miércoles, 21 de octubre de 2009

La sensibilidad periodística en la era del resquebrajamiento monopólico




Si de algo estoy segura es que la nueva ley de medios vino a instalar un nuevo tiempo y una nueva percepción. También una renovada y diferente sensibilidad. Ya hice mención a esto en otras ocasiones, porque mi blog se convirtió en algo así como la trinchera para la lucha que va acompañada de cantos, la lucha de las voces solitarias y de los reclamos que no formaban parte de la agenda pública.
Desde sus inicios, el periodismo es una herramienta poderosísima. Antes de la abolición monárquica, los reyes ya se habían dado cuenta de ello y quisieron capitalizar el poder de influencia de los primeros periódicos y gacetas. Las nuevas tecnologías proporcionaron un impulso inusitado a ese gérmen comunicacional que, aún a pequeña escala, abría la mirada a nuevos mundos. Con la creación e instalación de la sociedad de masas, nacida de las entrañas de los procesos del capitalismo mundial, los nuevos medios hicieron su aparición transformando prácticas sociales y privadas, instalando nuevas formas de sociabilidad, de entendimiento, comprensión, relación y aprehensión del mundo. Hoy, en los inicios del siglo XXI, los medios de comunicación son dominantes; sus dueños, monopólicos y multimediáticos. Pero ya no se podrá decir que son incuestionables.
Hay códigos deontológicos, es cierto. Hay normas éticas y morales que elabora cada empresa de medios. Leyes hay por doquier y para todos los gustos. Para que nadie se atreva a decir nada del periodismo que ejerce su laboriosa y arriesgada tarea por el bien de la Patria. También hubo cuestionamientos acerca de qué valía jerarquizar más: ¿el derecho a la información de las personas o la privacidad de ciertos personajes públicos?.

Pero, lo que en este momento estamos presenciando son acontecimientos de otra índole. Hace 30 años, el Informe MacBride lo anticipaba; pero sus interesantes conclusiones, fruto de una laboriosa investigación, fueron conocidas por especialistas, aunque sin eco en los grandes medios. En 1977 comenzó el trabajo de investigación acerca de la situación planetaria de la comunicación a cargo del abogado irlandés, Sean MacBride, en el marco de la UNESCO. Hacia 1980 el informe había concluído, pero la fuerte repercusión en ese contexto hizo que quedara desprovisto de posibilidades de trascendencia. Algunos de sus puntos declaran:

  • Política de comunicación para la independencia y el autodesarrollo
  • Nuevas tareas sociales para los medios de comunicación
  • Democratización de la comunicación: componente esencial de los derechos humanos
  • Refuerzos de la identidad cultural para la dignidad humana
  • Nuevo órden mundial de la comunicación en dónde los países del Tercer Mundo se encuentren en igualdad de condiciones financieras, culturales y tecnológicas con los países desarrollados en materia comunicacional.
  • Distinción entre "libertad de expresión" y "libertad de empresa".
  • Promover mecanismos de protección a los periodísticas, no sólo en lo que tiene que ver con su integridad física, sino con su derecho a la independencia de criterio frente a presiones empresarias y políticas.
El informe MacBride es un muy buen antecedente que no pudo realizarse en su tiempo. Hoy los tiempos son otros, al igual que todas las sensibilidades desatadas a partir del destape de la estructura empresarial de los dueños de los medios, las presiones corporativas a periodistas, la desigual situación en que se encuentran los trabajadores de la comunicación que no pertenecen a un multimedio y, como si fuera poco, la pérdida de credibilidad y capital simbólico de algunos medios y sus trabajadores del periodismo.

Este es el caso de una comunicadora que tiene su programa de radio en Continental desde 1987, en la franja horaria que muchos consideran de mayor audiencia, la que acompaña los despertares de tantos argentinos. Magdalena Ruíz Guiñazú supo forjar una imágen de periodista intachable, comprometida. Ha publicado libros y ganado numerosos premios. Quizá haya obtenido un gran reconocimiento por su labor en 1984 dentro del ámbito de la CONADEP, comisión que recibía las denuncias por las desapariciones de personas durante la última dictadura militar.

El centro del asunto es que Magdalena me tiene cada vez más estupefacta. No basta hacer alardes de su trayectoria para tratar de justificar los desaciertos y desvaríos. A mí nunca me hizo "ni fu ni fa", más bien todo lo contrario, pero la respetaba. En esas primeras audiciones de radio, donde entré en contacto con un mundo apasionante, Magdalena Tempranísimo era una de esas escuchas obligadas para el taller de la facultad.

En una reciente entrevista telefónica desde su programa al Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, Magdalena dió cátedra de empobrecimiento intelectual, confusión de órdenes y degradación del periodismo. La discusión en torno de la nueva ley de medios nos hizo encontrar a una Magdalena que, al buen estilo Carrió, no tiene problemas en defender a los grandes grupos económicos para asegurar la única libertad de expresión que hemos conocido hasta el momento: la de las grandes empresas con poder de circulación en el mercado de las comunicaciones.
La conductora increpó a Fernández no a título de periodista o comunicadora que busca informar a través de la pregunta y la reflexión. Sí lo hizo a título de tribunal supremo; más aún, enarbolándose como el centro del cuál fluyen todas las verdades, la espadachina vengadora en nombre de un imaginario colectivo de periodistas que trabajan para medios a los que la lucha militante que acompañó la ley ayudó a sacar la careta. Por extensión, esa máscara también se le cayó a varios trabajadores de la prensa, la radio y la televisión.
El gran enojo de Magdalena se supone que radica en un dicho que Fernández expresó como opinión en una publicación en el diario Página 12, el lunes 19 de octubre: "Los medios de comunicación no reflejan la realidad".

¡Para qué! ¿No bastaba ya con que Magdalena despotrique contra la ley, tildándola de persecusión al trabajo periodístico o revanchismo kirchnerista, vomitando la oscura profecía de medios comprados y arrodillados por la publicidad oficial (miles de "canales 7" con vocecitas "estatales fascistoides monocordes") ninguneando en todo momento a las organizaciones sociales y a los actores independientes que defendimos y acompañamos la ley?

No.

Tuvo que venir Fernández, en su pleno derecho de libertad de expresión, a poner los tapones de punta a un par de periodistas desgastados por una sensibilidad al rojo vivo que los aparta de su rol social, de su trabajo informativo, de la necesaria honestidad periodística y de cualquier trayectoria envuelta en paquetito con moño rosa.

Que los medios de comunicación construyen realidad social dijo Aníbal Fernández. Y lo curioso, es que ni siquiera lo dijo él. Toma las palabras de una mesa de discusión que dió a llamarse “Los medios masivos y la invención de la realidad”. Y aún así, en esta mesa no encontramos esta idea de la construcción como gérmen, sino que se toman desarrollos que muchos teóricos e investigadores introdujeron como perspectiva.

El filósofo y semiólogo Eliseo Verón es uno de ellos. La idea desafiante e innovadora es la propuesta de dar cuenta de las complejas operaciones de una industria: la industria de la información. En el "Prefacio a la segunda edición" de Construír el acontecimiento, Verón plantea:

"Este libro pretende que ese objeto cultural que llamamos la actualidad, tal como nos la presenta, por ejemplo, el noticiero de un canal de televisión de un día cualquiera, tiene el mismo status que un automóvil: es un producto, un objeto fabricado que sale de esa fábrica que es un medio informativo. Los medios no "copian" nada (más o menos bien o más o menos mal): PRODUCEN REALIDAD SOCIAL. Naturalmente medios hay muchos (diarios, canales de televisión, diarios). De modo que hay muchos modelos de actualidad. Como hay muchos modelos de automóviles. Los distintos modelos de la actualidad están construídos para distintas audiencias[...] Esto no quiere decir que la realidad sea una ilusión. Por el contrario: de lo que se trata es de la PRODUCCIÒN DE LA REALIDAD SOCIAL COMO EXPERIENCIA COLECTIVA [...] El actor social "ordinario" (cada uno de nosotros, en su vida cotidiana) se hace una idea de los medios muy diferente de la que acabo de esbozar. Pensamos que la realidad social está ahí y que los medios reproducen de esta realidad, compuesta por múltiples hechos, una ínfima parte: aquella que consideran importante. Uno se pregunta entonces si la información es "objetiva", si deforma o no los hechos [...] Este punto de vista del "sentido común" debe ser abandonado.
La actualidad como realidad social en devenir existe en y por los medios informativos. Esto quiere decir que los hechos que componen esta realidad social no existen en tanto tales (en tanto hechos SOCIALES) antes de que los medios los construyan. Después de que los medios los han producido, en cambio, estos hechos tienen todo tipo de efectos: un gobierno toma tales o cuales decisiones; otro reacciona de tal o cual manera; ambos, por supuesto, utilizan los medios para que sus actos se conviertan en acontecimientos sociales. Después de que los medios los han producido, los acontecimientos sociales empiezan a tener múltiples existencias, fuera de los medios[...]
Si el sentido común se resiste a aceptar este punto de vista, es sobre la base de un gigantesco malentendido en torno a las nociones de "hecho" y de "experiencia", vale decir, un malentendido acerca de la relación entre el orden individual y el orden colectivo en una sociedad mediatizada."

Los medios, "máquinas de producción de realidad social" nos dice Verón.

Lo expresado por Aníbal Fernández, en otro órden, da cuenta de este espíritu constructivo de los medios, ahora en el marco de una profunda lucha visible de intereses no sólo económicos sino también simbólicos:
"La síntesis, los medios de comunicación no son la realidad. No la reflejan tal cual es. Tampoco son su espejo. La actualidad periodística es una construcción. Es el producto final del trabajo de un equipo de profesionales: periodistas, fotógrafos, jefes de redacción, diseñadores, editores, etcétera.
Introduzco estos conceptos, remanidos acaso, para avanzar a un tema que todavía no se ha develado respecto de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y es que el debate de fondo es entre incluidos y excluidos."


Resulta increíble pensar que una periodista de trayectoria pueda hacerse la zonza en uno de los temas cruciales y fundamentales que aprende cualquier estudiante de comunicación en su primer año de carrera. Pero además, cuesta aceptar la virulencia con que se posiciona en el discurso, desnudo de toda credibilidad y argumento, sintiéndose más cómoda en el "holding maldito" que frente a una audiencia que, en gran medida, ya no será la misma y comienza a requerir por parte de los periodistas el compromiso y la honestidad perdida.

Y hablando de construcciones, las que no son sólidas vuelan como un castillo de naipes tuego de ser arrasado por algún viento de sentido libertario y esclarecedor.



/Esta nota cuenta con los aportes de la edición de octubre de LE MONDE diplomatique, edición Cono Sur y el blog REGISTROMUNDO en el cual pude escuchar el audio del programa de Continental./

domingo, 18 de octubre de 2009

Descubrimiento de la Patria

---- I ----

Dije yo en la ciudad de la Yegua Tordilla:
“La Patria es un dolor que aún no tiene bautismo”.
Los apisonadores de adoquines
me clavaron sus ojos de ultramar;
y luego devoraron su pan y su cebolla
y en seguida volvieron al ritmo del pisón.

---- II ----

¿Con que derecho definía yo a la Patria,
bajo un cielo en pañales
y un sol que todavía no ha entrado en la leyenda?
Los apisonadores de adoquines
escupieron la palma de sus manos:
en sus ojos de allende se borraba una costa
y en sus pies forasteros ya moría una danza.
“Ellos vienen del mar y no escuchan”, me dije.
“Llegan como el otoño, repletos de semilla,
vestidos de hoja muerta.”
Yo venía del sur en caballos e idilios:
“La Patria es un dolor que aun no sabe su nombre”.

---- III ----

Una lanza española y un cordaje francés
riman este poema de mi sangre.
Yo también soy un hijo del otoño
Que llegó del oriente sobre la tez del agua.
¿Qué harían en el sur y en su empresa de toros
un cordaje perdido y una lanza en destierro?
Con la virtud erecta de la lanza
yo aprendí a gobernar los rebaños furiosos;
con el desvelo puro del cordaje
yo descubrí la Patria y su inocencia.

---- IV ----

La Patria era una niña de voz y pies desnudos.
Yo la vi talonear los caballos frisones
en tiempo de labranza,
o dirigir los carros graciosos del estío,
con las piernas al sol y el idioma en el aire.
(Los hombres de mi estirpe no la vieron:
sus ojos de aaritmética buscaban
el tamaño y el peso de la fruta.)

---- V ----

La Patria era un retozo de niñez
en el Sur aventado, en la llanura
tamborileante de ganaderías.
Yo la vi junto al fuego de las hierras:
estampaba su risa en los novillos;
o junto al universo de los esquiladores,
cosechando el vellón en las ovejas
y la copla en las dulces guitarras de septiembre.
(No la vieron los hombres de mi clan:
sus ojos verticales se perdían
en las cotizaciones del Mercado de Lanas)

---- VI ----

Yo vi la Paria en el amanecer
que abrían los reseros con la llave
mugiente de las tropas.
La vi en el mediodía tostado como un pan,
entre los domadores que soltaban y ataban
el nudo de la furia en sus potrillos.
La vi junto a los pozos del agua o del amor,
¡niña y trazando el orbe de sus juegos!
Y la vi en el regazo de las noches australes,
dormida y con los pechos no brotados aún.

---- VII ----

Por eso desbordé yo mi copa de tierra
y un cachorro del viento pareció mi lenguaje.
Por eso no he logrado todavía
sacarme de los hombros este collar de frutas,
ni poner en olvido aquel piafante
cinturón de caballos
ni esta delicia en armas que recogí en Maipú.

---- VIII ----

Guardosos de semilla, vestidos de hoja muerta,
los hombres de mi clan ignoraron la Patria.
Con el temblor sin sueño del cordaje
la descubrí yo solo allá en Maipú.
Y, de pronto, en el mismo corazón de mi júbilo,
sentí yo la piedad que se alarmaba
y el miedo que nacía.
“La Patria es un temor que ha despertado”,
me dije yo en el Sur y en su empesa de toros.
“Niña, y pintando el orbe de su infancia,
en su mano derecha reposa la del ángel
y en su izquierda la mano tentadora del viento.”

---- XI ----

Tal fue la enunciación, el derecho y la pena
que traje a la Ciudad de la Yegua Tordilla.
Y así les hablé yo a los inventores
de la ciudad plantada junto al río
y a sus ensimismados arquitectos
o a sus frutales hombres de negocio.
“La Patria es un dolor en elumbral,
un pimpollo terrible y un miedo que nos busca:
no dormirán los ojos que la miresn,
no dormirán ya ell sueño de los bueyes”.
(Los apisonadores de adoquines
masticaban su pan y su cebolla.)

---- X ----

Y así les hablé yo a los albañiles:
“La Patria es un peligro que florece:
niña y tentada por su hermoso viento,
necesario es vestirla con metales de guerra
y calzarla de acero para el baile
del laurel y la muerte”.
(Los albañiles, desde sus andamios
hacían descender caautelosas plomadas.)

---- XI ----

Y dije todavía en la Ciudad,
bajo el caliente sol de los herreros:
“No sólo hay que forjar el riñón de la Patria,
sus costillas de barro, su frente de hormigón:
es urgente poblar su costado de Arriba,
soplarle en la nariz el ciclón de los dioses
la Patria debe ser una provincia
de la tierra y el cielo”.

---- XII ----

Me clavaron sus ojos en ausencia
los amontonadores de ladrillos.
Los abismados hombres de negocio
Medían en pulgadas la madera del norte.
Nadie oyó mis palabras, y era justo:
Yo venía del Sur en caballos y églogas.

---- XIII ----

Y descubrí en mi alma: “Todavía no es tiempo:
No es el año ni el siglo ni la edad.
La niñez de la Patria jugará todavía
mas allá de tu muerte y la de todos
los herreros que truenan junto al río.”

---- XIV ----

La Patria no ha de ser para nosotros
una madre de pechos reventones;
ni tampoco una hermana paralela en el tiempo
de la flor y la fruta;
ni siquiera una novia que nos pide la sangre
de un clavel o una herida.

---- XV ----

Yo la vi talonear los caballos australes,
niña y pintando el orbe de sus juegos.
La Patria no ha de ser para nosotros
nada más que una hija y un miedo inevitable,
y un dolor que se lleva en el costado
sin palabra ni grito.

---- XVI ----

Por eso, nunca más
hablaré de la Patria.



Leopoldo Marechal



Que la Patria sea hoy, más que nunca, el lugar donde los pueblos tejen sus sueños felices para verlos florecer en los campos abiertos, donde el sol ilumina la utopía de la hora.

Felicidades a todos los que sienten que el 17 de octubre debe ser traído al presente para rescatar y resignificar su mejor legado. Que indagar el pasado sea el ejercicio crítico y noble de salvar las luces de los ideales perdidos, aquellos que las generaciones extraviaron en los laberintos de la represión y el silencio.

viernes, 16 de octubre de 2009

Mi pequeño homenaje a la Negra

Todavía estoy asimilando el hecho de que ya no está. Y también, tratando de buscar un sentido a esa resignificación o descubrimiento que hacemos de ciertos artistas cuando ya no están. Sobre todo con aquellos que han dejado una impronta de trabajo coherente y esforzado, de compromiso y solidaridad. La lucidez de ciertos artistas nos marcan el camino de la hora, arrojan luz sobre los imponderables del tiempo, la contingencia de la vida y las huellas de la historia.
Por eso, a pesar de haberla visto en tantos festivales populares, en las noches doradas del Cosquín; es hoy que la tomo entre mis manos y acerco su canto hacia mi corazón intentando impregnarlo de la militancia comprometida que a través de la música desarrolló la querida Negra.
Por eso mi homenaje hoy en este blog, atreviéndome a confesar que desde que no está me acompañan sus canciones diariamente porque, de manera increíble, se convirtieron en la banda de sonido necesaria para las luchas que estamos atravesando.

Y dejo una canción ejemplar, junto con unas palabras suyas que recogí de un blog y me parecieron magníficas.

"Si la gente no entra a defender los objetivos de la Carta de la Tierra, ésta no sirve. Nosotros, la sociedad civil, tenemos que vigilar permanentemente que se cumplan estos compromisos. No tiene que venir la ONU a defender el medio ambiente, nosotros debemos hacerlo. No se trata de una canción, sino de la vida, es la vida o la muerte. Pero no sé qué pasa, parece que la humanidad tiene como un olvido de las cosas. Ocurren los hechos, se levantan voces de protesta y después se callan. Por ejemplo en un aniversario del estallido de la bomba de Hiroshima y Nagasaki sólo asistieron 20 personas. Tenemos que luchar contra el olvido. Es necesario organizarnos para que se mantenga vigente la Carta de la Tierra. Yo tengo que salir a cantar, ése es mi trabajo, pero seguiré hablando de estas cosas".

Mercedes Sosa


lunes, 12 de octubre de 2009

Crónica interior de una jornada inolvidable


El viernes 9 de octubre se inscribió en mi memoria y en las estructuras del sentir como un momento inolvidable.
Ese día, esperado con ansias durante meses, confluyó en una plaza repleta de almas vibrantes; las mismas que saben llenar de mística el aire con sus cantos, sus colores y andares. Porque de eso se trató, de revivir o de inaugurar en cada uno de nosotros una pasión olvidada.
A fuerza de desconocimiento, de desconfiaza, de desinterés. O a fuerza de destierro, de terror y de prohibiciones. Las consignas de justicia social se habían desvanecido en los cuerpos maltratados del pueblo, que recibieron la noticia del "fin de la historia, los ideales y la utopía".
Ese sentido común neoliberal fue socavando la participación ciudadana, con la edulcorada promesa jamás cumplida de la felicidad a través de un mercado eficiente. El mismo sentido común que nos indujo a temerle a multicolores banderas, a consignas libertarias o a principios de otros grupos, haciéndonos confluír en la unidad de la celeste y blanca para camuflar sus intereses particulares en esos colores del cielo del que nos sentimos parte. La "Patria" era capitalista en su fase neoliberal y no había giro de la historia que pudiera destruír este científico silogismo.
Así pasaron de moda los cantos de la política, con la política misma presa de las garras de poderes emergentes y concentrados que sustituyeron el poder transformador a favor de las mayorías para convertir a la política en un producto de mercado que se contruye y vende desde los escenarios de los medios de comunicación.
Las nuevas generaciones, en su mayoría, fueron paridas desde la apoliticidad y el desencanto. Los vaivenes de nuestro país, desprotegido de una conciencia ciudadana firme y participativa, parieron a su vez a marginados, sujetos sujetados y niños sin futuro. El espacio público era de puro tránsito; la escuela y la universidad, un camino de pasaje; la televisión, la "ventana al mundo reflejando nuestra decadencia". La política ya no se hacía en las calles, las escuelas no nos enseñaron a formar nuestras propias opiniones. Y el desánimo era mayor que la utopía y la queja era más feroz que la iniciativa decidida a cambiar las cosas.
El desprestigio por la historia nos llevó a aceptar el injusto estado de cosas. El nombre de estas cosas decreta su existencia y muchas de ellas permanecieron incuestionables por el sólo hecho de creerlo así.
Pero como en toda época, algunos sucesos vienen a trastocar la pretendida realidad fija de lo existente. Es en esos procesos donde el despertar de ciertas conciencias se hace posible a la luz de las verdaderas contradicciones de los procesos sociales.
Porque... ¿qué es la política y la democracia sino esa lucha de intereses y contradicciones?.
Pero procuraron hacernos creer en el concenso, nos negaron la verdad, nos secuestraron la palabra. Para muchos era legítimo pensar que bastaba con las voces de siempre para entender qué pasa en el mundo y cuál es su dinámica. Esa verdad subyacente a toda construcción arbitraria de realidades impuestas desde los sectores de poder, los que se volvieron dueños de la palabra y censuradores de realidades preexistentes o simultáneas.
La política fue víctima de esta cárcel mediática, vocera del establishment, usina del pensamiento neoliberal sustentado por dogmáticos economistas y por comunicadores que naturalizaban el caos y cuya mayor expresión de humanidad era tan sólo la indignación.
Y creo no tener que aclarar que cuando hablo de esto me refiero a todos aquellos medios que se han convertido en la voz hegemónica de las comunicaciones. Porque tenemos la mala costumbre de crear actores como "campo", "medios", "oposición" sin precisar sus límites e incurriendo en indefiniciones.
La política entonces fue entonces la hija bastarda de los ideales justos que quedaron a medio camino. No se podía dar ni un peso por ella, porque se creía que era tan oscura que ese peso jamás iba a volver. Nos quisieron apolíticos, ahistóricos, acríticos. Nos prefirieron indignados. Porque la indignación es un perro que sólo ladra y busca culpables en todo, menos en donde la culpa tiene razón de ser. Un ciudadano indignado es la bella música altisonante, pero inofensiva, que le gusta escuchar al poder. Porque sin conciencia política, sensibilidad social y conocimiento de la historia para accionar sobre el presente, ningún ciudadano es "peligroso".
Pero la historia se mueve más allá de nosotros. Viene a derrumbar castillos de naipes con la voracidad de un tsunami gestándose en las sombras. El 2003 fue el padre de la gesta, y sus resultados en mi vida se vieron recién en el 2007.
Muchos jóvenes se han sentido tocados e interpelados por diferentes procesos políticos a través de la historia.
El kirchnerismo, con todos sus giros, virtudes, errores y contradicciones, vino a dar luz a una conciencia y a una pasión colectiva en mi vida. Por un lado, permitió que me defina y que vaya construyendo una identidad que todavía está en curso. Puso de relieve actores desconocidos y sucesos ignorados: piezas fundamentales para intentar saber dónde estaba parada. Sus propias torpezas, paradójicamente, sirvieron para descubrir a otros canallas que aparecieron en la escena pública y ayudaron a develar sus oscuros intereses. Fue este el proceso que me permitió romper con el cerco del tabú político y definirme como peronista, adscribiendo explícitamente a los principios de justicia social, soberanía política e independencia económica que planteó ese movimiento desde el 45 (y poder discernir que un hombre que dice ser peronista puede muy bien no serlo). Pero también, me llevó a inscribirme moral, espiritual y cognoscitivamente a otros movimientos políticos y sociales que bregaron y bregan por la justicia social. En fin, el proceso iniciado desde 2003, me abrió la puerta a un universo desconocido y necesario.
Con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual desplegué, por primera vez, mi artillería militante. Me involucré hasta los huesos con una construcción de trabajo colectivo sin precedentes. El valor simbólico y efectivo de esta ley me llevó, como a tantos otros, a luchar con las falacias pregonadas por pantallas y desde las voces callejeras que reproducían el clishé (zona muerta de pensamiento, como dijo Sandra Russo) de la exaltación apocalíptica.
Después de semanas empapadas de la alegría por el trabajo colectivo con un grupo de jóvenes y adultos extraordinarios, de mesas en plazas para informar sobre la ley, de debates larguísimos con gente desinformada y gente reaccionaria, del festejo por la media sanción en diputados, llega este 9 de octubre que se fijó como un verdadero momento bisagra en nuestras vidas.
La plaza del Congreso quedaba chica para el júbilo circundante. El escenario montado por la Coalisión para una Radiodifusión Democrática se convirtió en el lugar desde donde los verdaderos luchadores contraargumentaban la mentira sin argumentos de algunos senadores dentro del recinto.
No faltó el baile, el canto, el coro, el bombo, las manos doloridas de aplausos, el grito liberado, el llanto no contenido, el recuerdo de los que no están. No faltó el rememorar de los más grandes, de sus épocas de silencio impuesto por medio de la represión. No faltó la predominancia de una juventud que acaba de despertar. No faltó que se piante en mi viejo un lagrimón, ni la sorpresa del encuentro con caras inesperadas, ni la mística de los ojos de los integrantes de los pueblos originarios. No faltó nada, aunque sobró el ninguneo con planos cortos de muchos medios de información.
Amanecimos en el café de Plaza del Carmen: las agrupaciones, los ciudadanos independientes, las organizaciones sociales, los actores, los periodistas, los intelectuales. Vimos el sol con un canto en la garganta, abrazamos la coronación de una lucha que aún queda por andar, pero que nos ha permitido volver a creer.
La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es más que una ley ganada: es un legado a proteger, es el símbolo de la lucha efectivizada a fuerza de convicciones y pelea sin amedrentamiento. Es reivindicación de la diversidad cultural de los pueblos y firme posición contra el avasallamiento de las realidades impuestas.

lunes, 5 de octubre de 2009

Carta Abierta de los Jóvenes a los Senadores

En la era de lo efímero y de un tiempo en el que se corre incesantemente detrás de algo que siempre se escapa; nosotros, como jóvenes argentinos, pensamos también en nuestro futuro.
La democracia para nosotros, senadores, no puede ser una cáscara vacía al amparo de los poderosos. Democracia significa participación múltiple, transformación. La posibilidad de que se exprese la complejidad de una sociedad en toda su extensión. De eso se trata y no de guerras personales. ¡Vaya si no busca esta falacia sepultar cruelmente un debate fundamental para nuestra sociedad! Esta nueva ley de medios es para la participación de todos.
Y porque siendo jóvenes pensamos también en la Argentina del mañana, les pedimos a ustedes, senadores, en el honorable rol que tienen de representar los intereses de la nación, que no claudiquen, que compartan nuestro idealismo, que se la jueguen aunque las corporaciones sean fuertes. Porque no queremos mañana seguir soportando este mundo injusto, donde lo poco que se comunica es en favor de unos pocos para que sigan teniendo mucho y para que los muchos se queden con poco.

Este horizonte, sencillamente, no nos resulta soportable. No queremos, ni podemos permitir, que sea este nuestro futuro. No claudiquen, senadores, ante unas corporaciones mediáticas que sin duda sabrán engalanar con luces y artificios a quienes sepan representar fielmente sus intereses en este momento decisivo. Pero ¿cómo mirarse después en el espejo? ¿qué reflejo obtendrían? ¿qué oscura justificación les permitiría desestimar esta histórica oportunidad para la Patria y seguir preservando la ley de la noche dictatorial?.
Como jóvenes, comprendemos lo que esta en juego. Se trata nada menos de la posibilidad de que distintas voces y formas de comprender el mundo entren en escena o de que la penumbra siga envolviendo a la mayoría de quienes buscan expresarse. Y, principalmente, que una minoría siga concentrando el monopolio de la comunicación en pos de sus intereses, envolviéndonos en la telaraña engañosa de su representación de la nación toda.
Senadores, somos jóvenes, tenemos sueños, ideas, esperanzas y voluntad por empezar a cambiar esta historia que hasta ahora parecía destinada a recorrer siempre un curso unilineal y sombrío. Cuenten con nosotros si se proponen acompañar la voluntad transformadora en esta hora histórica de nuestra patria. No nos decepcionen, como ya tantas veces lo han hecho los políticos de medio pelo, capaces de venderse al mejor postor y dar la espalda a su propio pueblo que los ha elegido. Si votan a favor de la democratización y la ampliación de las voces en nuestra patria, allí estará nuestro aliento y nuestra admiración. Sino, sepan contentarse con el futuro panteón de quienes dejan pasar una oportunidad transformadora por fidelidad al servilismo corporativo. Consuélense entonces con obtener de nosotros la decepción, el recuerdo de sus rostros clausurando nuestras esperanzas, el olvido que merecen los que no han sabido estar a la altura de esta hora decisiva, y que el único rédito que obtienen -si obtienen alguno- es quedar relegados en el sótano de la historia, de donde serán rescatados únicamente por los más vacíos y esquemáticos libros de texto.


El tiempo es hoy : llegó la hora de cambiar la Ley de Radiodifusión.

Es necesario, Senadores, que sepan escuchar el clamor de todos aquellos que han luchado y esperado tanto por este momento. Por eso, les pedimos que apoyen la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.



Juventud Carta Abierta.