituye un conflicto gremial que los trabadores de Artes Gráficas RioPlatenses tienen con la empresa que no les da garantías sindicales y paritarias, se transforma para el Grupo económico y sus férreos defensores en un zarpazo a la democracia. Ni lerdos ni perezosos Lanata, Pino Solanas, Julio Cobos, Rodriguez Saa, Luis Majul, Mariano Grondona salieron a repudir el hecho. Desde los zócalos de TN retumbó durante todo el día domingo un texto que hacía referencia a que este suceso fue "el más grave desde la vuelta a la democracia". Es decir, según este medio, su libertad de salir a la venta atañe a una cuestión democrática, pero no parece serlo el hecho de que trabajadores gráficos estén luchando hace más de 8 años por reivindicaciones laborales. Como no tiene nada que ver con la democracia, parece válido para estos medios soslayar la cuestión gremial o, mejor aún, teñirla de conspiraciones políticas en lo que se ha dado a llamar la "guerra" entre Clarín y el Gobierno.


Yo tengo mi reparo con esta concepción. No creo en una guerra Clarín-Gobierno, sí creo en una apuesta fuerte del Gobierno, como actor coyuntural de un determinado periodo histórico, en una guerra que Clarín le declaró desde hace muchos años al pueblo argentino (desde el apoyo a los militares genocidas, la oscura adquisición de Papel Prensa, los negociados con políticos, los intereses multinacionales, la apropiación de niños, la estafa de las AFJP y el Fútbol). Y en esa guerra el Gobierno asumió el rol de impulsor de una ley que viene a desmonopolizar ese espectro radioeléctrico que es patrimonio de la humanidad.


Sí creo que en momentos de transformación social, de cambios de paradigmas o reinserción y resignificación de conceptos olvidados la sociedad tiende a una polarización. Pero ésta, aunque muchas veces sea presentada y reducida por ciertos actores sociales como una lucha entre "buenos" y "malos", no es otra cosa que una división que surge de las actitudes frente al cambio. Si el debate sobre los medios, sobre la relación medios y política, el cuestionamiento a los dogmas de la política económica neoliberal, el enjuiciamiento a los genocidas del Proceso, la destrucción de clichés, la desnaturalización de ciertos procesos sociales son hechos objetivos, irrevocables, irreversibles; ese cambio nos coloca frente a la decisión de aceptarlos y apoyarlos o de resistirlos. Hay momentos bisagras que reconfiguran un hecho, una corriente de pensamiento, una conducta social y frente a ese cambio no se puede poner los pies en cada uno de los bloques del iceberg partido. Se está o no se está a favor del juicio a los genocidas, se está o no se está a favor de la asignación universal por hijo, de la reindustrialización del país, de la ley de medios. Después pueden ser divergentes las estrategias, los abordajes.


Por eso es que no pienso en lógica binaria de "buenos" y "malos". Mi condición de militante del Proyecto encarado por Néstor y Cristina, el afecto y la pasión que uno involucra en cada uno de sus actos como militante, no me impiden realizar un juicio crítico. Sí hay matices, sí hay grises; y todo el espectro de colores que uno se imagine porque hay diferentes historias personales, tradiciones políticas, itinerarios colectivos e históricos. Hay personas afines al kirchnerismo cuya trayectoria parece más coherente; otras sobre las que ponemos constantemente la duda. La contradicción es parte de todo fenónemo social. Lo cierto es que este tiempo nos permite involucrarnos desde lo intelectual, el accionar concreto y la dimensión afectiva. No veo porqué un apasionado, un convencido de ciertos ideales, un iluminador y sembrador de ciertas utopías deba ser tildado de fanático. Muchas veces este mismo concepto le sirve a la derecha más rancia para hacer un inaceptable paralelismo entre la pasión militante de los jóvenes (y no sólo de los jóvenes) y los regímenes fascistas europeos. El miedo por este absurdo se dispersa toda vez que el jóven militante adquiere conciencia a través de su formación en la educación formal y en la militancia colectiva siendo capaz de debatir, de discernir, de crear, de transformar, de respetar, de incluír.


Mucho falta aún, reivindicaciones de derechos humanos que siguen siendo violentados como los de los pueblos originarios o de ciertas minorías étnicas, sexuales. Debates y acciones concretas sobre minería a cielo abierto, sojización del suelo, grandes formadores de precios, ley de entidades financieras, despenalización del aborto, ley de tierras, ley de adopción, problemática de extranjerización del suelo, de los recursos naturales y tantas cosas más que deberán ser impulsadas políticamente pero traccionadas por el movimiento popular. Porque si algo aprendimos en estos años es que las conquistas colectivas se dan a través de la lucha conjunta, de los actores sociales en la calle, reclamando por sus derechos. Esto que resulta antiquísimo como fenómeno mundial había sido borrado de nuestra memoria colectiva tras décadas de represión y desmovilización.


En un año electoral que ya arrancó, no hay batallas ganadas de antemano. La formación, el debate, el juicio crítico tienen que ir de la mano de la presencia popular y las diferentes formas de militancia y compromiso. No engañar al pueblo (o al público en el caso de los medios) acerca de los intereses perseguidos. Reafirmar un camino nacional, popular y latinoamericano son los ejes fundamentales de ese horizonte donde la utopía de los sueños emancipatorios se puede tornar real.

domingo, 31 de octubre de 2010

Él vino a ofrecer su corazón

Escribo con la pluma militante y desde las convicciones. Y si es posible que así lo haga es gracias a este hombre que el miércoles nos dejó a muchos con un abrazo pendiente. Escribo para plasmar de alguna manera este torrente de emociones encontradas que se agolpan en el corazón. La muerte de Néstor Kirchner es un acontecimiento difícil de comprender y aún de tolerar, que conmovió al escenario nacional y latinoamericano.

Para los que nos sentimos partícipes de este momento que atraviesa la Argentina, y que podemos delimitar con la llegada de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, la pérdida de Néstor es un vacío que nos interpela para encontrar las herramientas, los modos y las fortalezas para continuar en la construcción de un camino que nuestro país viene transitando y que necesita la profundización de sus cambios.

En un día preparado para el censo nacional, la mañana se tiñó de la desazón de una noticia que, como un cimbronazo, desacomodó nuestra realidad. Uno teme siempre, en un escenario de disputa política (que en muchos momentos se vuelve salvaje, pues tenemos ejemplos de intentos de desestabilización institucional claros) que el dirigente político que conduce el proceso sea víctima de algún atentado, accidente o enfermedad que deje huérfanos de representatividad a los representados. Esto no sucede como ejercicio de la paranoia, pero sí en nuestros peores sueños. La pesadilla se volvió cierta.

No puedo proseguir el relato sin apelar a las historias que me atraviesan y que comparto con tantos miles de jóvenes que hoy son una realidad concreta y un actor político insoslayable en este país.

Yo soy hija de la desmovilización, de la concepción de la política entendida como corrupción, del quiebre de los lazos de solidaridad en una sociedad devastada que miraba a sus costados sólo para lamentarse de la pobreza y la desidia, sin capacidad de actuar. Soy hija de la época en que los hombres de traje del FMI se paseaban por mi país poniéndole la soga al cuello; del “Dios Mercado”, de las privatizaciones, del todo por dos pesos, de la pizza con champagne. Pasé la mayor parte de mi niñez y adolescencia en los 90 cuando las madres del dolor seguían masticando la impunidad del punto final y la obediencia de vida, los viejos eran material descartable, los jóvenes sólo tenidos en cuenta por el sistema como consumidores de identidades ajenas y cuya educación iba en picada. Yo nací en una época donde la argentinidad se resumía en el tango, el folklore, las cataratas del Iguazú o el dulce de leche, donde la mirada estaba puesta en la “culta Europa” y en “el primer mundo yanqui”, negándonos a nosotros mismos nuestra identidad de pueblos originarios, de mestizaje hispanoamericano, de piel morena, de caudillos y montoneras; del proyecto de la Patria Grande de San Martín, Bolívar, Artigas, Moreno. Prefirieron no hacernos conscientes de nuestra historia de dominación, de genocidio, exclusión y papel de periferia en la economía mundial. Latinoamérica era sólo un mapa con sus divisiones geográficas. La Historia Oficial impregnó los libros de los cuáles se pretendía que aprendiéramos el relato tergiversado tanto en la heurística como en la hermenéutica, escrito por la pluma de los representantes de la clase dominante. Yo me acostumbré a crecer viendo a los Presidentes de mi Nación en sets de televisión (la TV de la banalidad y la mercantilización de la vida) porque los políticos se subordinaron a las corporaciones y dentro de ellas las mediáticas fueron las que más se fortalecieron transformando a la política en un revólver apoyado en las sienes del pueblo. Toda esa parafernalia se creó para negarnos como ciudadanos con derechos plenos y reducirnos a las fichas de ajedrez de las grandes corporaciones, con su relato uniforme, su pretensión de objetividad, su discurso de “modernización” y “progreso”. Nos negaron, nos redujeron, nos simplificaron, nos amputaron, nos quitaron nuestra diversidad con la imposición de su lenguaje.

Sé que corro el riesgo de cansar al lector, pero soy hija de los despidos masivos, de las fábricas cerradas, del exilio de los miles que ya no creían en nada, de la protesta social reprimida, de los elevados índices de indigencia, del trueque como forma de subsistencia, de las decenas de muertos en la represión del 2001 con un radical huyendo en helicóptero, de los saqueos de Duhalde y de Kosteki y Santillán, muertos por luchar.

Todo esto no es más que el conjunto de marcas de una Argentina dominada por el neoliberalismo y lo que este sistema económico, social, político y cultural implicó para desembocar en el estallido de comienzos del nuevo milenio. Yo tenía tan sólo 15 años y recuerdo que los sentimientos que me invadían eran de profunda desazón y miedo. El dinero se fugaba, la marginalidad crecía, la dignidad se nos resquebrajaba, la depresión aumentaba y desde sus madrigueras el poder celebraba aquella guerra de pobres contra pobres.

Algo comenzó a cambiar a partir de 2003 cuando ese desconocido del Sur vino a calentar la política. Con el 22 por ciento de los votos tuvo que hacer sus primeros malabares en un país con altísima deuda externa y deuda social. Recibió el mando de un traidor al peronismo, pero supo desmarcarse a tiempo. Eso es lo que Eduardo Duhalde no toleró jamás, que ese pingüino insolente comenzara a definir un rumbo con claro oscuros, cuando antes sólo había oscuridades. Que comenzara a poner en la escena pública una serie de cuestiones que fueron banderas históricas y, sobre todo, la voluntad de ir reconstruyendo este país sin las recetas y los designios de las grandes corporaciones y el poder económico.

Se fue el hombre que le dijo “NO” al ALCA, que fue uno de los pilares para la construcción de una nueva mirada sobre nuestra identidad latinoamericana y el inicio de la unidad de la región, el que se puso al hombro la lucha por los derechos humanos que seguían vulnerados en el presente por las políticas genocidas del pasado, el que recuperó el empleo y nos quitó el yugo del FMI renegociando y saldando deuda externa, el que recuperó, acrecentó y estabilizó las cuentas públicas, el que plantó bandera en su batalla contra los monopolios mediáticos. Un día se le acabo la paciencia al presidente que, como todos los gobiernos que lo precedieron, tuvo que pactar con las empresas de medios para que el espectro del poder económico se siguiera favoreciendo y, como contrapartida, obtener buenos tratamientos mediáticos. En ese juego despiadado, luego de políticas económicas que propendieron a la estabilidad macroeconómica del país, la profundización del proyecto necesitó inexorablemente tocar intereses que reacomodaran la distribución económica y de poder en la Argentina. ¿Quién como Néstor para irritar al poder mediático con su “¿Qué te pasha, Clarín, estás nerviosho?” o para suscitar las pérfidas notas de Morales Solá, Mariano Grondona, Pagni, Kirschbaum, Van der Kooy o Escribano? ¿Quién como él para que esos intelectuales y periodistas que habíamos leído o estudiado en la facultad y que se jactaban de progresistas como Beatriz Sarlo, Silvina Walger, Jorge Lanata, Magdalena Ruíz Guiñazú, Ernesto Tenembaum, Martín Caparrós nos parecieran unos cínicos o unos estúpidos? ¿Quién como Néstor para recibir los dardos de una progresía pinosolanista que rayana con el juicio deshonesto (y a esta altura traidor) y de una izquierda abstracta que juega a desconocer y descalificar el mandato popular y confunde los enemigos?

Ese proceso político iniciado en 2003 fue depositando semillas en el cuerpo social, cuyos progresivos frutos le fueron cambiando la cara y el alma a la Argentina. Pero en 2003, 2004, 2005 y hasta 2007 yo no podría haber escrito lo que hoy este sentimiento profundo, esta convicción ferviente me llevan a escribir. La dialéctica de este proceso hizo que la juventud desencantada vaya encontrando de a poco su manera de confrontar los discursos heredados de la vieja política y los de esta nueva etapa. Ese recorrido no fue patrimonio exclusivo de la juventud, miles de hombres y mujeres comenzaron a reconocerse y sentirse representados en una nueva forma de hacer política que, sin duda, se mezclaba con las viejas, con aquellas que todavía luchamos por superar, pero esta cuestión no debilita ni opaca las victorias que se fueron conquistando. Muchas de estas personas, que vivieron el peronismo de Evita y Perón, que soportaron la proscripción, la represión, la persecución y los duros momentos del neoliberalismo volvían a sentirse esperanzados con un gobierno.

Mi primer voto presidencial fue para Cristina Kirchner, un voto con convicción pero a puertas cerradas. Por aquel tiempo, ya la batalla con los grandes medios de comunicación había sido declarada y un clima de desprecio hacia el gobierno se instaló impulsado por la balacera de discursos ruines agitados desde los medios de comunicación que no estaban dispuestos a perder un gramo de su poder. Y aquí me detengo para hacer una aclaración: no era que el gobierno le había declarado la guerra a ninguna prensa independiente, sino que, por primera vez en la historia, un gobierno asumía la tarea de democratizar el espectro de la comunicación monopolizado por las empresas de multimedios que siempre jugaron en contra del pueblo, anteponiendo sus intereses al derecho a la información.

Todavía costaba muchísimo salir a bancar públicamente a este gobierno, por vergüenza, por la instalación de un clima supuestamente mayoritario y opositor, por falta de experiencia, por dudas. Para muchos un punto de quiebre fue el conflicto con las patronales agropecuarias en 2008. Nacimos nuevamente, pero como militantes del proyecto nacional y popular gracias a esa confrontación de intereses y la puesta en superficie de claras intenciones destituyentes por parte de los medios concentrados, un espectro del gran sector empresarial y un sector del arco opositor. Los movimientos populares, las organizaciones sociales, de derechos humanos, los trabajadores, los pensadores y hombres y mujeres de la cultura nacional y popular comenzaron a convocarse contra el gesto destituyente. También un grupo de intelectuales, con Nicolás Casullo a la cabeza, fundaron Carta Abierta, para echar un poco de luz en medio de tanta saña.

Otro punto de quiebre lo constituyeron las elecciones legislativas de 2009, cuando el sector que se creyó triunfante proclamó “la muerte y el fin del kichnerismo”. Por el contrario, el gobierno salió a jugar sus cartas más fuertes, se complejizó y dinamizó con la sanción de una Ley de Medios a la que abrazamos como utopía posible, como bandera sagrada y la Asignación Universal por Hijo que logró recuperar a una porción importante de nuestros pibes garantizando su educación y salud. La movilidad jubilatoria, previa recuperación de los fondos de los trabajadores de las manos de las privadas AFJP, permitió dos aumentos por año a nuestros mayores. En el campo mediático, un “programita marginal” en la televisión pública comenzó a ser el espacio de una persistente militancia: el surgimiento de 678 nos quitó el espantoso sentimiento de sentirnos solos en nuestro pensamiento y a la deriva. 678 simplemente nos mostró, nos visibilizó, dio cuenta de nuestra existencia. Las masivas marchas autoconvocadas, por los derechos humanos, por los pueblos originarios, por el matrimonio igualitario, por la defensa de la democracia y de una manera de consolidarla sólo fueron posibles en el marco de esta nueva etapa.

¿Cómo va a extrañarme entonces el injusto dolor que nos abraza? ¿Cómo puede sorprenderme el cariño de los miles y miles que desfilamos durante tres días y muchísimas horas para despedir a Néstor, para agradecerle, para darle fuerzas a Cristina y transmitirle la convicción de la lucha del pueblo por la defensa irrestricta de este proyecto nacional y popular?

Los que ahora se dan cuenta de que Néstor era un buen tipo, fue un buen Presidente y ocupaba un lugar estratégico como diputado nacional, presidente del Partido Justicialista y Secretario General de la Unión de Naciones Suramericanas se perdieron una parte imprescindible de nuestra historia reciente y de la pasión militante que la impulsó. Bienvenidos sean los reconocimientos, pues la historia tiene ejemplos vastos de fatalidades e injusticias. Pero necesitamos que ese reconocimiento se transforme en acción política o, como dijo José Pablo Feinmann, que las lágrimas de esas personas no se sequen demasiado rápido.

También hay el repugnante cinismo de parte de la dirigencia opositora y del espectro mediático que intentaron horadar y desgastar cuanto pudieron a Néstor Kirchner, comparándolo con la derecha más rancia del menemismo o atribuyéndole tintes de fascismo y hoy “descubren” en él a un estadista, a un militante, a un político de tiempo completo, a un hombre con convicciones e ideales, a un apasionado de la política. De esos traidores jamás nos olvidaremos y no porque seamos “violentos,” como el despreciable Morales Solá escribe desde su púlpito, sino porque apostamos a una sociedad con justicia social, con memoria, con verdad y honestidad. Por eso es que luchamos para desenmascarar los planteos llenos de mentiras, de vicios ideológicos tanto a la derecha como a la izquierda. ¿O acaso no es violencia la mentira, la tergiversación de los actos de gobierno? ¿No fue violencia el lock out patronal del sector más conservador? ¿No es violencia que los grandes medios nos hayan ignorado todo este tiempo y que hoy no tengan más opción que titular en sus últimas tiradas y en sus noticieros que una multitud despide a Kirchner con dolor? ¿No fue y sigue siendo violencia la complicidad y los negociados de esos mismos medios con la dictadura genocida, y su participación en la apropiación de niños de desaparecidos? ¿No se considera violencia que el vicepresidente votado junto con Cristina por todos los que queríamos continuar su proyecto sea el traidor de sus electores y su plataforma y que no considere renunciar, entorpeciendo a cada paso la ejecución de las políticas del ejecutivo del que forma parte?¿No es violencia el reduccionismo a que someten a quienes nos convocamos en las plazas, en las calles, considerándonos vendibles por una choripán, un plan social y atendiendo a esos acontecimientos tan sólo para ponernos el rótulo de “caos de tránsito”?

A partir de que se supo la noticia la Plaza de Mayo comenzó a llenarse. Los y las censistas que militaban o sentían alguna simpatía se enteraron en las peores condiciones; en muchos casos en hogares donde la noticia era celebrada. Algunos barrios paquetes fueron testigo de la algarabía de sus vecinos que con bocinazos y banderas festejaron la muerte física corroídos por su odio de clase o su imbecilidad congénita o adquirida.

Mis viejos y yo lloramos como si se nos hubiera muerto un padre, un amigo, un hermano. Nos invadió el miedo por Cristina, por nosotros. Lloramos porque era injusto, porque él era necesario, porque no podía ser. Y no se trata del paternalismo del líder que vuelve ineptos e imbéciles a sus hijos, ésta era una relación de liderazgo donde los representados y los seguidores supimos luchar para conquistar nuestros propios derechos apoyando cuando tuvimos que estar, con las herramientas que Kirchner nos ayudó a conquistar. En este sentido, la repudiable Carrió ya no podrá disparatar con sus delirios fascistas: a Néstor nadie lo colgó en la plaza pública (aunque Carrió mucho lo hubiera deseado) su pueblo lo lloró desconsolado, lo homenajeó, le cantó, le agradeció y estuvo junto a él hasta su morada física definitiva, porque su otra morada está en nuestros corazones y vivirá en nosotros en cada lucha por profundizar los cambios que él inició.

Lloramos por incertidumbre, por el escenario electoral que se avecina y en el que todos los que bancamos el proyecto habíamos puesto las fichas en el pingüino, el que jamás se alejó de la política siendo ex presidente y nos enorgulleció con su papel en la UNASUR, elegido como secretario por unanimidad de sus miembros. El pingüino se despidió de la juventud sin pronunciar una palabra, pero haciéndose presente en el acto del Luna Park a días de su intervención quirúrgica. Allí estuvimos, porque él hizo que las calles ya no fueran una emboscada para los militantes, para las personas agrupadas o sueltas que quieren manifestar apoyo o repudio. Néstor Kirchner volvió a colocar a la política en la escena pública, en las calles, en el lugar de donde nunca debió salir; revalorizando así la participación del pueblo. Néstor volvió a colocar la política, con pasión, en nuestros corazones; entendimos que nadie es ajeno a lo que sucede en ese plano, que todos estamos atravesados por la política y es hora de que sepamos asumir la responsabilidad que nos cabe.

Lloramos porque a Cristina se le fue su compañero, porque era una dupla magnífica, pero en ningún momento dudamos de la capacidad de esta mujer que comenzó la profundización y la distribución de la riqueza que Néstor no llegó a concretar. Porque esta yegua (como la bautizaron los odiosos, pero que nosotros supimos dar vuelta el significado) esta leona, esta mujer coraje es un cuadro militante y político importantísimo que ha dado batallas desde el Senado y ahora desde la presidencia. Y las seguirá dando junto a nosotros.

Al llegar a la plaza la sola multitud abrazó nuestra angustia, la matizó de alegría y emoción por la masiva y diversa composición de la participación. Se confundía el llanto con los cantos y aplausos, el flamear de las banderas argentinas y de agrupaciones con las banderas pintadas con agradecimientos y los carteles en alto. Las vallas se llenaron de flores, de papelitos con mensajes de apoyo, cartas, fotos, rosarios y cintas. Un grupo de mujeres sostenían velas dentro de vasitos de plástico con la mirada empañada y suspendida en el silencio. Una pequeña escalinata fue llenada con las cálidas lucecitas de las velas blancas dispuestas en fila y una cartulina que decía “simplemente gracias Néstor Kirchner, tus militantes”. Tanto el miércoles como el jueves, los dos días en que presencié y palpité los acontecimientos, vi casquitos de trabajadores entre las cabecitas que zigzagueaban atravesando la multitud, padres con bebes y niños, una desbordante juventud y gente mayor, muy mayor, desafiando el cansancio, la tristeza y las largas horas de espera. Gente de Buenos Aires y los que se tomaron el micro para venir desde sus provincias. Gente de clase popular y de sectores medios, los rubios y los morochos, los agrupados y los sueltos, las familias enteras o los que pudieron. Los taxistas nac&pop que no escuchan radio 10, los estudiantes, las amas de casa, los jubilados, hombres de la cultura, actores y actrices, periodistas, músicos, comediantes.

Una enorme figura de Evita descamisada se balanceaba con el viento y tenía una cinta negra en su pecho. En la pirámide de Mayo se desplegaba la figura del Eternauta de Oesterheld con la cara de Néstor: el “Nestornauta” como lo bautizó la juventud que esperó ansiosa el acto del Luna.

Fueron horas, muchas horas de espera para llegar al interior del Salón de los Patriotas Latinoamericanos donde fue velado Néstor. Cuadras y cuadras de presencia popular, sensación de infinidad. La presencia de los mandatarios de la región fue, nuevamente, un acto de confirmación de esta nueva etapa en América Latina. No se trató de una formalidad protocolar sino de un genuino y sentido dolor, afecto y necesidad de acompañar; así como Néstor y Cristina acompañaron y se pusieron al frente en cada conflicto suscitado en la región, diciéndole a los gorilas y a los imperialistas “NUNCA MÁS” golpes de Estado. Elevando el valor democrático por encima de todo. Evo Morales dijo que Latinoamérica había quedado huérfana, muchos coincidieron en que venían a despedir a un gran patriota y a un amigo.

Los cantos y la contención que nos brindamos entre todos nos permitieron atravesar esas horas de larga espera, tan sólo por estar un par de segundos dentro del salón brindando apoyo y reconfirmando este camino. Entendimos que el dolor colectivo nos ayuda a convertir la tristeza en militancia, nos reconforta reconocernos en la masa diversa y heterogénea atravesada por un mismo sentimiento de pesar, pero también de ganas de no abandonar la lucha. Que no se confundan, nadie fue allí a dar un paseo o a conocer la Rosada como se dijo. Nuestra unión en estos tres días de despedida nos habló de solidaridad, fortaleza, paciencia, compañerismo y militancia.

Así como fui hija de los 90 y de la desmovilización puedo decir, como muchos, que volví a nacer como una persona con nuevas visiones, perspectivas, compromiso y convicciones. Ese renacer se inscribe en el proceso que se inicia en 2003, en la certeza de saber que se puede y de que para ello debemos estar más juntos y unidos que nunca. Por la liberación de la patria, por la justicia social, por nuestra Latinoamérica unida.

No me caben dudas de que viniste a ofrecer tu vida y tu corazón…

Gracias por todo pingüino!!!

Néstor Vive!!! Con Cristina y el pueblo a la Victoria!!!

Mariel Tellechea

Militante del Proyecto Nacional y Popular, estudiante de Ciencias de la Comunicación.

viernes, 1 de octubre de 2010

No Pasarán...

La Revolución Ciudadana de Ecuador sigue en pie.

Esta no pretende ser una crónica de los hechos acaecidos en el día de ayer, 30 de septiembre. Encontrarán informaciones mucho mas nutridas y especializadas que puedan dar cuenta de los sucesos. Tan sólo deseo expresar mi apreciación personal y el profundo encadenamiento de preguntas, miedos, exaltaciones, incertidumbre e impotencia que generó en muchos conocidos y en mi la sublevación de parte de la policia ecuatoriana, el avasallamiento de la soberanía popular y la idea de que la democracia en Ecuador podía correr la misma suerte que en la hermana Honduras.
Comenzamos el día con la noticia de un nuevo ataque a la soberanía en Ecuador que nos puso, de asalto, en alerta. Porque entiendo que no se trata ya de unidades nacionales separadas sino de una realidad latinoamericana que hunde sus raíces en una historia común. El ataque a cualquier país de latinoamérica es avisorado como el ataque a la región y el intento de volver atrás en las luchas obtenidas por países cuyos dirigentes comienzan a cambiar, a debatir y a replantear ejes fundamentales en los que descansaban las viejas políticas de la subordinación y genuflexión.
Un intento de golpe de estado encubierto como sublevación policial por el supuesto rechazo a una ley que los compete, pero que implicó un intento destituyente claro, el atentado directo contra la figura presidencial y contra el pueblo ecuatoriano que llenó las calles. Es que en estos pueblos se da la conciencia de que la democracia es un valor demasiado importante como para pensar en la sola idea de dejarla arrebatar.
El coraje cívico demostrado por el pueblo y por el propio presidente merecen elogios. En Argentina tenemos la experiencia de presidentes escudados en la cobardía y el recuerdo del helicóptero que, sin escrúpulos, sobrevoló el caos que había contribuído a desatar. Cómo contrasta esa imagen con lo acontecido en el día de ayer. Cuántas razones tenemos hoy para celebrar a gran parte de los gobiernos de nuestra América Latina. Gobiernos que, como Venezuela, Bolivia, y el intento destituyente con las patronales del agro a la cabeza en la Argentina del 2008, han pasado y pasan por duras pruebas para resistir el golpismo y la reacción de los intereses que pretenden seguir ahogando a las naciones que quieren comenzar a despegarse de su situación de dominio.
Los acontencimientos de Ecuador hacían palpitar el duro recuerdo del avasallamiento a Honduras, la triste incertidumbre pendiendo de un hilo interminable. Una Honduras que vivió su golpe el 28 de junio de 2009 y cuyo presidente democrático, Manuel Zelaya, no pudo volver al poder; donde masacraron a un pueblo que, como el ecuatoriano, no dudó en salir a las calles para defender su democracia y donde la lista de periodistas asesinados se cuenta por decenas. Poco a hecho la Sociedad Interamericana de Prensa para condenar esos atropellos a la vida y a la libertad de prensa que los golpistas desestimaron al punto de no importarles cometer asesinatos.
La toma de la televisión pública ecuatoriana; las declaraciones del ex presidente ecuatoriano, Lucio Gutierrez, llamando a disolver el parlamento hablan, más que de una expresión de intereses particulares de la policia que persiguiera reivindicaciones salariales, de un intento conspirativo y destituyente para llevar a cabo un golpe de estado.
"Yo salgo como presidente de la república o salgo como cadáver", esas fueron las palabras del presidente Rafael Correa, atacado con gases lacrimógenos y cuya vida corrió serio riesgo durante las horas que duró su secuestro en el hospital policial donde fue trasladado para ser atendido. Por miles los manifestantes del pueblo ecuatoriano se acercaron al hospital para rescatar a su presidente. Hubo disparos, gases lacrimógenos y la lucha entre fuerzas especiales fieles al presidente y las fuerzas que se insubordinaron.
La presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner convocó a una sesión extraordinaria de la UNASUR en Buenos Aires, que está sesionando en este momento. Argentina fue uno de los primeros países en declarar públicamente su repudio al intento de golpe de Estado.
Rafaél Correa logró ser liberado, no se cuenta aún con una cifra oficial de heridos, y se habla de un muerto en esta lamentable muestra reaccionaria. Pero el alma nos vuelve al cuerpo por el hecho de no tener que contar la historia de otra Honduras.
Ecuador saldrá más fortalecida y en este nuevo escenario se plantea que los pasos hacia adelante de los pueblos son conquistas que éstos se niegan a resignar. También están ante nosotros los desafíos y todo lo que falta por delante, pero con una fuerte consigna enarbolada por tantos luchadores populares: NO PASARÁN!!!