jueves, 30 de julio de 2009

Escenarios, preguntas y esperanzas.



Qué difícil. Tratar de comprender lo que sucede en nuestro suelo y, además, lo que pasa en los pueblos hermanos cuando las voces han sido hegemonizadas por una campana que resuena al son del compás de la desigualdad y que anula la diversidad. ¿Cómo ganarán la batalla de lo discursivo aquellas otras miradas, cómo se abrirán terreno si los medios para hacerlo se conglomeran en los grandes multimedios que llevan la consigna de la respetable libertad de expresión hasta límites escandalosos que desvirtúan el total sentido de esa palabra y su esencia al servicio de la verdad comprometida con la justicia social?.

Pero ¿por qué debería a los grandes medios de comunicación interesarle esa justicia? Bien sabemos que los medios de comunicación son grandes empresas que construyen realidad social, actualidad social, con un impacto en el conjunto de la sociedad que puede determinar las decisiones y los movimientos; influír en la construcción de subjetividades, en la formación de cosmovisiones del mundo. En este sentido, es mucho lo que se juega en este entramado de relaciones y el aprovechamiento de ese poder al servicio de interes personales o sectoriales para alimentar un esquema que privilegie a los más poderosos y mantenga al márgen a los marginados__si bien es condenable__ es muy real.
Ellos llegan dónde nosotros no llegamos, abren una especie de ventana donde su marca indeleble (que busca volvernos endebles) puede permanecer sutilmente oculta, pero jamás ausente. Por algún motivo, en dónde se involucran procesos que juegan en el armado de la verosimilitud, les creemos. Pero quizá lo más difícil, en este escenario de grosera concentración de medios__ que podrían dar espacio a miradas con mayor amplitud y a voces constructoras de justicia__ sea ejercer el sano ejercicio de la crítica y de la duda ante el torbellino mediático que consumimos día a día.
Porque parece que ser consumidores de estos singulares discursos es convertirse en seres pasivos embestidos por el producto. Así como damos mil vueltas para comprar un electrodoméstico y pedimos al vendedor las descripciones, las cualidades, las garantías; preguntando y re preguntando para tener el convencimiento de que aquellas características se corresponden con lo que el producto tiene para ofrecer; la misma actitud deberíamos adoptar con los productos mediáticos.
Pero es indiscutible que las noticias tendenciosas, la manipulación de los conceptos, la antidemocrática concentración y sus titulares al unísono, conforman y agradan a parte de la población afín a sus mensajes.
¿Cómo resignar una herramienta tan importante y dejarla en manos de grupos económicos que se diversifican y someten a los sin voz? ¿Cómo claudicar ante la lucha por una nueva ley de medios audiovisuales? ¿Cómo abandonar la consigna de llevar la democracia a la instancia mediática, de pluralizar las mentes a través de los discursos multicolor; de acabar con las polarizaciones, el etnocentrismo cultural, la espectacularización y banalización de la política (sobre todo por parte de los empresarios que juegan a ser políticos y aprovechan su hegemonía en los medios para lanzarse al escenario mediático y desde allí construír su candidatura de mercado)?

Porque es necesario que los medios de comunicación en Argentina sean capaces de llevar a la ciudadanía, con seriedad y responsabilidad, todas las acciones del Gobierno y de la oposición (sin retacear información y relegar a la condición de "no noticiable" a aquellos datos que podrían aportar a una decisiva comprensión de las relaciones en juego). Porque no es saludable, a la vez que es un indicador de la falta de canales de diálogo o el mal uso de los existentes, que el Gobierno "salga a comprar" voceros temporarios para que todos y todas estemos informados de las gestiones llevadas a cabo, o buscar desesperadamente consenso en la ciudadanía.
Porque insisto en que no llegamos al campo del debate, que en la vida social se tiñe de una reprobable violencia e intolerancia discursiva, con la información necesaria. Se nos escapan datos; mas bien, los medios nos escapan datos. Hace falta poner sobre la mesa lo mejor y lo peor de nosotros como sociedad. Hace falta darnos cuenta de que los que tenemos las fuerzas necesarias para hablar y el hambre no nos acecha, tenemos la responsabilidad de nuestras palabras y nuestros actos por aquellos que ni hablan ni comen.
Entonces, ¿cómo no insistir en la concreción de esta ley de medios? Porque ya no es "de un Gobierno", ni se busca enaltecer a éste cuando nos proclamamos en la defensa de esa ley. Es un arma, una herramienta, quizá la única que tienda a la pacificación al permitir que el abanico de opciones, cosmovisiones e ideologías llegue a las audiencias para que puedan elegir y formar opinión por sí mismas.
Es éste parte del embate social, ideológico, mediático que nos deja mal parados, desolados, eclipsados y confusos. Que evoca las reminiscencias del colonialismo, el desprecio por lo nuestro (porque quizás establecer "lo nuestro" en esta Argentina pluricultural sea tan difícil como aceptar los derechos de los pueblos indígenas, verdaderos dueños de estas tierras). Que acecha con un resurgimiento de lo peor de la derecha (siempre excluyente, antidemocrática y vende patria). Es éste el escenario en que esas reminiscencias amenazan con volverse palpables y aniquilar los logros sociales obtenidos durante duros años en que nuestro país comenzó a revertir los peores pronósticos augurados por tantos economistas "de prestigio".
Y tan confusos y vulnerables nos deja este nuevo contexto, que pareciera pecado rescatar las buenas acciones de Gobierno. Cómo si no hubiera ya amplios sectores mediáticos al servicio de la vociferación de sus errores (que muchas veces son aciertos traducidos en errores por los sectores de poder, al considerar el peligro de sus propios intereses). Los verdaderos errores del Gobierno sólo son apreciados con la comprensión necesaria por aquellas personas de diferentes tradiciones militantes, culturales, políticas e intelectuales que no gastan sus energías en reparar en la estrategia de la demonización y saben ver más allá. Por los ciudadanos que ejercen la honestidad en la formulación de sus opiniones y son cuidadosos a la hora de analizar el panorama. Porque aquí el discurso encarnizado del "peligro comunista", la mirada desconfiada y de reojo a la unión latinoamericana, la construcción del Presidente venezolano, Hugo Chávez, como el demonio causante de todos los males, asombra por tener raíces en ningún argumento valedero y esconde el profundo temor de la intervención estatal a favor de los intereses de la justicia social y la mayor igualdad. Porque aquellos que demonizan al estado con el discurso de su ineficacia y nido de corrupción no tienen problemas de silenciar los crímenes del Estado en el terrorismo organizado, en la gestión estatal durante décadas a favor de las grandes empresas nacionales y multinacionales, mediante políticas privatizadoras y excluyentes.
A veces siento que ante este escaso o nulo márgen para la defensa de lo obtenido, el acto de acentuar los logros es un acto de justicia. Y lejos de alejarme de la mirada crítica hacia la actual gestión, desvestir a los falsos demócratas de sus ropajes inmaculados y de sus discursos que hablan de la pobreza en bocas en que no cabe esa palabra, también es un acto de justicia.
¿Cómo no anhelar que la ciudadanía comprenda estas simples premisas? Si estamos ante una lucha por la apropiación de los conceptos y en contra de la resignificación de otros que juegan un importante rol en la comprensión del mapa construído. Si es necesario profundizar las buenas políticas para que los logros obtenidos sean redistribuídos y puedan llegar a los que aún esperan sentados en las filas de la historia.
Si hoy tienen prensa más las divas antipopulares con sus discursos obsoletos y destituyentes en vez de representantes de asociaciones de los diferentes grupos sociales o dirigentes campesinos e indígenas que luchan por la reivindicación de sus derechos. Si los que elegimos no tomar como verdad indiscutida la opinión construída por los grandes multimedios, si los que no seguimos esa corriente de opinión nos sentimos cada día más decepcionados de nuestros periodístas, comunicadores sociales, y medios de comunicación masiva. Si por oponernos a tradicionales entidades con voceros antidemocráticos, ahora nucleados en una mesa de desenlace respecto de los intereses del pueblo que siempre espera, nos tildan de "asquerosos K", de personas "anticampo" que no comprendemos que el sector "trabaja para darnos de comer". ¿Cómo no querer sumar esfuerzos para revertir esta absurda y penosa situación, cómo no buscar fuerzas en aquellos hombres y mujeres de la historia que se volcaron en sus prolíficas vidas a ser voces y manos trabajando por causas justas?
¿Cómo no querer una Latinoamérica unida y solidaria, manteniendo la autonomía, pero dejando de mirar a cualquier parte cuando un pueblo hermano como Honduras padece el hostigamiento de una dictadura cívico-empresaria-mediática-militar que atropella a los valientes que arriesgan su vida por la restitución del hilo constitucional?
¿Cómo no llorar, cómo no cansarse, cómo no esperar, cómo no esperanzarse con un presente mejor?

domingo, 26 de julio de 2009

María Eva se fue en invierno. Evita NO.





"Quiero hacer hasta el último día de mi vida la gran tarea de abrir horizontes y caminos a mis descamisados, a mis obreros, a mis mujeres. Yo sé que, como cualquier mujer de pueblo, tengo más fuerzas de las que aparento tener y más salud de la que creen los médicos que tengo. Tal vez un día, cuando yo me haya ido definitivamente, alguien dirá de mí lo que muchos hijos suelen decir, en el pueblo de sus madres cuando se van, también definitivamente: ¡Ahora recién nos damos cuenta que nos amaba tanto!"
Eva Perón.

viernes, 24 de julio de 2009

Construcciones e implicancias

A menudo me siento impotente y defraudada. Trato de hace un paralelo, de buscar situaciones afines. Me pongo a pensar que quizás sienta lo mismo el trabajor de la tierra que se ve despojado de ella, de su medio de subsistencia y con el, también de las formas propias de cultivarla, de producir frutos sanos que nacen en ambientes sanos. Ese productor ve cercenados sus derechos y en la tierra ya no advierte aquella fértil bendición: demasiados plaguicidas, fertilizantes y semillas transgénicas responden a intereses corporativos multinacionales y no a la soberanía alimentaria, a la promesa de la tierra que extiende su amplia generosidad a todos los hombres.
Trasladando esta experiencia a mi desazón, el paralelismo me viene como anillo al dedo. En un futuro cercano seré una trabajadora en los medios de comunicación, pero varios obstáculos se presentan. Ya como parte de la audiencia me siento despojada de una opinión o construcción de la realidad que me represente en la mayor parte de los medios de comunicación argentinos. De esta manera, no puedo más que sentir alivio, asombro y hasta una incontenible alegría cuando algún vocero se hace eco de mi voz y reproduce, ante esta obsena concentración multimediática, una interpretación de los hechos que, en mi opinión, hace justicia a la verdad. Es decir que, al igual que el trabajador de la tierra; esta futura trabajadora de los medios que incursiona humildemente en sitios como los blogs, experimenta en ellos un cambio fundamental, un rol cada vez más marcado a favor de intereses corporativos y políticos y en contra de la democratización de la información y el espacio de lo discursivo como área para la construcción de relatos que busquen la mayor objetividad posible en el marco del compromiso con la verdad y la justicia social. Porque los medios de comunicación también parecen estar llenos de fertilizantes, de plaguicidas, de transgénicos y vinculados con las multinacionales. Los medios, al igual que la tierra, ya no son (o nunca fueron) lo que deben ser: sus propietarios cada vez son menos y sus propiedades cada vez son más. Así como hay campesinos que ya no tienen tierra para cultivar (la gran paradoja de esta región de abundancia) hay miles de ciudadanos que no tienen un medio donde expresar sus opiniones y de ese modo conformar un abanico que se caracterice por la pluralidad y la diversidad. Literalmente, los medios de comunicación están llenos de soja. Por este motivo, no cabe esperar que ningún defensor social y ambientalista se entusiasme con la idea de que en algún gran medio de comunicación se puedan denunciar las irregularidades, el desparpajo y la miseria que siembra la soja (y todo su escuadrón de productos relacionados) en los suelos argentinos y el impacto económico/sanitario/social entre sus pobladores.
Y esta asociación es sólo un ejemplo de las desagradables coincidencias que permiten visualizar cómo instrumentos sociales, que pudieran ser utilizados para construír espacios más justos, se vuelcan, por el contrario, a dar vida y legitimar sistemas económicos, modelos ideológicos, estructuras sociales que dañan en lo más profundo las conquistas obtenidas por los pueblos a través de largos y difíciles procesos políticos y sociales y que impiden cualquier desarrollo posterior en esta dirección.
Y si uno da un vistazo al panorama regional, se encuentra con episodios similares que permiten explicar la falta de respeto, de honestidad y la irresponsabilidad con que algunos importantes medios de comunicación tratan hechos como el Golpe de Estado perpetrado en Honduras el pasado 28 de Junio, que aún está en proceso y cuya resolución mantiene en vilo a todos aquellos que creemos que Honduras está frente a una situación aberrante que debe ser reprobada enérgicamente.
Es notable cómo juega un papel fundamental la manera de construír la actualidad y las implicancias que estos modos de construcción tienen en la percepción de los hechos, en las decesiones a tomar, en la definición de los intereses que se terminarán apoyando (concientes de ellos o no, según la clase de información_o de desinformación_ que tengamos enfrente y en la que decidamos creer).
Es por ello que el video que comparto a continuación (subido a You Tube y perteneciente al programa Seis Siete Ocho, emitido por Canal 7) nos muestra claramente cómo dos importantes medios de comunicación, Globovisión y Telesur, construyen relatos completamente opuestos acerca del Golpe de Estado en Honduras. Desde ya, pido disculpas por algunas intervenciones en el video que no corresponden al archivo original, pero que seguramente surgieron de un error de grabación; no pude encontrar otro ejemplar del mismo video.
Volviendo al tema, cabe resaltar, en este sentido, la importancia de esos relatos porque en ellos reside la disputa acerca de la consideración más básica y de la que se desprenden importantes consecuencias: ¿ES o NO ES un Golpe de Estado?.
Parece increíble que en este punto haya lugar a dudas. Lo más triste de todo es que, definitivamente, no hay lugar a dudas; más bien hay lugar a certezas. Éstas son que detrás de los relatos que niegan el golpe hay un macabro juego de intereses sostenidos por sectores que ven con malos ojos los logros a favor de las mayorías. Estoy absolutamente convencida de que los procesos llevados a cabo por los países hermanos de Venezuela, Ecuador, Bolivia son temidos por sectores reaccionarios y conservadores que buscan construír un relato que emerge de sus profundos miedos acerca de lo que, peyorativamente, llaman los movimientos "populistas". Ese relato clama a viva voz que las verdaderas dictaduras surgen de estos gobiernos, eleigos democráticamente, inclinados hacia lo popular, que cometen el imperdonable pecado de volcarse al interés por las mejoras sociales de las mayorías y que enfrentan a los poderes concentrados. Estos sectores reaccionarios parecen vivir con el disco duro que maquina y recrea la situación de la Guerra Fría, cuando había que defender a ultranza al capitalismo (aún a costas de volverlo un poco más benévolo con el pueblo) para que los desplazados y marginados sociales no pretendan volcarse a la experiencia comunista que convirtió su discurso en realidad en 1917 (aunque no pudo mantener la lealtad a sus postulados). Sectores reaccionarios que ven ante la unión regional latinoamericana una amenaza a sus intereses y en dirigentes como Hugo Chávez un demonio, por ser elegido reiteradamente por el pueblo, atacar la renta petrolera y no ser políticamente correcto a la hora de decir lo que piensa de quien sea.
Relatos peligrosos. Relatos horrorosos. Un gobierno ilegítimo, mentiroso, obseno y represor puede esgrimir sus refutables argumentos para tratar de convencer a la población de que la sangre no es sangre, de que un golpista es un héroe de la Democracia, de que un país que vive con el toque de queda y miles de manifestantes pacíficos reprimidos por reclamar la vuelta de su Presidente constitucional, Manuel Zelaya, es un país donde todo transcurre como debe. Un discurso donde los venerables son los ciudadanos que van vestidos de blanco, apoyando el Golpe, que piden no ser un país "satélite", que piden lanzar a Chávez fuera del globo si fuera posible. La blanca pureza de los manifestantes no se viste de rojo, porque el infame ejército les deja manifestar tranquilos su descarado apoyo a un gobierno de nadies, apoyado por el poder económico, los medios de comunicación afines a ese poder y los simpatizantes de la ultraderecha.
Relatos que resignifican las palabras para volcarlas a sus fines y preferencias, que omiten datos esclarecedores para comprender ampliamente el panorama, que dan vuelta los sentidos y significados aún ante los más visibles indicadores del engaño.
La instancia diplomática en que las organizaciones internacionales y los diferentes gobiernos de la región apostaron a unir esfuerzos para restituír la democracia en Honduras no pudieron prosperar. De todos modos, cabe destacar lo fundamental de este apoyo internacional en el proceso de restitución a la vía democrática. Por otra parte, intentar negociar el Golpe sólo conducía a concesiones y legitimaciones al mismo. Pero el panorama era y es demasiado delicado como para intentar acciones más intrépidas: la represión se desató y la democracia tuvo que lamentar nuevos muertos y heridos en su nombre. El presidente legítimo, Manuel Zelaya, logró pisar suelo hondureño en el día de ayer, acompañado por una caravana; y en el sentimiento y la lucha fraternal, acompañado por los miles de ciudadanos del pueblo hondureño que no pudieron llegar hasta del lugar del encuentro por la militarización en las vías de acceso que les impidió el paso.
De no ser por el excelente trabajo de Telesur, la mayor parte de la televisación paso a paso y minuto a minuto de la delicada situación en Honduras no habría sido posible. Vuelvo al tema de mi desazón y tristeza por no encontrar en los medios y programas argentinos más importantes (siempre con brillantes excepciones como la televisión pública y algunos periodistas, intelectuales, artistas y políticos notables) siquiera el esbozo de preocupación por la ruptura del proceso democrático en un país hermano.
Más allá de todo, el pueblo hondureño, aguerrido, valiente y luchador no teme a las inclemencias, al cansancio o al hambre. No teme al fusil de un hermano hondureño que se alza sobre él olvidando sus verdaderas lealtades. Este otro relato sufre, lucha por ganar la batalla de lo discursivo, por impregnar esos espacios donde se lo ignora, por conseguir el apoyo de los defensores de la verdadera democracia.



domingo, 19 de julio de 2009

Viajes al interior.

Yo era una persona "normal". Nací en una de las épocas más "normales", consumiendo contenidos de televisión "normales", con políticos "normales" que se paseaban por los canales de televisión causando humoradas. Aprobé brillantemente todas mis materias del secundario.
Yo vivía en mi país de sueños. La infancia me abrazó con sus serpentinas de colores, me sensibilizó en un mundo falto de sensibilidad. Desde pequeña había percibido claramente la diferencia entre el sabor de la angustia del que no tiene de aquel que se asocia con la felicidad del que puede compartir. Desde inocente que me conmovía la mirada triste de un perro abandonado, la abundancia de la tierra abierta para proveernos de sus maravillas, el respeto a los pueblos originarios dueños de estos territorios, el dolor de las ásperas manos de la pobreza.
Yo vivía cómoda en ese cofre ajustado donde el aire nacarado de sueños me bastaba para respirar. Sin embargo, algo me molestaba. Echar un vistazo por el mundo, pasear la mirada por sus alrededores me llevaba a comprender que las cosas no estaban funcionando bien. Manos vacías, estómagos hambrientos, ojos cansados, cuerpos escuálidos. ¿Cuánto de actualidad mantenían aquellos hechos aparentemente arcaicos de una historia que casi no interesa porque no estuvimos allí?¿Qué significaba ser niño y adolescente en la década de los noventa estando del lado de los que no pasaron hambre como consecuencia de la profundización de las políticas de desigualdad?¿Qué significaba que al grueso de los adolescentes no nos interese la política y fuera objeto de demonización?
Sin duda, un largo proceso me llevo a desandar este camino para poder responder estas preguntas. Nunca de modo exhaustivo y definitivo. Siempre esperando encontrar nuevas comprensiones y sentidos. Ingresar a la Facultad de Ciencias Sociales me ayudó a adoptar estas miradas, que no son más que una revolución de las miradas. Uno de los días más gloriosos de mi existencia fue pisar por primera vez esa casa de estudios a la que tanto le debo.
¿Cuánto pierde y cuánto gana el que renuncia a la comodidad del sentido común para lanzarse a la revolución en el plano material y en el plano de las ideas? Yo decidí hacer mi propia revolución. Una revolución de AMOR que consiste en primer lugar en intentar hacer visible lo que estaba allí, pero oculto. Es la paradoja de quien no quiere, no sabe o no se anima a mirar. Es que mirar la mugre duele y abandonar el prejuicio cuesta. Y lo más difícil de todo es enfrentar ese proceso del darse cuenta en medio del desamparo de la propia generación. Remar contra la corriente de la propia vida y sus relaciones es la primera y más básica revolución. Convencerse a uno mismo de que es hacer justicia incorporar al listado de sueños uno que tenga que ver con la justicia social.
Y este proceso de transformación, de ser una jóven "normal" a ser una persona que intenta comprometerse desde el lugar de lo discursivo que ha elegido para intentar cambiar la realidad, puede ser representado con la metáfora del viaje.
Viajar. Ése era mi único camino, el destino en sí mismo, sin importar en qué lugar fuera a caer parada. Porque los viajes son eso, elevarse a una dimensión donde el tiempo se transforma, y la vida se pone a distancia para verla en toda su crudeza y en todo su esplendor.
Viajar era mi manera de contarme a mí misma mi propia historia. Desgarrar aquellas telas sutiles que embellecían mis tormentos para poder apreciarlos sin velos de ningún tipo. No diré “poner en la balanza”. Justamente si me alejaba, también pretendía distanciarme de esa visión cientificista de las cosas: de medidas, de leyes de causa y efecto, de sustituciones por generalización. Viajaba para hacer particular mi existencia y no para rescatar lo común de todas las vidas mortales para sumarme a ese camino predecible de desgracia. Al fin y al cabo, la historia parece dejarnos las huellas que otros actores, más o menos similares, con matices, retomarán hasta el infinito. Pero tenemos mala memoria y la historia se burla de nosotros que la despreciamos con la visión reduccionista de un listado de fechas o identificamos con próceres sobre cuyas tumbas se extiende una gruesa película de polvo.
Viajaba para desalienarme del mundo. Para desatrincherarme, respirar nuevos aires desatándome el corsete que ceñía mi menuda vida.
Lejos de las miradas habituales, ser cautiva del extrañamiento de lo que es ajeno y ver tan lejana mi vida que empezara a volverse extraña. El lado oscuro del amor. El que nos deja en penumbras, tiene algo de útil. Hay soledades de lágrimas necesarias. No fue otro que el desamor el motivo de esa especie de melancolía que me llevó a mover el cuerpo para apartarme de la inercia de sus momentos. El amor no era más que un cuestionamiento a mí misma y a la relación con el más allá de mí. Pero qué osadía hablar del amor con tanta soltura. Como si un par de frases bobas de esas que nos surgen de madrugada, con alguna amargura atravezada, pudiera dar cuenta de algo tan insondable. Quizás si bajo la exigencia, si hago un recorte, pueda hablar de una clase de amor. La más desagradecida, cínica y cruel forma… la que nunca realiza el amor, la que lo tiene en espera. Dubitando hasta lo eterno. De una herida. De miles de heridas enraizadas en un solo corazón.
Para resignificar mi vida y elevar por sobre todas las cosas los sueños más importantes. Para ordenar mis prioridades y aceptar que en el camino las palmadas en la espalda suelen ser las excepciones. El mundo es tan normal que me obligó a amar las excepciones. A esperarlas como al último tren de la noche que atravieza de punta a punta esta ciudad desalmado y en sombras, para salvarme.
Por eso viajaba. Me bastaba un lago inmóvil, un par de flores creciendo a la vera. Un viejo puente desde el cual tirar piedritas al aire. Las vías de una estación olvidada. Un alto cerro que quisiera servirme de escalera a algún lugar. La sonrisa de un viejo cansado de la Puna. Las manos callosas de una trabajadora del algodón. La templanza de un maestro rural con las botas embarradas. Un cantero con flores en medio de una plaza repleta de chiquilines. Una vuelta para mí sola en carrusel, a las dos de la madrugada. Volver a ver un sapo o una mariposa, si es que aún existen. Justicia, lluvia de sonrisas, memoria, abrazos. Cosas simples.
Los viajes nos inundan la mirada de cosas simples. Y pensar que siempre estuvieron ahí. ¿Dónde estuvimos nosotros? ¿Qué hicimos durante todo este tiempo?
Quiero compartir este ejemplar video. Para que no perdamos el camino que los grandes corazones de la vida y de la historia construyeron como causas y como ideales en la lucha por la justicia y la mayor igualdad social.



lunes, 13 de julio de 2009

Cuando el diálogo que reclaman llega, los opositores se exasperan.




Una sóla declaración al paso, mientras uno está en su casa alternando diferentes tareas y escucha la radio o ve televisión, nos puede resultar normal, para nada sorprendente. Ahora, ver ordenadamente, una tras otra, las declaraciones de funcionarios, empresarios, legisladores acerca del tan reclamado llamado al diálogo, culmina en un cóctel difícil de digerir. Todo ser humano, todo proceso social se caracteriza por algún grado de contradicción. En un punto, todos somos paradojales. Pero esta vorágine de dichos opositores que se alzan al unísono, cuya recopilación y edición por parte del programa Seis en el Siete a las 8:00 provoca este efecto de perplejidad y hasta de comicidad, es la expresión, la representación de profundos desacuerdos e intereses contrapuestos que imposibilitan que los actores sociales que reclamaron el diálogo puedan (ahora que la invitación está hecha) sumarse a ese diálogo por su entera incapacidad de comprender lo que un diálogo significa.
Cierta oposición se enfurece: el Gobierno Kirchnerista no dialoga, se cierra en sí mismo, no convoca al debate. Esta oposición instala un mensaje a través de los medios masivos de comunicación: la falta de vocación de diálogo del Gobierno es un mal para la Argentina.
Pero ¿qué es lo que esta oposición concibe por diálogo? Con respecto a los proyectos de Ley, la Presidenta Cristina Fernández ha declarado en varias oportunidades que ninguna iniciativa fue llevada adelante en su forma original, es decir, sin posteriores modificaciones que incluyeran correciones, ajustes, nuevas consideraciones que emanaran de una pluralidad de opinión. La misma polémica Resolución 125, como ejemplo actual y tal vez paradigmático, fue ampliamente debatida incorporándose en la misma cuestiones que protegían a los pequeños productores de no ser "discriminados" (en el sentido positivo de la palabra, si es que existe) debidamente con el fin de que la medida no los perjudique.
Es cierto que el diálogo es esperable y necesario en todas las instancias de la vida política, pero no es menos cierta la consideración de que atravesamos un panorama que está tejido por el conflicto de intereses entre actores diversos, debido a la aparición de un modelo que ha vuelto ha colocar en la discursividad social la palabra redistribución del ingreso. Si bien las contraposiciones de clase y de intereses son históricas, en el presente Argentina (y América Latina en general) atraviesa procesos de cambios, replanteos en los juegos de poder, revalorizando la participación de actores anteriormente excluídos del esquema productivo y del bienestar social. Todos conocemos que este proceso ha sido parcial y que los esfuerzos deben estar dirigidos a profundizar el cambio y la calidad de vida de amplios sectores de la población. Pero no por ser parcial debe ser sujeto de subestimación, sino que es una base desde la cuál apoyarse para seguir escalando en nuevas conquistas sociales.
Con el agregado de que se tomó la iniciativa de debatir una nueva Ley de Servicios Audiovisuales que nos despoje de la absurda y retrógrada ley de la última dictadura, el rescate de servicios imprescindibles para la Nación, la incorporación de jubilados a un nuevo regímen previsional. Estas acciones son conquistas del Estado en beneficio de las mayorías; y, principalmente, el ataque directo a sectores de poder que no quieren resignarse a perder.
¿Cómo conciben el diálogo representantes de partidos opositores que han declarado abiertamente que se deberían re-privatizar algunos servicios fundamentales o que son dueños o accionistas importantes de medios de comunicación o que tienen campos? La lógica de muchos de ellos ellos rasgarse las vestiduras reclamando el diálogo, pero cuando finalmente el momento ha llegado anteponen sus "peros" tan destructivos a los fines del diálogo, dudan acerca de las intenciones reales del Gobierno con este llamado, despliegan la artillería de sus especulaciones acerca de lo que no ha ocurrido aún y, posiblemente, jamás ocurrirá.
Porque el diálogo es usado como caballito de batalla y manipulado con tanta verguenza que, implícitamente, al decir diálogo se está pensando en imposición de ideas e intereses. En esta línea no avanzar en el diálogo significa que la posición y el interés particular no ha ganado la batalla. Y tampoco el diálogo, porque se atreven a despedazarlo antes de que suceda.

sábado, 11 de julio de 2009

El diálogo DEBERÍA empezar por casa, no Mirtha?

¿Qué es lo que hace que la diva de los mediodías se convierta en una mujer tan áspera ante los que piensan diferente? ¿Cómo salir airoso de un almuerzo con la Chiqui si uno comete la herejía de defender algunas acciones del Gobierno Nacional? ¿Por qué su programa es la cuna que mima a los opositores más oscuros, a las figuras más controvertidas, a los que han hecho más daño que bien a la Argentina y su democracia?

¡QUÉ PREGUNTAS MÁS IDIOTAS!

casi diría que se contestan por sí solas...

A mi Chiquita por momentos me cae simpática y en otros, me molesta profundamente la construcción que quiere hacer de las cosas. Es una diva que llega a las casas de muchas familias, de muchas señoras de barrio que seguramente la sintonizan a la hora del almuerzo o la sobremesa. Pero, sin embargo, Chiquita no deja de ser una aristócrata. Le gusta la aristocracia. Le gusta vestirse de punta en blanco y llenarse de joyas, que una mujer vestida de sirvienta le corra la silla y le alcance los papeles. De la señora Presidenta dirá, en cambio, que se arregla y gasta en ella demasiado.
A la Chiqui le gusta sentarse en la cabecera como la gran anfitriona que es, llevando el curso del diálogo por dónde más le place. De la señora Presidenta, en cambio, dirá que es soberbia y anula el diálogo. Mirtha es correcta, se horroriza de lo vulgar, se enaltece. Cuidado si la enfocan en un mal plano, le puede costar la cabeza al camarógrafo. Mucho esmero en el photoshop para que luzca siempre inmortal su belleza de juventud.
Chiquita es una diva popular, pero está lejos del pueblo. Muy lejos. En lo discursivo demoniza la corrupción, la pobreza, la mentira, el engaño. Pero contribuye con su silencio o con su apoyo explícito a personajes nefastos a seguir perpetuando segmentos de corrupción, de pobreza, de mentira, de engaño. Acaricia a la oposición más cuestionada por acciones que no son jugadas políticas del oficialismo, que son de público conocimiento, pero no se inmuta, le pasa inadvertido. Defenestra al Oficialismo que es un cáncer en nuestro país, que nada bueno ha logrado. No se conmueve ante un Golpe de Estado. En realidad, le horroriza el "populismo".
Chiquita se llama así misma democrática, pero no tiene argumentos para refutar con objetividad y dirige críticas descarnadas al oficialismo, a veces deja que alguien que simpatiza con el Gobierno pueda meter una idea y con suerte lo deja terminar . Chiquita es tan "ingenua" que asusta. Tan visceral que molesta. Tan injusta que entristece. Está al frente de un programa en un importante medio de comunicación, sin embargo, se siente tan fresca y libre que puede decir lo que quiera, opinar de lo que quiera, sin comprometerse con la verdad. Claro ejemplo de esto es que no pueda decir ni una sola medida buena de las tantas que ha realizado el Gobierno Nacional. Y me hago cargo de lo que digo con mucho orgullo, así como tengo una posición crítica frente a otras cuestiones como el INDEC; un tema del que he tenido mucha opinión opositora (hasta entrevisté a una trabajadora desplazada del INDEC), pero ninguna explicación plausible y verosímil del oficialismo. Me hago cargo de que tampoco he buscado esas otras respuestas.
Decía entonces... Chiquita no está en un programa, está en su living. Así se mueve. Así de poco se compromete con esa justicia y ese bien a su país que quiere lograr, mejor dicho que le gustaría que otros logren. Pues todo no se arregla con una donación, la herramienta más importante para hacer justicia la tiene desde lo discursivo y lo desaprovecha. Mirtha, Sú y Moria se horrorizan y despotrican, tienen tanto en común que agobian. Si por Sú fuera tendríamos la pena de muerte y con Moria nos olvidaríamos de los pobres porque levantaríamos el vidrio polarizado del auto y nos convertiríamos en "autistas", seres enfocados en uno mismo, con la armonia perfecta y el egoísmo justo para vivir en este mundo de mierda. Y, como por arte de magia, los pobres ya no existirían. Y así más energía para pensar en las nuevas terapias ortomoleculares. La vida es divina sin pobres.
Almuerzo tras almuerzo, Llambiás, Biolcati, Buzzi, De Ángeli y Miguens le van a agradecer de por vida a esta señora la cálida acogida en ese programa que tanta suerte trae. El falso campo ganó allí su batalla destituyente, tendrían que haberse animado a comer soja los infelices y contarle a los televidentes lo hermoso que es levantarse por la mañana y respirar el aire empapado de glifosato.
Pero hay cosas que no pueden esperarse de la Chiqui. Porque ella seguirá siendo una diva. Una diva popular. Alejada y divorciada desde siempre de las causas y las luchas del pueblo.

jueves, 9 de julio de 2009

Cualquier boludo habla de la Gripe A en los medios.




Saber quién es quién en el mundo de los medios es fundamental para poder saber desde dónde dice lo que dice y cuál es el sentido que quiere transmitir. Sobre todo a la hora de evaluar la credibilidad, la verosimilitud de sus enunciados y si finalmente vamos a "comprar" lo que dice. No solemos hacer este seguimiento, por lo general, consumimos sin crítica lo que los medios construyen. Así, en temas tan delicados como al salud, programas de difusión masiva sientan en sus mesas y/o paneles a personas no autorizadas para emitir opiniones acerca de esos temas.

Atención...

El programa 678 nos trae a un ´"medico sin verguenza" y una yapita como recreo.

Feliz día de la Patria!!!

martes, 7 de julio de 2009

Honduras Resiste




Un pueblo valiente, un pueblo con coraje. Debería hacernos repensar nuestro rol en cada espacio que ocupamos, la responsabilidad ante los hechos que construímos. El ejemplo hoy lo brinda ese pueblo que se manifiesta arriesgando su vida en las calles y todos aquellos en todas partes del mundo que se oponen activamente a este nefasto Golpe de Estado.

viernes, 3 de julio de 2009

Pánico no es Información.

En el día de hoy quiero traer dos videos, que resumen las formas en que, como sociedad, vivimos la pandemia de la Gripe A (H1N1). Es inevitable que tanta discursividad acerca del tema llegue a saturarnos, sobre todo cuando propician el acrecentamiento de la confusión y del temor. El mejor remedio es la INFORMACIÓN que nos proporcionará las herramientas útiles de prevención y cuidado.
¿Cuál es el límite de los medios de comunicación y la libertad de prensa?
En temas tan delicados como la salud, lo menos que podemos pedir de los medios es que se ajusten a los más rígidos parámetros de objetividad para poder llevar a la ciudadanía la única arma que tiene contra el avance de la Gripe A, y ésta no puede ser otra que la INFORMACIÓN DEBIDAMENTE VERIFICADA por especialistas.
¿Es bueno para la salud de la sociedad que los partidos opositores depositen toda la culpa y la responsabilidad en el Gobierno de turno, desligándose de la propia respecto de los temas sobre los que reclaman mayor atención? (Léase ésta como una pregunta retórica que tiene como respuesta un rotundo NO.)
La responsabilidad de las autoridades sanitarias no puede cumplir su cometido sin la debida responsabilidad de la población en las medidas mínimas y necesarias para evitar los contagios y la propagación de la enfermedad. Las campañas de información oficiales circulan por diversos medios todos los días y a toda hora; por esta razón busquemos ejercer la responsabilidad y ajustarnos a los tiempos que corren.
Si bien este tema genera mucha incertidumbre, existen datos que dan cuenta de enfermedades con mayor grado de letalidad y de contagio que no tienen lugar en las grandes pantallas. Así como también, la existencia de epidemias a lo largo de nuestra historia que tuvieron como resultado catástrofes poblacionales. La ciencia ha avansado y, aunque podamos desconfiar de ella debido a su íntima vinculación con la industria y la tecnología en función de la maximización de las ganancias, irremediablemente debemos llevar tranquilidad debido a que sus progresos nos llevan a afrontar con éxito situaciones que en épocas pasadas provocaban la muerte segura.
Muchas cosas quedan sin salir a la luz para un justo entendimiento; pero, de lo que efectivamente podemos dar cuenta, estos videos del programa 678 (emitido por la televisión Pública) nos permiten dárnos una idea de las diferentes tramas discursivas que se tejen alrededor de esta enfermedad que hoy nos tiene a todos en vilo.





El fuego en el que ardemos




"Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quién se acerca, se enciende”.

Eduardo Galeano.

Simplemente, un hombre que admiro.

Esencial para aportar luz y comprensión acerca de nuestra historia.

miércoles, 1 de julio de 2009

Andando...




Asistimos a tiempos de cambio. Somos muchos los que, por nuestra ideología, sentimos una profunda decepción. Los votos no pueden cuestionarse y debemos llevar la alegría de que los comicios del pasado 28 de junio se realizaron en paz y con normalidad. Quienes esperábamos el apoyo a un Proyecto Nacional y Popular, no podemos escatimar esfuerzos ni cambiar de dirección ante el avance de un sector político que se escuda bajo el partido Justicialista, pero que se suma a la lista de políticos que deshonran las consignas populares. La crítica y la autocrítica no faltan, pues no se podría avanzar de otro modo. Pero ante la virulencia de las opiniones, la violencia de las críticas opositoras y la ceguera de una parte de la población (nótese que no uso el mal gastado término "gente") me veo casi en la obligación moral de decir algo desde esta otra vereda que también tiene muchas cosas que ventilar y verdades que contar.
Cada uno se hace responsable por su voto. De esta manera, por citar sólo un ejemplo, se espera que la gente de La Matanza le lleve al PRO sus necesidades de vivienda, salud y educación. Necesidades a las cuales ese mismo partido no pareció darle demasiada importancia en cuanto a sus asignaciones en la partida presupuestaria de la Ciudad.
Y volviendo con lo de la responsabilidad moral, hoy hablaba con un amigo y claramente me dijo algo que creo muy cierto. Sus textuales palabras fueron: "la libertad de expresión está bien para defenestrar a los Kirchner, para el resto no sirve!". De esta manera, un periodista es "independiente" si pone toda su habilidad, empeño y malicia en desprestigiar al oficialismo y mucho mejor si se refiere al matrimonio presidencial (que evoca tantos pensamientos morbosos y pornográficos en pseudo-conductores de radio a la mañana y a la tarde). En cambio, un periodista está "comprado" si deja entrever que los Kirchner, ciertamente, no hacen todo mal. Esta vara diferente con que se miden los sucesos, esta poca objetividad al momento del análisis (que no se le pide al ciudadano común ávido de coleccionar puteadas originales hacia los Kirchner, sino a los que cumplen un rol social como comunicadores en los medios) no hace mas que reflejar el escaso criterio y la falta de compromiso social con nuestro tiempo. Esta misma fórmula no se aplica a la oposición, que tiene amplia pantalla y prensa porque los medios de comunicación son manejados, en gran parte, por opositores. Pocos han sido los programas televisivos y radiales que nos han ofrecido el alivio de que una frase dicha al vuelo, por parte de algún dirigente opositor, sea retomada en la pregunta o la re-pregunta (como es el caso de Tres Poderes en aquella emisión donde entrevistador a Francisco De Narváez o algunas emisiones donde Ernesto Tenembaum se puso las pilas).
Y si rescato frecuentemente segmentos del programa "678", emitido por canal 7, es porque allí encuentro un claro ejemplo de las cosas que NO SE DEJAN PASAR. Porque en lo que respecta al "dejar pasar" y al "no te metas" los argentinos somos expertos.
Y en estos tiempos de cambio, no debe asombrarnos el rol, muchas veces nefasto, que cumplen los medios de comunicación. Basta dar como ejemplo la penosa manera de cubrir la seria noticia del golpe de Estado en Honduras por parte de C5N, para tener una idea de cómo los medios construyen actualidad y realidad social.
En estos tiempos de confusión y profunda incomprensión, nos encontramos con algunas puertas cerradas, pero con la firme conviccíón de que otras nuevas permanecen abiertas hacia un proyecto de inclusión social y de renovación política a futuro que requiere el fuerte compromiso de todos los que hoy se están formando como profesionales involucrados con su tiempo y con el futuro.
Las voces de vedettes y divas antipopulares que, paradójicamente, llegan a la casa de cada familia humilde; los augurios de pronosticadores del caos y gurúes de la patria financiera y sojera internacional, las altisonantes quejas de opositores que acompañaron y apoyaron los días más trágicos de nuestra historia reciente; los exabruptos de ciudadanos indignados porque, por primera vez en mucho tiempo, se está avanzando hacia un modelo que sacó a muchísima gente de la marginalidad y reestableció cierta autonomía nacional; y la manipulación de los medios concentrados de comunicación se oxidarán como todo lo que no tiene raíces se oxida y envejece.
Mientras tanto hay que seguir luchando por la honestidad intelectual, la democratización de la información y ser un poco la voz de todos aquellos que aún no tienen voz.